POLITICA CONFERENCIA EPISCOPAL El Siglo
 
   

                                     Nº 1192. 17 de marzo de 2017

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Blázquez y Cañizares ya formaron tándem en el Episcopado hace doce años / FERNANDO MORENO

Cierran el paso a los más cercanos al Papa

Los obispos frenan los cambios de Francisco

Ricardo Blázquez repite como presidente de la Conferencia Episcopal y Antonio Cañizares lo acompaña desde la Vicepresidencia. Los sectores más aperturistas confiaban en Carlos Osoro y Juan José Omella para acompasar la Iglesia española a los tiempos marcados por el Papa Francisco. Pero los rouquistas han conseguido evitarlo. Y serán los conservadores los que negocien con el Gobierno la nueva Ley de Educación.

Virginia Miranda

En vísperas de la 109 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal (CEE), ciertos sectores de la Iglesia bien informados apuntaban la posibilidad de que el cardenal-arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, o incluso el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, pudieran acabar de completar la transformación de la Iglesia española para acompasarla a los tiempos vaticanos que, desde la llegada del Papa Francisco a la Santa Sede, han dado protagonismo a una misión pastoral comprometida con los pobres frente a la doctrina ultraconservadora de épocas pretéritas.
Sin embargo, la votación ha dado al traste con estas previsiones. El arzobispo de Valladolid, cardenal Ricardo Blázquez, era reelegido este martes, 14 de marzo, presidente de la Conferencia Episcopal para un segundo trienio consecutivo con 52 votos, frente a los 20 obtenidos por el cardenal-arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, y los 4 del cardenal-arzobispo de Madrid, Carlos Osoro.
Ni siquiera en la elección del vicepresidente, los sectores aperturistas han encontrado representación. Más bien al contrario, ha habido un retroceso; Osoro, hasta ahora vicepresidente, ha obtenido el respaldo de 28 obispos, frente a los 45 que han apoyado a Cañizares. Mientras Omella, el arzobispo de Barcelona y el que más y mejor responde al plan que tiene Bergoglio para acompasar la labor de la Iglesia al Evangelio, tan sólo ha sido respaldado por tres prelados de los 80 electores.
La plenaria también renovaba a los miembros del Comité Ejecutivo, los catorce presidentes de las Comisiones Episcopales, los tres presidentes de las Subcomisiones Episcopales; el presidente de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos; y los tres miembros del Consejo de Economía.
Los más permeables a los vientos de cambio son mayoría en el Comité Ejecutivo –donde permanece Carlos Osoro– con algunas destacadas presencias ultraconservadoras; han entrado Omella y el arzobispo de Zaragoza, Vicente Jiménez Zamora, y se ha incorporado el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, representante del sector más involucionista de la jerarquía católica.
En la Permanente, las comisiones más sociales recaen en los moderados mientras que las áreas clave están en manos conservadoras. Es el caso de la de Enseñanza y Catequesis, donde repite el obispo de Segovia, César Franco. El asunto es de especial importancia si se tiene en cuenta que la Conferencia Episcopal está siguiendo con especial atención e interés el pacto educativo al que se han comprometido el Gobierno y los partidos políticos; los obispos quieren que la clase de Religión sea evaluable y computable apelando, como acostumbra, a los acuerdos firmados por España y El Vaticano en 1979, y defiende el modelo de colegios concertados. Incluso pretende que la asignatura sea obligatoria en Bachillerato –informaba Europa Press a finales del pasado año–.
Mientras, PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos se oponen a que Religión sea de oferta obligatoria y computable en el expediente como introdujo el PP en la Lomce y el Gobierno popular necesita de los votos de la oposición para alcanzar el pacto al que se comprometió desde el debate de investidura del presidente Rajoy, lo que obligará a la Iglesia a emplearse a fondo para preservar sus privilegios con los negociadores más duros del Episcopado.
Porque a la labor de Sanz podría incorporarse Cañizares. El vicepresidente de la Conferencia Episcopal tiene el poder que quiera cederle el presidente porque, según los Estatutos, no cuenta con potestades reconocidas. Con el tándem que ahora se forma, el que ya rigió los destinos del Episcopado en el trienio 2005-2008, podría repetirse el guión; Blázquez dejó que fuera su número dos quien negociara con el Gobierno de Zapatero la financiación de la Iglesia y las clases de Religión. Fue una negociación larga y difícil, pero a la Iglesia no le fue nada mal.
Sin saber cuál será ahora la postura, es previsible que Cañizares, experto en temas de educación y en negociaciones con el Gobierno, sea quien tome las riendas al respecto. “En la Iglesia, para una postura dura vale más Cañizares”, señala José Manuel Vidal, director de Religión Digital y el mayor experto en información religiosa del país.

