Tribuna Centella Tiempos de hoy
 
   

                          Nº 1194. 31 de marzo de 2017

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Tribuna / José Luis Centella

Del ‘No a la Guerra’ de Irak a la tolerancia en la de Siria

La guerra de Siria contra Bashar al Assad tiene mucho que ver con el gran interés
geopolítico de la zona, donde están en disputa el eje
Estados Unidos-Unión Europea-Israel-Arabia Saudí frente al de Rusia-Irán-Siria

Algo ha debido ocurrir en el campo de la izquierda, de los movimientos pacifistas, de la intelectualidad, para que en poco tiempo se haya producido un cambio sobre el principio rotundo del 'No a la Guerra', defendido masivamente en todo el mundo y, especialmente, en Europa Occidental, durante la guerra de Irak.

Lo que en 2003 movió las conciencias contra la guerra fue la oposición sin matices a intervenir militarmente para cambiar el régimen de Sadam Hussein, una intervención aplaudida por el Gobierno de Aznar que no tenía otro interés que hacerse a nivel internacional con sus reservas de petróleo.

Ocho años más tarde, primero en la guerra de Libia en 2011, y ahora en la de Siria, parece como si oponerse a la guerra se hubiera matizado al presentarse esos conflictos como la única solución para derrocar –en el caso de Gadafi, asesinar– a sus mandatarios.

En el caso de Libia, por primera vez cambió una parte del pensamiento progresista o de izquierdas, que vio con buenos ojos cómo se establecía una zona de exclusión aérea para, teóricamente, impedir el uso de la aviación de Gadafi contra los rebeldes. En la práctica sirvió para permitir la intervención de la fuerza aérea de la OTAN en apoyo del conglomerado rebelde, incluidos los yihadistas que, como bien dice Samir Amin, se convierten en “aliados del imperialismo” para desestabilizar regiones estratégicas.

Lo que vino luego ya es conocido: un Estado desmembrado, en parte en manos del llamado Estado Islámico. Pero la geopolítica del eje EE UU-Israel-Arabia Saudí, siempre con el beneplácito de la Unión Europea, utilizó la guerra de Libia para desestabilizar un país rico en petróleo y agua permitiendo el asesinato, previa tortura, de Gadafi.

EE UU y sus aliados aprendieron de Irak. Desde entonces crean hegemonía en el pensamiento sobre lo que Jean Bricmont denuncia como “Imperialismo Humanitario”: la obligación de intervenir en cualquier lugar con la excusa de defender valores democráticos, aunque luego la realidad sea muy distinta. Hoy en Libia ni hay democracia ni respeto a los derechos humanos.

Una parte del pensamiento progresista, de la izquierda, ha interiorizado esa teoría que antes no se argumentó para oponerse a  la guerra de Irak, cuando nadie pensaba que oponerse a ella significaba defender al régimen de Sadam.

La guerra de Siria tiene mucho que ver con el gran interés geopolítico de la zona, donde están en disputa el eje Estados Unidos-Unión Europea-Israel-Arabia Saudí frente al de Rusia-Irán-Siria. Es una lucha por la supremacía de la región y sus recursos naturales, articulada en torno a actores locales. Como telón de fondo, el yacimiento de gas más grande del mundo (South Pars-North Dome) compartido por Irán y Catar. En 2009 Siria se negó a firmar un acuerdo con Catar para construir un gasoducto a través de su territorio y prefirió hacerlo con Irán e Irak. Ese proyecto, conocido como “Gasoducto Islámico”, será el más grande de Oriente Próximo, dejando al margen a Arabia Saudí y Catar.

Robert Kennedy, sobrino del expresidente John F. Kennedy, lo dejó muy claro al afirmar que “nuestra guerra contra Bashar al Assad no comenzó por las protestas civiles pacíficas de la Primavera Árabe en 2011”, sino en 2009 “cuando Catar ofreció construir un gasoducto de 10.000 millones de dólares que atravesara Arabia Saudí, Jordania, Siria y Turquía”.

Según Kennedy, esa negativa que tenía en cuenta los intereses de su aliado ruso, hubiese permitido la construcción del gasoducto atravesando Líbano hasta Irán, convirtiendo a los iraníes en los mayores proveedores de gas a Europa, lo que iría en contra de los países del Golfo Pérsico aliados de EE UU.

La cuestión que habría que pensar es si el ‘No a la Guerra’ sigue siendo absolutamente necesario hoy, sin matices, sin recelos, como lo fue hace ocho años, porque ¿acaso Hussein era menos déspota que Gadafi o que Al-Assad?

 

Firma

Actual coordinador de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida y secretario general del Partido Comunista de España (PCE) desde 2009. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural. 

 

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