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Nº 886 - 21 de junio de 2010

Luis de Velasco, autor de 'No son sólo algunas manzanas podridas'


"LOS GOBIERNOS SON PRISIONEROS DE LOS MERCADOS"

Quien fuera secretario de Estado de Comercio en el primer Gobierno de Felipe González y militante del PSOE entre 1976 y 1994, Luis de Velasco, plasma sus conocimientos sobre la realidad de Estados Unidos en 'No son sólo algunas manzanas podridas', donde analiza la crisis financiera que estamos viviendo y sus orígenes, cimentados en la historia política y económica de ese país. Por su obra desfilan, entre otros, Reagan, cuya llegada al poder supone "la entronización de las ideas del neoliberalismo económico", Alan Greenspan, "el máximo representante de esta ideología", y Obama, quien, en su opinión, corre el riesgo de ser un presidente de "un solo mandato".

Por Manuel Capilla

En qué se parecen la crisis actual y la de los años 30?
—Las dos crisis se parecen efectivamente en su génesis. Hay una gran parte de especulación, de optimismo desenfrenado e irracional que se contagia rápidamente, pero las respuestas son muy diferentes, porque la mentalidad colectiva de Estados Unidos es muy diferente a la del resto del mundo. Hasta que llega Roosevelt en el 32, la creencia es que los mercados se regulan por sí solos, mientras que en la situación actual, ya al borde del precipicio, especialmente tras la caída de Lehman Brothers, estamos viendo situaciones totalmente inimaginables. Estamos viendo intervenciones masivas hasta nacionalizaciones de facto, aunque esa palabra allí no se usa. La génesis puede ser parecida, pero la respuesta es diferente.

—¿Si Reagan no hubiese llegado al poder la crisis actual no habría estallado?
—No tengo la respuesta exacta, pero, efectivamente lo que significa Reagan, y Thatcher en Europa, es muy importante. Supone la entronización de las ideas del neoliberalismo económico, personificadas por Milton Friedman y Friedrich Hayek, y poco a poco se van produciendo una serie de cambios muy importantes en la economía estadounidense y mundial, la globalización, la desregulación y la financiarización de la economía norteamericana, que recojo en el libro. Si hasta los años 80, los beneficios del sector financiero suponían un 8 por ciento de los beneficios empresariales, a partir de ese momento empiezan a crecer y ahora suponen un 40 por ciento. Se parte de un supuesto ideológico que es adoptado por la Reserva Federal y todos los presidentes, incluyendo Clinton, que es que los mercados son eficientes por definición, no puede haber desequilibrios y si los hay se corrigen automáticamente. El máximo representante de esta ideología, como es bien sabido, es una persona que tuvo un inmenso poder en Estados Unidos y en todo el mundo: Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal.

—¿Quiénes son los culpables del hundimiento del sector financiero?
—Yo hablo en el libro del actor principal, Alan Greenspan, que ha reconocido últimamente en declaraciones una vez dejado el cargo que tuvo errores importantes, determinados por su ideología
neoliberal y no intervencionista. También hay otra serie de actores muy importantes, tanto en el sector público como privado. Uno de éstos es Wall Street, donde se encuentra lo que se llama en Estados Unidos el sistema bancario en la sombra, un sistema no regulado que incluye desde fondos de capital riesgo y de inversión. Ellos tienen un papel fundamental porque son los que desarrollan una serie de instrumentos, fundamentalmente los llamados derivados, que son de difícil comprensión y que, en principio, diversifican el riesgo pero hacen todo lo contrario. En cuanto al sector público, se produce lo que llamo la captura del regulador. El sector privado, Wall Street, captura al sector público. Esto, unido a la ideología de no intervencionismo, de dejar que los mercados se regulen por sí solos, lleva a que los reguladores y supervisores no regulen ni supervisen. Es el caso de Security Exchange Comission (la SEC) y de la Reserva Federal. Esa simbiosis, aparte de otros factores, como la bajada de los tipos de interés, es lo que nos lleva a esto, que es una auténtica catástrofe. Es un 11-S económico, como decía el anterior secretario del Tesoro, Paulson, que aparece en el libro cuando menciono la "política de puerta giratoria", que se refiere a que muchos altos cargos del Tesoro norteamericano provienen de firmas como Morgan Stanley o Goldman Sachs.