Los fieles a Rouco (izqda.) han evitado el ascenso de Osoro (dcha.)./ FERNANDO MORENO

Según su lectura de la votación en la Asamblea Plenaria, los obispos han mostrado “miedo al cambio, a romper con la anterior etapa y a alinearse abiertamente con los aires llegados de Roma”. Eso “no significa que no estén del lado de Francisco. Pero no lo están a fondo. El reloj de la Iglesia española no está en la hora de Francisco. Ha perdido una ocasión extraordinaria de lanzar ese mensaje a la sociedad”. Es difícil vender esta idea a católicos y no católicos cuando la cúpula de la Conferencia Episcopal vuelve a ser la de hace doce años. “El Papa va adelante, aquí van marcha atrás”, señala Vidal.
Por otra parte advierte de la falta de personalidades eclesiásticas y recuerda que aún no se ha producido el relevo de obispos elegidos por Ángel Suquía y Antonio María Rouco Varela. Quienes podrían hacer una Iglesia más acorde con Francisco como Osoro y Omella, dice, “han sido relegados por sus propios compañeros”.
Porque “Rouco sigue vivo después de Rouco”, asegura el director de Religión Digital, quien cuenta que sigue habiendo una veintena de rouquistas que votan en bloque con una estrategia bien orquestada, buscando alianzas y señalando a candidatos asumibles por los moderados que, sin embargo, “no tienen estrategia” y “en el juego de poder, tienen las de perder”.
Esos candidatos de consenso han sido Blázquez y Cañizares, que ya no son los que eran hace más de una década pero que no han cambiado tanto como para abanderar la renovación en el seno de la Iglesia. Con Francisco, el arzobispo de Valladolid ha conseguido el cardenalato y se mueve en su órbita, pero no se distingue por ser su hombre en España. Moderado, aceptado por todas las tendencias representadas en la CEE y conciliador –ha dicho que tomará decisiones de forma colegiada, y por tanto, dando voz a las principales diócesis–, se ha sabido amoldar a los nuevos tiempos sin herir sensibilidades a izquierda y derecha, convirtiéndose en el presidente perfecto para los conservadores.
Antonio Cañizares no es el mismo que antes de marcharse a Roma en 2009. Él también se ha situado en la línea social de Bergoglio, quien le concedió volver de nuevo a España. Pero la defensa de los valores en que la Iglesia sustentó su mensaje durante décadas, como la defensa de la familia tradicional y el ataque a todo lo que queda fuera de ella, siguen presentes en un discurso que gusta a los fieles a Rouco, a quienes la estrategia para cerrar el paso a los aperturistas les ha salido redonda.

Cañizares, el superviviente

Antonio Cañizares ha sido un prelado capaz de adaptarse a las circunstancias, duro desde sus posiciones conservadoras pero capaz de negociar cuando las necesidades lo han requerido y de amoldarse a los cambios que han ido aconteciendo con el paso de los años y de los jefes de la Iglesia. En España y en el Vaticano.
Quien ha llegado a convocar vigilias por la unidad de España y acusara a José Luis Rodríguez Zapatero de llevar al país al “desastre”, fue el mismo que, en el trienio 2005-2008 en que ocupó por primera vez el cargo de vicepresidente de la Conferencia Episcopal, se sentó con la número dos del Ejecutivo Socialista, María Teresa Fernández de la Vega, para reformar el sistema de financiación de las instituciones católicas suprimiendo la aportación directa del Estado a cambio de aumentar el porcentaje en la casilla de la Iglesia de la declaración del IRPF desde el 0,52% hasta el 0,7 por ciento. Y lo hizo después de que, por primera vez, el propio Cañizares y otros obispos salieran a la calle para manifestarse contra las leyes sociales más progresistas de Zapatero, según decían entonces desde círculos católicos, para sacar las condiciones más ventajosas posibles en el porcentaje que los católicos podrían aportar a través de su declaración de la renta.
Después de aquello y habiendo sido nombrado cardenal por Benedicto XVI en 2006 –Fernández De la Vega dio una cena en su honor–, más de dos años después se marchó a Roma como Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de donde regresó en 2014 para ser de nuevo nombrado arzobispo de Valencia. Los cambios en Roma parecieron haber calado en Cañizares, pero sus modos, filias y fobias asoman en cuanto encuentra una causa por la que batallar; la última, la que los obispos más conservadores como él llaman “ideología de género” a cuenta de las leyes de protección del colectivo LGTBI, “un mal” que “trae la guerra” y “destruye a la familia”.

