SIN MALDAD El Siglo de Europa
 
   

                                     Nº 1192. 17 de marzo de 2017

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Sin Maldad / José García Abad

 

Tras las holandesas, Europa sigue


La victoria del dirigente del Partido Popular por la Libertad y la Democracia, de ideología liberal, Mark Rutte es un alivio. Hay que esperar a las elecciones francesas del próximo 23 de abril para ver si este alivio se transforma en la sólida convicción de que Europa sigue adelante

Las elecciones celebradas el pasado miércoles en los Países Bajos han sido sentidas como unas elecciones europeas, con más pasión que las europeas propiamente dichas. Es un sentimiento creo que compartido en todo el territorio de la Unión. En España tiene una significación especial que unas elecciones de alto significado sobre el presente y el futuro europeo sean apreciadas como una cuestión nacional de primer orden, más importante que la correspondencia mantenida entre Francisco Granados, presidiario, y Esperanza Aguirre, de quien aquél confiesa aprendió todo lo que sabe. Y más importante que la transmisión de la misa en Televisión Española.

Los comicios holandeses han coincidido en el tiempo con el revolcón del Gobierno al rechazar el Parlamento la convalidación del decreto de los estibadores de acuerdo con el mandato de la Comisión Europea.
Los comicios holandeses han puesto de manifiesto que los ciudadanos holandeses y esperemos que mañana los franceses y pasado mañana los alemanes, mantienen en sus mochilas altas dosis de sentido común, que el eurofobismo tiene su importancia pero ni muchísimo menos la de generar un retroceso en los valores democráticos ni el aborto de la andadura hacia una mayor integración, aunque quizás de otra forma: a otro ritmo y ya veremos si a distintas  velocidades.

La eurofobia es en cierta manera una muestra de impaciencia y de rabieta de unos ciudadanos quisquillosos  atemorizados por las amenazas que se están produciendo a la forma de vida europea. Es un reflejo defensivo ante los asaltos al oasis social que, en el fondo, y visto desde una amplia perspectiva histórica, muestra que la Unión representa un éxito espectacular, que es un empeño tan ambicioso y complejo que no puede avanzar sin dificultades, sin pequeños pasos adelante y otros tantos hacia atrás.

La otra conclusión importante de los comicios holandeses, no alejada de la anterior, a la vista del terrible batacazo del Partido Laborista, es que los ciudadanos votan conservador en el sentido más estricto del término, que surge del impulso  de conservar lo conseguido, dejando para otro día mayores reivindicaciones sociales y la demanda de frenar el crecimiento de las desigualdades
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Me parece escuchar la plegaria ciudadana: “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, que deja para mejor ocasión aquello de “Levantar el corazón a Dios para pedirle mercedes”, entendiendo como Mercedes el automóvil alemán de la estrellita.

En tono menor se puede concluir también lo engañoso que resulta la prima de la que actualmente se benefician los sensacionalistas, alarmistas, tremendistas y jeremías de toda laya que nos anuncian cada día la inevitable catástrofe que justificaría la resurrección de algún tipo de fascismo.   Resulta periodísticamente más atractivo recoger y dejarnos sobrecoger por las machadas de los Wilders o Le Pen que asumir las razones de gente más aburrida pero más sensata.

Holanda, patria de Erasmo de Rotterdam, es un país relativamente pequeño, de 40.000 kilómetros cuadrados de extensión, como la de Extremadura, y una población próxima a los 17 millones de habitantes. Representa el núcleo duro de Europa, la quintaesencia de los valores de tolerancia. La victoria del dirigente del Partido Popular por la Libertad y la Democracia, de ideología liberal, Mark Rutte es un alivio. Hay que esperar a las elecciones francesas del próximo 23 de abril para ver si este alivio se transforme en la sólida convicción de que Europa sigue adelante.

Resulta notable, ciertamente, que Marine Le Pen reciba el voto de gente “naturalmente” de izquierdas, de una parte importante de la clase obrera, al tiempo que la izquierda persistente se debate entre el ser y la nada. No les consuela que el certificado de defunción de la socialdemocracia acredite que murió de éxito. Una muerte digna al incorporar sus postulados reivindicativos de antaño a los códigos de cada país, en definitiva a las adquisiciones de la civilización. La izquierda descansa ahora en paz cansada de su histórica responsabilidad.

 

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

 


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