CULTURA Mauro Armiño Tiempos de hoy
 
   

                              Nº 1197. 21   de abril de 2017

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Tribuna /
Mauro Armiño

 

Presupuestos para la incultura


El ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, en la Comisión de Cultura del Congreso junto a su presidenta, Marta Rivera de la Cruz. / CONGRESO

Parieron los montes y han nacido ridículos ratones. El anuncio de los presupuestos de Cultura se ha convertido en cachondeo, en burla generalizada para demostrar que esa bobada no les interesa lo más mínimo, lo mismo por otra parte que al ilustrado pueblo español, de quien, traduciendo a Andrè Suarès (Contre le totalitarisme), puede decirse que “su club es la iglesia, su santuario el bar, su copón las urnas, su eucaristía la papeleta de voto mojada en vino peleón, y su catedral la taberna”. Añádase lo que no existía en la época de Suarès: el sacrosanto fútbol, el móvil y las redes sociales, y tendremos el panorama españolito. Arrancó la cosa el 23 del 3, con el secretario de Estado del gremio, Fernando Benzo, explicando a la Comisión de Cultura del Congreso las maravillas presupuestadas. Curioso personaje, enganchado al PP y a la mamandurria de cargos raros: director de la Oficina de Santiago Calatrava, por lo que terminó citado como imputado en un juzgado (causa archivada); responsable de asuntos taurinos en Educación y Cultura para promocionar la “fiesta”; director gerente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, asesor –es decir, sueldo seguro– del Grupo Popular en el Parlamento Europeo; distintos cargos en Interior, etc. Todo ello no garantiza que, como Celia Mayer, sepa leer y escribir más allá del BOE; pero que, como el otro hablaba catalán en la intimidad, éste en la suya lea a Góngora o a Juan Benet no parece creíble. Hay quienes piensan que para esos cargos basta con ser buen “gestos”: pero ¿cómo gestiona alguien que no sabe el intríngulis de lo que gestiona? Además, para gestor excelso tenemos un botón: qué no se dijo de Rodrigo Rato y sus capacidades: y ahí lo tenemos, con la manaza del guardia en el cogote del ex vicepresidente, del ex presidente, y del ex todo, con expectativas de barrotes.

El encantamiento de la oposición
Pues presentóse el tal Benzo a la cultureta congresual. Los nombres que integran ese Comité dan risa, empezando por la presidenta, de Ciudadanos, Marta Rivera de la Cruz, de la que sólo citaré dos de sus desbarros: su declaración según la cual el Holocausto tenía una explicación política, y aquellos otros en los que subrayaba la cantidad de denuncias falsas por violencia machista (sólo el 0,006%) y que el género no es importante en la violencia contra la mujer. A punto estuvieron de echarla del partido. Y a su lado, también de Ciudadanos, Félix Álvarez, alias Felisuco, un chistoso (sin la menor gracia, un sinsorgo que dicen): tal vez sea muy leído y escribido, aunque no es lo habitual en el gremio; en sus entrevistas, más allá de perogrulladas nada dice. También escuchaban a Benzo, entre otros, Eduardo Maura, de Unidos Podemos, y José Andrés Torres Mora, del PSOE. El primero es un Maura, descendiente de aquel Antonio Maura, primer ministro (cinco veces) y demás chanchullos, que tenía una partida ultraderechista de señoritos aristócratas, sus “pollos” (Acción Ciudadana) que apaleaban a los progreseros de la época y colaboraban con la Policía en la represión; un cráneo previlegiado para el que los males de España eran “fuego de virutas”. Menos mal que en la época en 1920 Max Estrella podía gritar: «¡Muera Maura! ¡Muera el Gran Fariseo!”, deseos que se difundieron por toda la geografía española; buena época; ahora por eso vas directamente a la Audiencia Nacional y a la cárcel. Cierto, nadie es culpable de las fechorías de abuelos y bisabuelos (pero sí heredan los dineros que dejaron aquellos políticos de la “Regeneración” que se forraron, y cuyos apellidos todavía pueden verse entre la aristocracia de título y financiero); pero ya no estamos en la época en que Zola predicaba las leyes de la herencia sanguínea que, resumiendo, afirmaban: de tal palo tal astilla.

Por último, aunque hay más epicenos en esa comisión de Cultura, Torres Mora, que con 57 años lleva veinte viviendo del erario público como diputado desde la octava legislatura hasta ésta, la duodécima. Su mayor aportación a la cultura, que yo sepa (a lo mejor, y no me he enterado, ha escrito celebérrimas tesis sobre Quevedo o Cervantes, o pinta mejor que Pollock), ha sido el poema que este mismo mes de abril dedicaba al “voraz Montoro” en las propias Cortes (léalo íntegro al final de este artículo); pretendió sonetear y le salieron ripios de cascajo. Pero el estrambote lo pusieron entre todos: en las imágenes, ¡cómo se reían por la gracia los señores diputados, con que guante blanco respondía el tal Méndez Vigo, ése que ha regalado 40.000 euros a la Academia de Gastronomía (aquí todo es academia) para promover la tapa, el pintxo, e impulsar la candidatura de eso que, según Méndez, es gloria nacional (exclusiva de España, inventada en España, España, España, España) proponiéndola a la Unesco para que la declare Patrimonio Cultural Inmaterial.


