Tribuna TAPIAS Tiempos de hoy
 
   

                          Nº 1194. 31 de marzo de 2017

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Tribuna / José Antonio Pérez Tapias


El PSOE y sus pesos pesados


E. P.

No parece que tuviera en cuenta la actual secretaria general de los socialistas andaluces
y presidenta de la Junta de Andalucía que mucho peso pesado es plomo en las alas

En verdad, conociendo los antecedentes, no extrañó que Susana Díaz, para la presentación de su candidatura a la Secretaría General del PSOE, culminando la crónica de una “anunciación anunciada” –inevitable redundancia a la vista de los hechos–, se rodeara de pesos pesados con el fin de dotar a su cartel del pedigrí necesario. No parece que tuviera en cuenta la actual secretaria general de los socialistas andaluces y presidenta de la Junta de Andalucía –cargo incompatible de hecho con el desempeño de la máxima responsabilidad en el PSOE, en el caso de que alcanzara el puesto al que aspira–, que mucho peso pesado es plomo en las alas. Cualquier candidato o candidata debería saberlo, y más en el Partido Socialista, dado que con tan plomizo lastre ni se puede volar alto, ni es posible navegación exitosa hacia el buen puerto de la renovación que necesita una formación política sumida en una crisis brutal. Rodearse de pesos pesados revela que no se pretende renovar en serio, reconstruir de verdad proyecto socialista y recomponer una organización maltrecha. Pues así quedó el Partido Socialista desde el infausto golpe que fue promovido por quien aspira a estar en el lugar de aquel secretario general que a las bravas fue defenestrado con el visto bueno, precisamente, de esos mismos dirigentes históricos ahora convocados para inclinar la balanza a favor de quien estuvo al frente de la conspiración.
No sólo la nómina, sino la imagen fue muy ilustrativa: González y Guerra, Bono y Zapatero, Rubalcaba y Chacón, de dos en dos, mostrando concordia entre quienes se enfrentaron en distintas circunstancias, mas queriendo aparentar que fueron confrontaciones de legítimo juego democrático en el seno de la familia socialista, a la hora de la verdad bien avenida. De subrayarlo se encargaron de consuno Eduardo Madina, en su papel de telonero, y Susana Díaz, en el momento de ser elevada al estrellato político. Tras el objetivo de realzar la continuidad histórica de la candidatura de Díaz con el PSOE de la transición, de Felipe González, de la modernización de España –mucha España acompañando al “mucho PSOE”– y de poner los mimbres de un Estado del Bienestar que era inexistente, la mirada regresiva quedaba hipnotizada por el mensaje “100% PSOE”: pretensión de monopolio de la marca socialista.
Cualquiera puede aducir que en la mencionada lista se concentran méritos de reputadas figuras. La cuestión es cómo tales figuras devienen pesos pesados objeto de crítica cuando se prestan a acumular deméritos presentando una imagen del PSOE en la que otro candidato sobra, e implementando de camino una estrategia de exclusión hacia los miles de militantes que apoyan a Pedro Sánchez. Patrimonializado el partido y puesta su historia sectariamente al servicio de sólo una parte, se niega el necesario reconocimiento a quienes no cuentan para un “PSOE ganador”, para un PSOE de orden que rechaza cualquier discurso que mencione la insoslayable necesidad de pactos de izquierda para gobernar en el aquí y ahora de esta España castigada por las crisis y expuesta, incluso como Estado, a un futuro incierto.
Hay quienes recuerdan insidiosamente que esos pesos pesados también se pusieron al lado de Pedro Sánchez para que en 2014 ganara la secretaría general. El ejercicio de memoria no sería completo si olvida que era apoyo condicionado al cumplimiento del guión que le fue escrito. Cuando quiso salirse, por dignidad y por necesidad política, el apoyo se trocó en aplastamiento. Efecto plomizo de los pesos pesados. Pero desde el foso abierto entre órganos dirigentes y base militante emerge un impulso de memoria socialista y participación democrática que trae en jaque a los poderes establecidos. Es “la maldita circunstancia” –pidamos prestada la expresión al poeta cubano Virgilio Piñera– de una militancia que toma la palabra y decide con su voto.

 

Firma

Miembro del Comité Federal del PSOE

 

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