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Nº 858 - 30 de noviembre de 2009

FAES concede al monarca un premio envenenado

Aznar compromete al Rey

El Rey recibirá el 2 de diciembre el Premio FAES de la Libertad de manos de José María Aznar. Será en el Teatro del Canal de Madrid, en el acto central del 20 aniversario de la fundación del PP. Don Juan Carlos acumula un gran número de títulos y distinciones, concedidas por organismos públicos y privados nacionales e internacionales. Sin embargo, éste es el primero tan estrechamente vinculado a una formación política española presidida además por quien fuera jefe de Gobierno durante ocho años. En aquel periodo, el monarca y el entonces presidente mantuvieron no pocas desavenencias que quedaron patentes en sonados episodios. Por eso y por el efecto del galardón sobre la imagen de Su Majestad, que siempre ha mantenido una escrupulosa neutralidad entre los diferentes partidos del arco parlamentario, ha sorprendido que Zarzuela se avenga ahora a aceptar un premio del que sólo Aznar podrá sacar provecho.

Por Virginia Miranda

Ni en el Palacio de La Moncloa ni la sede socialista de Ferraz han recibido invitación para asistir a la concesión del Premio FAES de la Libertad el 2 de diciembre. Mariano Rajoy sí. De hecho, la asistencia del presidente del PP al acto, que se celebrará en el Teatro del Canal –gestionado por la Comunidad de Madrid–, está confirmada, y según fuentes del partido, acudirá una buena representación del mismo.

El asunto no tendría nada de especial si no fuera porque el galardonado es el jefe de un Estado donde cohabitan distintas ideologías. De hecho, el premio es ya de por sí polémico porque, si bien es cierto que don Juan Carlos atesora un sinfín de distinciones y títulos honoríficos [ver recuadro Los otros premios], ninguno de ellos guarda tan estrecha relación con una formación del arco parlamentario. En círculos políticos sorprende que la Casa Real haya hecho una excepción a su tradicional neutralidad aceptando la oferta de José María Aznar, presidente de la fundación que actúa como think thank de los populares, dando mayor empaque a su laboratorio de ideas y, en consecuencia, a su máximo responsable. Cuando hasta ahora no ha tenido un vínculo semejante con otros partidos y cuando su relación con quien fuera jefe del Ejecutivo durante ocho años fue la más tensa de cuantas ha establecido con un presidente de Gobierno.

La entrega del Premio FAES de la Libertad, el primero que otorga la fundación, constituye el acto central de su 20 aniversario. Según el comunicado de esta institución, su concesión al monarca fue acordada el pasado mes de junio en la reunión que celebró su patronato –donde la número dos del PP, María Dolores de Cospedal, ejerce de vicepresidenta, y Jaime García-Legaz de secretario general– y que presidió José María Aznar. Don Juan Carlos aceptó el ofrecimiento “realizado personalmente” por el ex jefe del Ejecutivo “para recibir este galardón por su trayectoria en la promoción y defensa de la democracia y de la libertad”. Con la entrega del premio, “FAES, comprometida desde su nacimiento con la Constitución como marco de convivencia entre los españoles, desea reflejar la percepción que la sociedad española concede a la Corona y a Su Majestad el Rey como la persona que encarna, por su papel protagonista e impulsor de la Transición y como figura crucial en nuestra arquitectura política”, reza el comunicado, para añadir que “es la primera vez en la democracia española que una fundación con los objetivos y propósitos de FAES instituye un premio a la libertad. Esta fundación lidera así una iniciativa presente en las democracias más históricas del mundo”. Por último, anuncia que FAES aprovechará el acto de entrega del galardón para presentar el libro conmemorativo de su 20 aniversario.

El Rey, que acudirá a recoger el premio de manos de Aznar y pronunciará unas palabras de agradecimiento, dará así un importante espaldarazo y dimensión a las celebraciones del proyecto más mimado por el ex presidente, el que le permite mantener una intensa agenda política al margen de su propio partido dentro y fuera del país. Quienes le conocen recuerdan que el ex líder de la derecha española hizo una jugada semejante cuando invitó a don Juan Carlos y doña Sofía a la boda de su hija, Ana Aznar, con Alejandro Agag. Fueron los monarcas quienes, con su presencia, confirieron la categoría de Estado a una ceremonia que, a pesar de que en esos momentos el padre de la novia ocupaba el Palacio de La Moncloa, no dejaba de ser un acto privado.