 


Colegios concertados, el quid de la cuestión


La Iglesia católica se sostiene sobre dos pilares fundamentales: la financiación y la educación. Esta última se somete a su enésimo envite, quién sabe si el definitivo, y los obispos están alerta para no perder los privilegios por los que tanto han tenido que batallar con los sucesivos gobiernos y sus consiguientes reformas legislativas.
En juego está la asignatura de religión, sobre la que la Subcomisión para un Pacto de Estado Social y Político por la Educación deberá decir cuestiones como si puntúa para el acceso a becas o si cuenta para nota y, por tanto, para pasar de curso.
Otro asunto será el de los colegios concertados, que desde la CEE defienden como la mejor de las fórmulas para ahorrar dinero al Estado; la Iglesia asegura en su última memoria de actividades que los 2.449 colegios concertados católicos ahorran a las Administraciones públicas 2.692 millones de euros. Este supuesto ahorro se basaría en el modelo de gestión, en las aportaciones de los padres y, no lo niega, en que los profesores de un colegio concertado cobran menos que los de uno público.
Otra lectura de una misma realidad señala que el Estado aporta de media más de la mitad de los ingresos que recibe la educación concertada. Visto así, no es la bicoca que el Episcopado defiende y desde sindicatos y partidos políticos sostienen que es necesario apostar por la enseñanza pública, que ha ido en claro retroceso durante los últimos años de la crisis mientras que la concertada ha avanzado.

Los resultados en COPE han acabado por convencer a Barriocanal de extender su modelo a la televisión de los obispos / EUROPA PRESS

13TV, tras los pasos de la COPE

La celebración de la 109 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal no parece que vaya a alterar los planes ya en marcha para renovar los medios de comunicación de la Iglesia. En 2009, Antonio María Rouco Varela y Antonio Cañizares se enfrentaron a cuenta de Federico Jiménez Losantos porque el primero quería mantenerle al frente de La Mañana de la COPE a pesar de sus encendidas intervenciones contrarias a la doctrina de la Iglesia y el segundo, desde el Vaticano, quería librarse de él. El vicepresidente del Episcopado es hombre pragmático que sabe del daño que la politización ha hecho a la radio y la televisión de los obispos y se le sitúa, por tanto, en línea con la estrategia ya emprendida durante el anterior trienio de Ricardo Blázquez.
La COPE, después de que su presidente, Fernando Giménez Barriocanal, renovara nombres y contenidos, obtuvo el pasado año por primera vez beneficios. Conservadores pero profesionales son Carlos Herrera en la franja horaria de las mañanas, Ángel Expósito en la de la tarde y Juan Pablo Colmenajero en la de la noche, cuyas audiencias e ingresos han acabado por convencer a la Iglesia de que 13TV ha de hacer el mismo tránsito hacia una programación más familiar y despolitizada, alejada del modelo de tertulia bronca y derechizada que ha dado fama a la cadena.
La televisión, con graves problemas económicos y serias dificultades para acceder a la publicidad, emprendió los primeros cambios el pasado verano con la salida de Isabel Durán del programa matinal y desde entonces ha ido introduciendo contenidos de índole social más acordes con el mensaje del Papa Francisco. El cascabel, espacio emblema de la cadena dirigido por Antonio Jiménez, ha resistido hasta ahora la renovación. Pero no está claro que vaya a hacerlo por muchas más temporadas. Porque, como dicen fuentes de la cadena, económica y doctrinalmente su modelo no es rentable.



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