TRIBUNA BUSTINDUY Tiempos de hoy
 
   

                                     Nº 1193. 24 de marzo de 2017

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Tribuna / Pablo Bustinduy  

 

Austeridad y extrema derecha:
una espiral perversa


Sucedió en Grecia, en Alemania, en Austria, en el Reino Unido, en España: una vez más, un partido socialdemócrata europeo que ha apoyado desde el Gobierno recortes y políticas de austeridad, en este caso el PvdA holandés que lidera Lodewijk Asscher, paga con rotundidad el precio de su descrédito en las urnas

Las recientes elecciones en los Países Bajos fueron celebradas por el establishment de Bruselas con un alivio difícil de explicar. Cierto es que Geert Wilders, representante holandés de la internacional reaccionaria que crece a lo largo y ancho del continente, quedó lejos de lo que pronosticaban las encuestas, que llegaron a ubicarle incluso como primer partido en votos. Pero de ahí a presentar al primer ministro Rutte como adalid de la contención de los “populismos” o del “euroescepticismo” o como estandarte de esa nueva generación de líderes asépticos (Macron, Renzi, Rivera, etc.) que pueden hacer mágicamente de la austeridad una papilla digerible para las grandes mayorías sociales que han visto sustancialmente mermadas sus condiciones de vida y el sistema de protección de derechos y libertades sociales desde el inicio de la crisis, media ni más ni menos que un océano.
Leamos con algo más de detenimiento los resultados. Sí, el partido del primer ministro Rutte ha ganado las elecciones de forma clara (mucho más clara de lo que decían las encuestas), pero lo ha hecho obteniendo ocho escaños menos de los que tenía, lo que en un sistema político altamente fragmentado como el holandés no es un dato ni mucho menos despreciable. Pero sin duda lo más reseñable es el catastrófico resultado del PvdA, la socialdemocracia tradicional en los Países Bajos, que ha pasado de ser la segunda a ser la séptima fuerza parlamentaria perdiendo 28 de sus escaños, uno de los mayores descalabros que se recuerdan en la historia reciente de Europa.
Sucedió en Grecia, en Alemania, en Austria, en el Reino Unido, en España: una vez más, un partido socialdemócrata europeo que ha apoyado desde el Gobierno recortes y políticas de austeridad paga con rotundidad el precio de su descrédito en las urnas. Una vez más, amplios sectores del electorado que durante décadas se identificaron con la socialdemocracia, especialmente las clases populares, medias y trabajadoras, dejan de estarlo porque se han visto sistemáticamente engañados y abandonados por quienes en período de campaña electoral dicen representarles y desde el Gobierno aplican sumisamente programas económicos que minan sus condiciones de vida. En el caso holandés, es particularmente significativo el lugar en el que ha quedado el ministro de Finanzas Dijsselbloem, miembro del Partido Socialdemócrata y a la sazón presidente del Eurogrupo. No es descabellado imaginar que el resultado obtenido no habría sido muy diferente si el conjunto de la ciudadanía europea se hubiera expresado en las urnas sobre las políticas de austeridad y la gestión económica que Dijsselbloem ha impuesto con mano de hierro desde Bruselas.

El problema de fondo, lo más preocupante y significativo de estas elecciones desde la perspectiva europea, es algo que hemos visto en la última fase de la campaña de Rutte, marcada por el ambiente antiturco y por una competición en dureza anti inmigración entre los supuestos liberales y el discurso del odio sin límites predicado por Wilders. Que Rutte, desmedidamente celebrado ahora como líder en ascenso del europeísmo, haya asumido esa pelea es ya indirectamente una victoria de la extrema derecha racista y xenófoba. Como ha sucedido en muchos otros países europeos, una vez más la extrema derecha logra imponer su agenda y escorar el debate hacia sus postulados xenófobos y racistas, que pasan a ser asumidos por los partidos tradicionales en una competición febril sobre el fondo del descontento social, el aumento de la desigualdad, la pérdida de derechos y el descrédito cada vez mayor de las élites dirigentes. Ese juego perverso entre el gobierno de la austeridad y la batalla cultural liderada por la nueva extrema derecha es hoy el principal problema social de Europa.
 

Firma
Estudió Ciencias Políticas y Humanidades. Completó su formación en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la New School for Social Research de Nueva York. Ha trabajado como profesor de Filosofía en varias universidades norteamericanas y como ensayista, traductor y editor de obras relacionadas con la filosofía, la economía y el pensamiento político. Regresó a España dos veces: durante el 15-M y cuando nació Podemos. Desde entonces ha trabajado coordinando la delegación en el Parlamento Europeo y desde marzo de 2015 dirige la Secretaría de Relaciones Internacionales. En diciembre de 2015 volvió a Madrid para presentarse en las listas al Congreso para las Elecciones del 20-D. Desde entonces es Diputado por Madrid y Portavoz del Grupo Confederal de Unidos Podemos en las Comisiones de Asuntos Exteriores y Unión Europea.

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