Como ocurriera en aquellos fastos, en la entrega del galardón no habrá presencia destacada de socialistas. Ni José Luis Rodríguez Zapatero ni María Teresa Fernández de la Vega tienen constancia de ninguna invitación. Tampoco la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín. Preguntada por este trámite, en Casa Real recuerdan que cuando los eventos a los que asiste Su Majestad los organizada una entidad o institución, son éstas las que se encargan de la lista de invitados.

Aznar ha logrado así apropiarse por segunda vez de la figura del monarca que, para sorpresa de los círculos políticos, ha aceptado participar de un acontecimiento con clara dimensión política, y aventuran que pueda tener alguna consecuencia sobre el jefe de la Casa Real, Alberto Aza.

Lo más llamativo del caso es que entre don Juan Carlos y Aznar nunca hubo química. A pesar de los intentos por contrarrestar el alcance informativo de las tensiones Moncloa-Zarzuela durante los ocho años de Gobierno del actual presidente de FAES, el pulso mantenido entonces por sus dos inquilinos elevó sus desencuentros al rango de célebres anécdotas. En el caso del papel de Su Majestad en la diplomacia internacional, reconocido expresamente por la Constitución, los desplantes del entonces jefe del Ejecutivo fueron sonados. En 1998, el monarca deseaba ir a La Habana para conmemorar el centenario de la independencia cubana. Sin embargo, Aznar lo impidió zanjando el asunto en declaraciones a la cadena COPE diciendo que “el Rey irá a Cuba cuando toque”. En 2001, en una recepción ofrecida por los Reyes a los grandes duques de Luxemburgo en El Pardo, el entonces presidente, antes los periodistas congregados y después de mencionar su viaje previsto a Moscú, apuntó a don Juan Carlos con el dedo y pronunció aquella desafortunada frase de “y a éste lo mando a Polonia”. Y lo mandó porque, semanas después, los Reyes acudían a Polonia acompañados del entonces ministro de Exteriores, Josep Piqué.

Al ahora presidente honorífico del PP también se le acusó de ejercer el papel del monarca durante la visita a España de jefes de Estado extranjeros. Así se interpretó en octubre de 1999, cuando Jacques Chirac y su esposa vinieron a nuestro país de viaje oficial. A pesar de que su homólogo era don Juan Carlos, Aznar apenas les dejó un hueco en la agenda para que los Reyes pudieran mantener un encuentro privado con el matrimonio galo.

En junio de 2001, durante la primera visita oficial a España del ya ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush y su esposa, sólo se programó un encuentro oficial de Sus Majestades con el matrimonio americano en Zarzuela. Después de esta audiencia, la pareja marchó a la finca toledana Quintos de Mora para almorzar con los Aznar. Durante este mismo viaje, Ana Botella dispensó un trato semejante a don Sofía. La inquilina de La Moncloa hizo las veces de guía turística de Laura Bush en el Museo del Prado y la Biblioteca Nacional, demorando tanto la visita que hicieron esperar a la Reina a las puertas del restaurante madrileño Casa Lucio. La esposa del jefe del Estado tuvo que aguardar varios minutos al resto de comensales al almuerzo, cuando el protocolo desaconseja que la Familia Real se vea obligada a verse en situaciones de este tipo. Situaciones que, nuevamente, les hizo vivir la entonces familia presidencial cuando Ana Aznar y José María Aznar, la novia y el padrino, llegaron después que los Reyes a la Basílica del Monasterio de El Escorial donde se celebró la famosa boda.

