TRIBUNA Montalban Tiempos de hoy
 
   

                                  Nº 1196. 13 de abril de 2017

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Tribuna / Josu Montalbán

Los dos Pablos Iglesias (Turrión y Posse)


EUROPA PRESS

Se me ocurrió pensar en las posibles similitudes de ambos pablos iglesias, y en un alarde
de voluntariedad y optimismo pensé que podría tener lugar una confluencia entre sus doctrinas
e idearios, que tanto sirviera para actualizar al antiguo PSOE como para activar a aquel nuevo proyecto que aún no tenía nombre

La primera vez que le vi fue en la Puerta del Sol, en Madrid, en los tiempos del 15-M. Yo era entonces un miembro del Congreso de los Diputados. Formaba parte de cuatro Comisiones y era vicepresidente del Pacto de Toledo que, como sabrán, se ocupaba y se ocupa del futuro de las pensiones de los españoles.

Cada atardecer yo acudía a aquel lugar emblemático en el que personas muy diversas, pertenecientes a colectivos igualmente diversos, en marcos bien diferentes en los que cabían tanto un stand delicadamente diseñado como una caseta de madera carcomida, mostraban sus inquietudes. Algunas de ellas me impactaron, hasta tal punto que caló hondo en mí la preocupación generalizada de aquéllos, mostrada mediante diferentes eslóganes, que echaban en cara a los políticos tradicionales, y a sus partidos, que no fueran audaces, que no se preocuparan suficientemente de la gente y que ejercieran sus funciones con demasiada comodidad. Aquellas personas, en algunos casos llegadas de otros lugares de España, provocaron en mí cierta inquietud, hasta tal punto que mi visita al lugar se repitió diariamente. Mis conversaciones con aquellos nuevos agitadores de conciencias fueron abundantes en contenidos y matices, los corrillos parecían foros de debate en los que, mientras se impostaba una actitud crítica con lo establecido las voces permanecían en el mismo tono del inicio, pero cuando advertían mi pertenencia al PSOE subían el tono de la voz y el sentido de las palabras. Fue allí donde lo vi por primera vez. Mostraba un temple pacífico y condescendiente… ¿Con quién? ¡Con todos! Porque la Puerta del Sol del 15-M, a pesar de estar llena de indignados, era el templo de la Dignidad.

Me gustaba debatir con aquellos rebeldes que mostraban su rebeldía con educación, convencidos de que lo razonado y razonable se queda en las conciencias y las alerta para que no se dejen avasallar por vicisitudes fatuas. Allí cualquiera con aspecto de humilde pastor llegado de cualquier pueblito de la Mesta se prodigaba al ofrecerte datos e inquietudes que mostraban las condiciones de las vidas de miles y miles de españoles y españolas atribulados por carencias e infortunios que, siendo casuales, requerían alguna solución.

Me sentía feliz. Y tenían bastante razón, de inicio. Porque los partidos políticos se habían instalado en un espacio cómodo y plácido, falsamente convencidos de que la ciudadanía estaba como adocenada y que mediante medidas basadas en conceptos y generalidades antiguas seríamos capaces de dirigir la sociedad –la Política y las Instituciones también– por caminos menos tortuosos y entreverados. Lo que allí se escuchaba cabía en el doctrinario y estrategias de mi partido. Por todos los lados se escuchaban, o leían, encomiendas en las que estaba presente la palabra “socialismo”, y las palabras “solidaridad” e “igualdad”, y otras palabras que sonaban bien en mis oídos, con las que me sentía familiarizado y muy a gusto. Por eso acudía en todos los atardeceres a sumergirme en aquella especie de primavera que suavizaba los rigores del invierno, es decir de la crisis económica, social y humana en la que estábamos inmersos. Compré libros, adquirí folletos que pagué a precio de oro porque reclamaban a mi voluntad una especie de donación o limosna, y yo allí me mostraba dadivoso en grado sumo. Allí, en aquel espacio ciertamente utópico y por eso halagüeño, nos cruzamos varias veces, él con la sonrisa del que buscaba intereses y yo con la expectación a cuestas, ávido de hallazgos nuevos que se pudieran incorporar a mi dossier de hombre de izquierdas.

Participé en manifestaciones, en charlas sobre los asuntos más controvertidos y complejos, en encuentros con gentes llegadas de aquí o de allá llevando consignas y dudas sobre los temas más ocurrentes… Hasta bien entrada la noche deambulaba entre los tenderetes cogiendo hojas de propaganda y fotografiando carteles que mostraban citas de pensadores famosos. El 15-M se convirtió en una ilusión que viví en soledad, por eso me invadía la alegría cuando veía por allí a algún amigo o conocido que, como yo, se hubiera perdido por allí en el empeño de encontrarse a sí mismo. Lo estrambótico también estaba presente allí. Una noche en que el cielo no mostraba ni una sola estrella asistí a un acto en una gran jaima con su techo imitando a un firmamento estrellado. Una mujer ataviada con tules dirigía la ceremonia que consistía en incitarnos a pensar y recapacitar con los ojos medio cerrados mientras aquel cielo de lona se iba iluminando con diferentes colores. Yo no sabía de qué modo podía relacionar aquello con el 15-M, pero cuando coincidí con él a la salida de uno de los acontecimientos, con sus ojos vivarachos y relucientes, me sentí satisfecho.