Todos encantados con el Programa 2020 del que les habló el secretario de Estado Benzo, que utilizó la cantinela “vamos a,
vamos a”, y que no es más que palabrería disfrazada de inepcia. / EUROPA PRESS

Congelación y rebajas
¿Qué cultura puede hacerse con tales mimbres, con esos y otros cacasenos? Lo cierto es que todos encantados con el Programa 2020 del que les habló Benzo, que utilizó la cantinela “vamos a, vamos a”, y que no es más que palabrería disfrazada de inepcia, pues se limitó a prometer que allá para el 2020 la cultura promovida por el PP hará que España sea un florido pensil, en el que los políticos de todos los partidos habrán difundido a manos llenas la cultura entre artistas y estructuras institucionales; cuando vengan tiempos mejores, Benzo se permitirá bajar el IVA del cine, etc. Ninguno, ni siquiera el de Podemos, se rebeló ante este sin dios (que podría decir Iglesias) ni criticó tanta charlatanería vacua, tanta promesa de un partido que incumple todas. ¿Razón de tanto guante blanco? Que ninguno sabe de la misa cultural la media.

Llegó luego el locuaz Méndez, la cara amable y diplomática del régimen, y puso números a tanta labia: la totalidad del gasto en cultura, 801 millones de euros, es decir, un 0,7 menos que el año anterior, que lo había aumentado un 7%; difícil explicar ese descenso, sobre todo cuando según los voceros del rajoyato el crecimiento español asombra a las Europas todas; las ayudas al teatro descienden un 5,9%, quizá porque le “regalan” la bajada del IVA del 21 al 10%; pero es ayuda, no al teatro, sino sólo a la entrada espectador; la factura del productor al teatro sigue con el 21%; y si hace cinco años fueron las gentes de teatro las que tuvieron que comerse aquella subida para no incrementar el precio de la entrada, ¿qué van a hacer ahora? Y, desbrozando los apartados, resulta que la partida para inversiones reales –modernización de lo que exige el teatro–, se reduce casi a la mitad, y pasa de 5,4 millones a tres.

Al cine le hacen una carantoña trapera: mantienen el IVA en el 21%, y a modo de compensación se le aumenta 9,97 millones, hasta los 70 millones en total. Pero hay trampa; porque parte de esa cantidad va a parar a la amortización de deudas de años anteriores, como ya tuvo que hacer en 2016, saltándose el presupuesto de 60 millones hasta llegar a los 69. Casi todas las partidas quedan congeladas, y lo que quitan a una división se lo ponen a otra: en el Libro, hay un aumento de 11,4%, es decir, un millón más, que va a parar a un nuevo Plan de Fomento a la Lectura, a costa de las ayudas a la edición y a las librerías, que pierden un 25%. A la Administración de Patrimonio Nacional se le rebaja un 13,7%; se aumenta en unas zonas un 5%, pero se rebaja un 2,7% en material y personal, lo mismo que en bibliotecas, con una reducción de un 36%. Sólo salen ganando los “prestigios”, las Reales Academias de España y de la Historia (que ya me dirán para qué, salvo para el relumbrón y el oropel), los Museos Nacionales, aunque poco, y el Instituto Cervantes, el más beneficiado con un 4,5% de aumento. Con estos y otros números, con esta calamidad, a Méndez Vigo nadie le reprueba nada, salvo generalidades que no entran en materia. Hay que suprimir la palabra cultura de la Constitución, ese texto sólo enuncia utopías más irreales que el viaje al centro del sol. Así no tendríamos que reprochar su inanidad a los políticos en este punto; y les dejamos que rían con un soneto birria y se crean el colmo de la cultura por hacer ripios.


Torres Mora pretendió sonetear y le salieron ripios de cascajo

El soneto de Torres Mora

Señor Ministro, esta pregunta iba dirigida al voraz Montoro
pero resulta que alguien le ha hecho a usted el encargo
de contestarme por él y, de ese modo, asumir la carga sin el cargo
de explicarnos por qué Hacienda grava al cine sin decoro.

Cinco años hace que tronó el ministro del Tesoro
sin que nadie nos explique las razones del embargo
que llevaron a imponerle un IVA que de largo
a la cabeza de Europa pone a la piel de toro.

El Gobierno nos informa de que en estos presupuestos
el IVA de los toros y del teatro enmienda
pero que en el cine mantendrán altos los impuestos.

Y por más que se empecine no hay quien entienda
cuáles son las razones y los justos argumentos
que justifican la ojeriza contra el cine, del de Hacienda.

 

Firma

Escritor y traductor, ha publicado una novela, una plaquette poética y varios ensayos literarios. Colaborador de prensa, radio y televisión desde hace cincuenta años como periodista cultural y crítico de teatro, ha traducido, sobre todo, a los clásicos franceses (Molière, Voltaire, Rousseau, Rimbaud, Marcel Proust, etc.), y ha escrito y adaptado textos teatrales para la escena.  

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