No tuvo muchas ocasiones pero, cuando se le presentó la oportunidad, don Juan Carlos devolvía el golpe. Durante la Pascua Militar de 1999, el jefe del Estado contradecía públicamente las palabras del presidente y, momentos después de que éste descartase el diálogo con la ya extinta Euskal Herritarrok (EH), que entonces mediaba entre el Gobierno y ETA, Su Majestad apostaba por la continuidad de “los contactos”. Al finalizar el discurso, en los corrillos con periodistas, el jefe del Ejecutivo y el monarca defendían sus posturas contradictorias. Después, el día en que Aznar celebraba el ecuador de la legislatura de su mayoría absoluta, don Juan Carlos recibía en audiencia a la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE. Y una jornada más tarde, acudía al palco del Camp Nou para presenciar un partido de la Champions League entre el Barça y el Liverpool y consolaba al entonces presidente del equipo blaugrana, Joan Gaspart, por la floja actuación de su equipo, el tradicional rival del Real Madrid de los amores de Aznar.

Contaba José García Abad, director de El Siglo, en su libro La soledad del Rey (La Esfera de los Libros, 2004), que “según cierta información, que nunca había trascendido y que procede de una fuente segura, hubo un momento [...] en el que el Príncipe se plantó ante el Rey con toda razón, mostrando la correcta forma de atender sus obligaciones constitucionales. Personas muy sensatas en las que don Juan Carlos confía a pie juntillas le habían calentado la cabeza sobre la conveniencia de que el Príncipe se pusiera a trabajar [...]. Al Rey se le encendió la bombilla y dijo: ‘Ya está: que vaya a trabajar al Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales Estratégicos’. Con esta idea en la cabeza, el Rey llamó a capítulo a su hijo. Cuál no sería su sorpresa al toparse con una frontal negativa justificada por una argumentación impecable: «El Príncipe no debe trabajar en una fundación tan sesgada políticamente hacia el Partido Popular»”    –la presidencia del Instituto Elcano, dependiente de Exteriores, la decide el Gobierno, en manos entonces del PP–.

No son pocos los que piensan que el monarca podría haber recordado ahora las palabras de su Heredero antes de aceptar el premio envenenado de Aznar.

Una infanta divorciada

Hace dos años, cuando Zarzuela anunció el “cese temporal de la convivencia” de los duques de Lugo, saltaron las alarmas. El asunto iba sin duda a generar debate público y la noticia no beneficiaba precisamente a la imagen de la monarquía. Sin embargo, tras el revuelo inicial en los medios, el debate fue perdiendo fuerza y en la Familia Real pudieron respirar aliviados, porque la noticia tampoco les había perjudicado. Hace unos meses, en vísperas del segundo aniversario de aquel bombazo informativo que al final quedó en explosión controlada, a la prensa llegaron filtraciones de que el proceso de divorcio de la pareja estaba a punto de concluir. Fuentes cercanas a la pareja confirmaban que la noticia podría conocerse en cualquier momento. Y así ocurrió el pasado miércoles, cuando los abogados de la infanta Elena y Jaime de Marichalar mandaban un comunicado a la agencia Efe para informar de que el trámite había finalizado. Como era de esperar, el asunto no ha suscitado polémica, aunque ahora queda por ver si la primogénita de los Reyes decide pedir la anulación eclesiástica, asunto delicado debido a la tradicional relación de la monarquía y la Iglesia católica.

Los otros premios

“El Rey tiene muchos premios y de todo signo”, dice Zarzuela. Preguntada por la distinción que esta semana recibe de manos de José María Aznar, la Casa Real recuerda que son muchos los galardones que el monarca viene aceptando desde hace décadas. Sin embargo, los dos que podrían tener cierto perfil político no tienen el sesgo partidista del que ahora concede FAES.

El Nacional de Humanismo y Democracia por su defensa de los derechos humanos data de 1983, cuando la fundación del mismo nombre pertenecía al ámbito democristiano, y el Fernando Abril Martorell, que recibió en 1998 “por su decisiva contribución a la consolidación de la libertad y la democracia en España”, lo concede la fundación del mismo nombre, creada en memoria del ex vicepresidente del Gobierno de Adolfo Suárez y ex ministro de Economía con la UCD, un hombre de consenso y figura reconocida por la clase política por su papel en la Transición.