Bueno, yo creo que no debo demorar ni un renglón más que aquel a quien me he referido en varias ocasiones era Pablo Iglesias (Turrión, que no Posse). A escasos cien metros de allí estaba Casa Labra, un bar de Madrid en cuya portada hay una placa que afirma que allí mismo Pablo Iglesias (Posse, que no Turrión) había fundado el PSOE el día 2 de mayo de 1879. Cuando tuvo lugar la fundación del PSOE, en la que el tipógrafo Pablo Iglesias se rodeó de trabajadores e intelectuales, debió hacerse de forma clandestina. Se me ocurrió pensar en las posibles similitudes de ambos pablos iglesias, y en un alarde de voluntariedad y optimismo pensé que podría tener lugar una confluencia entre sus doctrinas e idearios, que tanto sirviera para actualizar al antiguo PSOE como para activar a aquel nuevo proyecto que aún no tenía nombre.

Pero pasado el tiempo debo reconocer con profunda tristeza que todo se ha quedado en mi imaginación. Mi proceso reflexivo se ha quedado en el intento bienintencionado de que una simbiosis entre las izquierdas permitiera constituir una sola izquierda, potente y útil, capaz de derrotar a la derecha española (única), y a las derechas regionalistas y nacionalistas que creen en las patrias chicas pero no están dispuestas a colaborar en la consolidación de una Patria grande que, bien dotada de medios e ideología, se convierta en un Estado creador de bienestar, garantizador de derechos y protector de dignidades.

Aquél, a quien yo veía deambulando por la Puerta del Sol, sonriendo a tirios y troyanos, a los concienciados o a los simples ojeadores y curiosos, se ha convertido en un agitador incapaz de compartir y aquilatar sus inquietudes con las de los que están en su misma trinchera. Empezó negando la existencia de izquierdas y derechas para no tener que comprometerse. Ha continuado sumando sus adeptos, de uno u otro lugar, sin someterles a un proceso reflexivo de debate, quizás para evitar que alguien le pudiera sacar los colores sin perder las buenas maneras. Ha convertido las reflexiones públicas en peleas dialécticas, los foros de debate en Patios de Monipodio, el lenguaje parlamentario en dialecto de verduleras y el contraste ideológico en un trasiego de ofertas y demandas más propio de un mercado callejero que de una reunión de eruditos o de representantes públicos.

Lo mismo que me ocurrió  mí, aunque acrecentado, debió ocurrir a quienes acudieron en su auxilio y portaron sus estandartes hasta las Instituciones Democráticas –Carmena, Colau, Santisteve, Ribó, etc…–, que han visto posteriormente cómo una legión de atrevidos han convertido muchos Plenos municipales en peleas de grillos en las que el respeto y el rigor parlamentarios han brillado por su ausencia.

Es así como algunos pretenden traer a nuestros días y nuestras conciencias la figura de Pablo Iglesias Posse, usando como subterfugio su coincidencia en el nombre con quien aquel 2 de mayo de 1879 fundó el PSOE, clandestinamente, junto a su núcleo inicial: 16 tipógrafos, cuatro médicos, dos joyeros, un científico, un marmolista y un zapatero. Éste, el actual líder de Podemos, se parece más al matador de toros que voceaba “¡Dejadme solo!” tras haber sido volteado por el morlaco… O al insigne jugador del Athletic de Bilbao Belauste, cuando en medio del campo y del partido voceó a su compañero: “¡Sabino, a mí el pelotón que los arrollo!”, y los arrolló y marcó el gol del empate ante los suecos.
Cuando vi a Pablo Iglesias (Turrión, que no Posse), en aquel 15-M, parecía un hombre de izquierdas, y un hombre solidario… No tanto un mero ávido de poder, que es lo que ha resultado ser.

 

 

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Firma

Ha sido diputado foral de Bienestar Social (1988-1995) y de Urbanismo (1995-1999) de la Diputación Foral de Bizkaia. Portavoz del Grupo Socialista en las Juntas Generales de Bizkaia. Diputado en las Cortes Españolas por el PSE(EE)-PSOE durante la IX Legislatura. Colaborador en diferentes medios, cursó estudios de Medicina y es autor del libro El Doctor Areilza. El Médico de los Mineros, así como de varios poemarios de juventud como Caminando hacia Ella o Polvo y Tierra.

   

 
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