TRIBUNA Hassan Arabi Tiempos de hoy
 
   

                             Nº 1197. 21 de abril de 2017

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Tribuna / Hassan Arabi

La industria del miedo

Ante estas salvajadas diarias, ¿cuántos hemos cuestionado todo lo que sucede
a nuestro alrededor, inclusive las políticas de nuestros mandatarios?

A medida que vamos avanzando en este nuevo milenio se va intensificando el acoso a la ciudadanía universal a través de unos métodos tradicionales y otros no tanto. Los seres humanos queremos aspirar a más libertad, más democracia y más prosperidad. Es algo legítimo que las personas luchen y miren hacia un futuro relativamente mejor. Estas ambiciones, cuyo fin es la búsqueda de la felicidad del ser humano, parecen no gustar a la maquinaria económica cuyo único fin es la producción y el aumento del capital, aunque tal empresa se alza en detrimento de las aspiraciones y las voluntades de las personas y los pueblos.

Estamos, pues, ante dos intenciones totalmente dispares. Por un lado está el individuo y/o el grupo que necesita un espacio donde pueda desarrollar cómodamente su modo de vivir sin estobar ni ser estorbado por nadie, ni siquiera por las instituciones que, para bien o para mal, se imponen para hacer el trabajo de gestión de los recursos y demás menesteres. Y, por otro lado, están las empresas y los señores y dueños del capital que no ven con buenos ojos tanta libertad y tanta seguridad del individuo, porque gozar de estos privilegios los convierte en seres independientes y, a la vez, les permite una facilidad para pensar y evocar juicios que podrían perjudicar los intereses del capital.

Estamos, pues, ante la necesidad de explicar algunos fenómenos que están creciendo, y su dimensión está siendo aprovechada para sembrar el miedo en las personas y los grupos. El terrorismo yihadista no es un producto fortuito ni casual en las sociedades actuales. Una lectura serena, capaz de analizar los acontecimientos a lo largo de las tres últimas décadas, nos lleva a la conclusión de que todo fue obra bien pensada y estructurada por parte de los lobbies internacionales cuyo doble objetivo consiste en el dominio de las fuentes energéticas de las zonas de conflictos y, sobre todo, sembrar el miedo en sus propias ciudadanías, que no dejan de reclamar más libertad y más democracia. Había que menguar su dosis de libertad y de democracia, so pretexto de conservar la seguridad como una prioridad tanto a nivel internacional como dentro de las agendas de sus propias políticas internas.

La maquinaria emprendida por las declaraciones de los políticos y sus medios de comunicación afines tiene como fin ocultar que la verdadera lucha es la que existe entre una minoría que representa menos del 5% por ciento de los 7.000 millones de almas que habitamos en este globo, acaparando más del 80% de la riqueza mundial, y el resto, que representa el 95% que intenta repartir equitativamente su miseria através de las ONG´s y demás actos caritativos. Un mundo loco donde sólo el miedo es capaz de espantar a los más de 6.500 millones de almas para dejar vía libre a los verdugos de siempre.

El mundo debe sentirse triste ante los actos violentos que ocurren en muchos lugares de nuestro planeta. Las víctimas podrían ser blancos o negros, musulmanes o cristianos, ¡qué más da!, al fin y al cabo, son personas inocentes que anhelaban vivir y tenían ganas de prosperar y ver mundos. Ante estas salvajadas diarias, ¿cuántos hemos cuestionado todo lo que sucede a nuestro alrededor, inclusive las políticas de nuestros mandatarios? ¿Cuántos son conscientes de que todo lo que sucede a nuestro alrededor está orquestado para dividirnos y enfrentarnos bajo excusas sin fundamento, quedándonos a merced de unos depredadores insaciables?

Nuestra esperanza consiste en un despertar de la ciudadanía universal. El mundo entero debe darse cuenta de que su verdadera lucha no está contra nuestros semejantes, como predican los populistas de la extrema derecha que están de moda en muchos países del Primer Mundo. Los esfuerzos deben aunarse para no perder los derechos conseguidos con muchos sacrificios, y para reclamar más libertad y más democracia para todos. Las personas no deben ceder ante el chantaje de “seguridad a cambio de libertad”, porque si lo hacemos, terminamos viviendo en un mundo sin seguridad y sin libertad. Y es precisamente lo que se pretende en las muchas campañas de la industria del miedo: menguar nuestra libertad para ser menos reflexivos, menos solidarios y más egoístas.  Ya lo decía  Eduardo Galeano: “En el duelo entre el bueno y el malo, los pueblos cumplen pasivamente el papel de comparsas. Los pueblos forman un confuso montón de debiles mentales, ansiosos de jefes mandones, y periódicamente engullen, como si fuera caramelo, el veneno rojo”. Es hora de darse cuenta de que el miedo que nos meten es puro veneno que nos debilita y nos mata.
 

Firma

Profesor titular del Departamento de Estudios Hispánicos, Facultad Pluridisciplinar de la Universidad Mohamed I (Nador, Marruecos). Autor de varias publicaciones, libros, ensayos, artículos académicos y publicaciones periodísticas. Miembro del Centro de Investigación CEMIRA (Universidad Complutense de Madrid), vicepresidente del Centro de Estudios para la Nueva Civilización de Cáceres, presidente de la ONG ASISI durante más de 12 años (2000-13) y vocal del Foro del Ayuntamiento de Madrid para las Migraciones. También es miembro del Observatorio Contra el Racismo y la Intolerancia de la Comunidad de Madrid.

   

 
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