Un buen número de distinciones a don Juan Carlos proceden del ámbito internacional. En 1987 las Naciones Unidas le concedió la Medalla Nansen por su apoyo a los refugiados, y la UNESCO le distinguió con el Premio Félix Hufuet Boigny 1994 por su búsqueda de la paz, galardón que compartió con Jimmy Carter. De Europa son el Premio Carlomagno de la ciudad alemana de Aquisgrán, concedido en 1982; la Medalla del Consejo de Europa, de 1988; y el Premio Fundación Jean Monnet en Lausana, por su actividad a favor de la unificación europea, que recibió en 1996.

A nivel más doméstico, otros países han premiado la figura del monarca español. Ostenta la Gran Cruz de la Orden de Malta, con la dignidad de baílio o caballero. En 1989, la Reina Isabel II de Inglaterra le nombró caballero de la Orden de la Jarretera –Garter en inglés–, la más noble de Gran Bretaña, y en otra visita anterior al Reino Unido, en 1986, recibió el Collar de la Reina Victoria.

Como muestra de su prestigio internacional, en diciembre de 1988 ingresó en la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia. En 1983 le fue entregado en Caracas (Venezuela) el Premio Simón Bolívar, recibió el Premio Europeo 1986 de la Fundación Coudenhove-Kalergui tres años después y el Cóndor de los Andes, que le fue otorgado por el presidente de Bolivia, Víctor Paz Estensoro, en 1987.

La mayor distinción española, la de Gran Maestre de la Real Orden del Toisón de Oro, se la impuso al Rey su padre don Juan en 1941, y las altas instituciones del Estado le han concedido sus máximas condecoraciones. Don Juan Carlos está en posesión de las Medallas de Oro del Congreso, del Senado y del Consejo de Estado, así como de todas las Comunidades Autónomas. En 1989 le fue otorgada la Cruz de Oro de la Guardia Civil.

Fundaciones y organismos privados españoles y extranjeros también han llamado a las puertas de Zarzuela con un premio para el monarca. En 1987 recibió la Medalla de Oro de la Fundación Onassis por su defensa de la democracia. En 1988, el Premio internacional Progretto Uomo (Proyecto Hombre), de la institución italiana Solidaridad, dedicada a la rehabilitación de drogodependientes. Desde 1991 atesora el Premio Polymnie de la Paz y, desde octubre de ese mismo año, el Premio Internacional Gaspar de Portolón. El Spanish Institute de Nueva York concedió a don Juan Carlos su Medalla de Oro en 1992. Dos años después, recibió el Premio Pulido en Nueva York, que concede la Fundación para el Progreso de los Estudios y Cultura Sefardí. En 1996 le fue otorgado el Premio a las Cuatro Libertades, del Instituto Franklin y Eleonor Roosvelt en Middelburg, Holanda. Y la Fundación Appela of Conscience, dedicada a la defensa de las libertades, le otorgó en 1997 el galardón Estadista Mundial.

Aquí en España, recibió en San Fernando (Cádiz) el premio Cortes de la Real Isla de León, 1810 a los valores constitucionales y a las defensas democráticas. Fue en 2002. Cinco años después, le fue concedido el Premio de la Fundación Profesor Manuel Broseta, asesinado por ETA, por el que se le reconoce al Rey su “decisiva” aportación “a la convivencia democrática de todos los españoles”.

El Rey cuenta con las máximas distinciones que conceden los medios de comunicación. Atesora el premio Especial 1992, concedido por el Club Internacional de la Prensa, y desde 2000, el galardón de la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR), por su “elevadísima contribución a la defensa de la libertad de expresión, las dignidades humanas y la democracia”.

Su afición al deporte también ha dejado huella en este particular palmarés. En 1991 recibió el Trofeo Beppe Crocce, otorgado por la Federación Internacional de Vela y, dos años después, la Orden Olímpica del COE.

En cuanto a las distinciones universitarias, el 20 de diciembre de 1984 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid, en un acto al que se sumaron todas las Universidades españolas. Además es “Honorary Degree” en Dirección de Empresas y de Relaciones Públicas por la Escuela Superior Empresarial de Relaciones Públicas de Barcelona. De universidades extranjeras Don Juan Carlos ha recibido más de treinta doctorados “Honoris Causa” y una medalla de oro de la Universidad de Berkeley, Estados Unidos.

Mal, muy mal, Majestad por Enric Sopena


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