—Mirando al futuro, ¿qué perspectivas abre la crisis? ¿En qué puede cambiar el sistema?
—Yo soy bastante escéptico por dos razones fundamentalmente. Primero, porque como prueba la experiencia, la memoria humana es muy frágil y pasada una generación se puede volver a las andadas. Y segundo, porque en el fondo es un combate entre la Main Street, como se dice en Estados Unidos, la gente de la calle, y Wall Street. Es decir, el Gobierno y el poder legislativo norteamericano tienen que estar decididos a enfrentarse a tremendos poderes económicos, que además financian en parte sus campañas. Nos lo está mostrando Obama, que en toda su política, no sólo en la económica, está mostrando una diferencia muy grande entre sus declaraciones y sus hechos.

—¿Y con respecto a los paraísos fiscales, cuyo papel usted menciona en el libro?
—En eso soy mucho más escéptico. Recojo unas declaraciones del primer ministro británico, hace un par de años, en las que afirmó que el secreto bancario ya no existe. Eso no es cierto, hay acuerdos en la OCDE que languidecen durante años y años y no avanzan. Por ejemplo, ¿qué pasa con los paraísos fiscales del Reino Unido, las Islas del Canal? No digamos lo que hay en Europa, desde Lichtenstein hasta Gibraltar. O los que hay en Estados Unidos, como los estados de Delaware, Nevada y Wyoming. Estados Unidos sólo prestó atención a los paraísos fiscales a partir del 11-S porque pensaron que una parte de la financiación del terrorismo provenía de allí. El resto, a Estados Unidos le da igual, y si Estados Unidos no capitanea unas reformas, las posibilidades de que salgan adelante son pocas.

—¿Los gobiernos han terminado por ser prisioneros de eso que se llama mercados?
—Sí, y lo estamos viendo. Se empezó a ver hace 15 ó 20 años, cuando los flujos financieros se empezaron a separar de la economía real. Si hace 25 años en el mundo existía una relación entre el volumen de comercio y el de invisibles, digamos, ahora no, ahora los movimientos financieros suponen 300 ó 400 veces más. Tienen su vida propia, muy desequilibrada.

—¿Quiénes son los mercados?
—Yo menciono en el libro que los que marcan tendencia en los mercados son los grandes decisores: Wall Street, ese sistema bancario en la sombra, los fondos de capital riesgo, etc. Algo que caracteriza los mercados financieros son los comportamientos de borregos, uno marca la tendencia y los demás le siguen. Soros se cargó la libra hace 15 ó 20 años porque le siguen una seriede personas que piensan que si él, que sabe, va por ahí, habrá que ir por ahí. Lo mismo pasó con las hipotecas basura en Estados Unidos.

—¿Se puede decir que Keynes le ha ganado la partida a Friedman? ¿Que tenía razón?
—Está claro que desde los 80 hasta que se produce la hecatombe de hace dos años, la partida la había ganado claramente Friedman. A partir de la hecatombe está dominando Keynes, porque se están aplicando recetas parecidas a las que aplicó Roosevelt. Lo paradójico del cambio es que, en esta época en la que hay una presencia masiva del Estado, cuando todo el mundo parece estar de acuerdo en que el origen de los enormes problemas de la economía mundial obedece a una determinada ideología, uno piensa que deberían estar en auge las ideologías socialdemócratas. Pues resulta que no.

—¿Esa lucha que mencionaba antes entre la Main Street y Wall Street puede terminar por llevarse por delante a Obama?
—Obama está afrontando dificultades internas muy importantes, no sólo en el terreno económico, sino otros temas como la política exterior o la reforma de la sanidad. Hay una agudización de la crispación dentro de Estados Unidos, mediante una serie de movimientos muy de derecha, como el Tea Party, que está desbordando por la derecha al Partido Republicano y están triunfando en las primarias que se están celebrando de cara a las elecciones legislativas de noviembre. No es descartable que Obama sea un presidente de un solo mandato. Él no ganó el voto en el segmento de la población blanca masculina, cosa que se olvida. Sintoniza bien con distintos sectores sociales del país, pero Estados Unidos es lo que ha sido siempre, enormemente conservador.

—¿Y en el caso de Zapatero?
—Zapatero lo tiene muy difícil, pero su capacidad para sacar conejos de la chistera es importante, aunque no estoy seguro de que tenga chistera ya. Ahora se ha dado un giro de 180 grados, pero no se sabe si será suficiente. España tiene un lastre muy importante, que es el tema de la credibilidad y la confianza. La credibilidad de Zapatero está muy deteriorada y eso hace que los especuladores ataquen a España, porque la estiman débil, aunque objetivamente no sea tan débil. •

 
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