Tribuna Jose G. Abad Tiempos de hoy
 
   

                          Nº 1194. 31 de marzo de 2017

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Sin Maldad / José García Abad

Theresa May pretende seguir
en la Unión, pero gratis

Theresa May pretende una fórmula mágica que le permita al Reino Unido beneficiarse de las ventajas económicas de la Unión eludiendo los costes que ello representa. Pretende que su país siga en la Unión, pero gratis. Más que una carta nos ha leído la cartilla

Lo peor que puede ocurrirnos es que cunda el ejemplo del Reino Unido, lo que puede suceder si la operación le sale bien a Theresa May. Si el Reino Unido hace un buen negocio con el Brexit y se contagian otros socios.

En el fondo lo que pretende la premier británica es renegociar por la vía de los hechos una nueva forma de adhesión a la Unión Europea. Una fórmula mágica que le permita beneficiarse de las ventajas económicas de la Unión eludiendo los costes que ello representa, algunos de los cuales siempre han sido asumidos por Gran Bretaña a regañadientes. Theresa May pretende que su país siga en la Unión, pero gratis. Más que una carta nos ha leído la cartilla.

La idea fuerza que predominó en el referéndum de la desconexión ha sido la “amenaza migratoria”. No sólo el compromiso de acoger refugiados de la guerra siria, sino también la llegada de inmigrantes de países miembros de la Unión, especialmente procedentes del este europeo. No tragaban con la libertad de movimientos ciudadanos, un formidable avance social añadido a la libre circulación de servicios y mercancías.

Hasta la carta que envió la premier británica al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en la triste fecha histórica del martes  28 de marzo de 2017, cabía la esperanza de que el pueblo rectificara en un nuevo referéndum. Que asumiera, ahora con más información, que el Brexit perjudicaría a los otros países miembros pero también a  los intereses británicos. Incluso en lo más sagrado, como la propia unidad del país.
Pero después de la carta leída con la solemnidad de los grandes acontecimientos históricos y de las declaraciones posteriores de Theresa May expresando rotundamente que la decisión no tiene vuelta atrás, tales esperanzas se han desvanecido.

Una vez invocado el célebre articulo 50 del Tratado de Lisboa que establece que “cualquier Estado miembro puede decidir conforme a sus reglas constitucionales retirarse de la Unión", se abre un periodo de dos años para proceder a la desconexión y para arbitrar soluciones a los problemas que ello plantea.

En primer lugar en lo que se refiere a la situación de los ciudadanos británicos residentes en otros países, de trabajo en algunos casos o de jubilación en otros, mayormente unos 300.000 ingleses que se acogen al calor del sol español. Y, viceversa, en lo que afecta a los aproximadamente 200.000 españoles que trabajan en el Reino Unido.
 
Las repercusiones políticas, económicas y sociales que el Brexit deparará en ambas orillas del Canal de La Mancha serán amplias y difíciles de cuantificar en estos momentos por las muchas derivadas que se desprenden.

Resulta chocante que el Gobierno español no nos informe cumplidamente de lo que nos espera de acuerdo con los datos en su poder. También lo es el silencio de los especialistas, de, por ejemplo, los servicios de estudios de los bancos donde cavila tanta masa encefálica.
 
Predomina la idea de que el Brexit es un nefasto acontecimiento aunque algunos optimistas, inasequibles al desaliento, aseguren que es una buena cosa, pues con la salida británica se levanta el freno que ese país ejercía sobre el proyecto europeo.

No es esa mi modesta opinión. El hecho de que el proceso europeo haya podido avanzar a pesar de las suspicacias británicas, a golpe de compromiso, desde que el Reino Unido ingresara, hace 44 años, en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) abonaba la viabilidad del proceso.

Hay que reconocer que ahora el camino hacía una mayor integración europea ha recibido un duro golpe al que habría que responder con una mayor determinación de los 27 en la más grande ocasión que vieron los siglos.
 
En las negociaciones que a cara de perro tendrán lugar en el próximo bienio habrá que extremar las precauciones para evitar que la salida de la Unión sea un buen negocio para el Reino Unido que incitaría a otros países a seguir su ejemplo.

Empiezan mal estas negociaciones, desde el momento en que el país saliente se vale del chantaje de condicionar su colaboración a la seguridad europea a un acuerdo conveniente para sus intereses. Un trágala inaceptable.

La solemne formalización de la anunciada salida de la Gran Bretaña por medio de la aludida carta de Theresa May coincide con la celebración no menos solemne del sesenta aniversario del tratado fundacional de Roma, de donde los dirigentes actuales –ya veremos lo que ocurre tras las elecciones en Francia y Alemania– enfatizaron la determinación de seguir avanzando con las debidas adaptaciones a las nuevas realidades.
 

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

 

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