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                               Nº 1197. 21 de abril de 2017

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Tiempos de Hoy / Verónica Gayá


La dieta detox se centra en la idea de proveer al cuerpo exclusivamente de alimentos saludables con un alto contenido en fibra
y agua de manera que durante un número limitado de días se eliminan toxinas y radicales libres

‘Detox’, la alternativa radical para resetear nuestro organismo

Dietas depurativas… y efectos secundarios

Cada vez son más mujeres, pocos hombres, los que deciden iniciar una dieta detox. Inspirados en primer lugar por lo que oyeron de las celebrities, luego avasallados por un bombardeo de beneficios, estas dietas con exclusividad vegetal y en su mayoría líquida, buscan en varios y duros días de voluntad y hambre sentirse mejor, más sanos y delgados. La realidad no siempre les acompaña.

Las dietas detox, es decir desintoxicantes y antioxidantes, están de moda. Consisten en el consumo exclusivo de una serie de alimentos, en su enorme mayoría verduras y frutas, con el fin de realizar una limpieza profunda del organismo para eliminar por completo los agentes dañinos que aceleran el envejecimiento y los radicales libres.

Básicamente la dieta detox se centra en la idea de proveer al cuerpo exclusivamente de alimentos saludables con un alto contenido en fibra y agua de manera que durante un número limitado de días se eliminan toxinas y radicales libres. Una limpieza general del cuerpo que muchos consideran necesaria en uno o varios momentos del año y que invitan a realizar puntualmente, sin perder de vista de manera diaria y constante un tipo de alimentación y vida que mantenga los resultados y evite la toxicidad.

Hígado, riñón y piel se suponen los órganos más beneficiados tras varios días de un consumo muy restrictivo de alimentos, ya que al ser estos los más “limpiadores”, la dieta se convierte en una ayuda extra y necesaria.

Perder peso, comenzar un vida más saludable, evitar la fatiga, compensar días de excesos (Navidad, vacaciones), una piel más rejuvenecida... son sólo algunos de los beneficios que promete esta dieta de reseteo, que sin embargo no está exenta de efectos secundarios, incluso reconocidos por los más forofos de la depuración. Dolores de cabeza, ansiedad por la comida, mal humor o irritabilidad son algunas de las consecuencias que tras las primeras horas de dieta  experimentan no pocos de los valientes que se atreven con tamaño reto.

Las modalidades de las dietas detox son muchas. Varía su duración: desde un intensivo de fin de semana a 21 días, y también varía la lista de alimentos permitidos; algunas incluyen sólidos, cereales integrales, frutos secos, mientras otras se limitan al consumo exclusivo de batidos y zumos de frutas y verduras (que suman menos de 1.000 calorías diarias) y la más radical habla de un ayuno total.

Las dietas radicales, las milagro, siempre han levantado polémicas, y ésta no iba a ser menos. Son muchos los nutricionistas que desaconsejan llevar a cabo estas dietas y advierten de sus numerosos efectos secundarios, muchos más que el cansancio o la irritabilidad con la que ya cuentan, especialmente de éstas tan restrictivas, en las que grasas, hidratos y proteínas son eliminados de manera tajante. El consumo exclusivo de frutas y verduras a base de zumos sólo en un par de días provoca que los niveles de insulina se disparen con cada zumo, y se desplomen al poco rato. Las reservas de glucógeno se han extinguido y por eso comienza la fatiga y la irritabilidad. Las proteínas comienzan a convertirse en amoniaco y aminoácidos, que no son precisamente desintoxicantes, y el consumo excesivo de agua y carbohibratos provocan un acelerado tránsito intestinal. Por si hubiera sido poco, cuando por fin llega el sólido, llega además el efecto rebote propiciado por una alteración de grasas y masa corporal y por un deseo desproporcionado de alguien privado de alimento sólido durante días. La mayor parte de la bajada de peso de estas dietas es por la pérdida de líquidos, así que su recuperación suele ser rápida.

Los detractores de la dieta afirman también que sus beneficios no son más que puro marketing, que no existen estudios rigurosos que demuestren las supuestas virtudes de este ayuno. El organismo controla la desintoxicación y no requiere de la privación total de grupos de alimentos, basta con una alimentación saludable de forma continuada en el tiempo para evitar “intoxicaciones”. Piensan que cualquier creencia fuera de esta línea no es más que la consecuencia de un bombardeo incesante de información con fines comerciales, que prometen salud y belleza de manera inmediata, que ofrecen una salida rápida (y falsa) a temporadas largas de excesos, bien sean de mala alimentación o de malos hábitos, como fumar, consumir alcohol o ingerir alimentos poco saludables en exceso.

En la realidad y en Internet los comentarios a favor y en contra inundan las páginas. Cada vez más los argumentos se posicionan y radicalizan. Al alcance de cualquiera que busque algo de rigor se hallan estudios y experiencias que demuestran ambos planteamientos. Sólo el sentido común puede decidir.

Al día
Voy a comer bien


Manzanas: buenas para el colesterol y previenen frente al ictus.

Las prisas, la falta de información o las arraigadas costumbres pueden jugar en nuestra contra a la hora de llevar a diario una alimentación saludable. Comer bien a veces parece más complicado de lo que realmente es. Tan sólo se trata de prestar un poco de atención e ir introduciendo cambios a mejor. Esta semana compartimos contigo una lista sobre los grandes beneficios de algunos alimentos.

—Las manzanas son fuente de antioxidantes y excelentes combatientes de los radicales libres. Un estudio de la Universidad Estatal de Florida demostró que disminuye el colesterol malo en un 23 por ciento y aumenta el bueno un 4. También están relacionados con la prevención de ictus.

—Las naranjas y mandarinas se caracterizan por ser fuente de vitamina C, pero no hay que olvidar su riqueza en antioxidantes y ácido fólico.

—El brócoli, tan de moda últimamente, está ya considerado un superalimento. Es rico en vitamina C, ácido fólico, beta caroteno (pro vitamina A) y vitaminas del grupo B. Contiene minerales como potasio, zinc, calcio y hierro y fitonutrientes como el indol-3-carbinol (I3C) y sulfurofano, que reducen el riesgo de cáncer y protegen el cerebro.

—Nueces. Los ácigos grasos poliinsaturados del tipo omega 3 de las nueces son ya archiconocidos. El cáncer, la inflamación crónica y la diabetes son los enemigos a combatir de este fruto seco. Otros, como las semillas, las pipas de calabaza, los pistachos o las castañas, son también una rica fuente de alcalinizantes y vermífugas. No dejes de consumirlos en crudo o ligeramente tostados, y evita los fritos y aliños.

—Las propiedades del ajo y la cebolla ya las conocían los griegos y romanos. Sus cualidades antisépticas, antibacterianas, depurativas y diuréticas no han pasado desapercibidas  a lo largo de la historia.

—Arándanos: ricos en fibra, fitonutrientes y antioxidantes. Previenen el deterioro cognitivo, el riesgo de hipertensión y la obesidad (gracias a los polifenoles). Todas ellas propiedades que comparten en mayor o menor medida con el resto de frutos rojos.

—Pescado azul: su alto contenido en omega 3 lo convierte en el mejor liado para proteger el corazón y el sistema nervioso. Trucha, sardinas, salmón, arenque, atún, caballa... hay muchas opciones y muy sabrosas.

—Aguacate. Aunque tiene un alto contenido en grasa, el 85 por ciento es insaturada. Aporta ácidos monoinsaturados, como el oleico, y ácido linoleico, además de fitosteroles y una buena dosis de vitamina E antioxidante.

 

 
 
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