TRIBUNA Carles Campuzano Tiempos de hoy
 
   

                               Nº 1197. 21 de abril de 2017

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Tribuna / Carles Campuzano

‘Operación Diálogo’: operación muerta


La vicepresidenta trataba de representar un cambio de rasante en la estrategia
gubernamental sobre el dossier catalán, en el que constaba un primer fracaso de Rajoy;
no sólo la vía penal y jurisdiccional podía ser útil para el Gobierno de Madrid. Se necesitaba política, y política que aspirase a seducir. Pero la operación nació muerta



La  denominada operación Dialogo con Catalunya murió antes de nacer y los Presupuestos Generales del Estado aprobados por el Gobierno son su certificado de defunción.

A finales del año pasado, y después de cinco largos años de Gobierno sin ninguna iniciativa política de calado, propositiva y en positivo hacia Catalunya,  tan sólo utilizando el Código Penal y el Tribunal Constitucional para hacer frente a la demanda democrática de Catalunya, el Gobierno de Rajoy anunció el inicio de una autodenominada operación Diálogo.  Aterrizó la vicepresidenta del Gobierno en el palacio de la céntrica calle de Mallorca del barcelonés Eixample y pretendió ejercer de virreina. Convocó a líderes de la oposición al actual Gobierno catalán, se entrevistó con representantes de diminutas organizaciones de la sociedad civil críticas con el soberanismo y pretendió impulsar una mayor presencia de los ministros en Catalunya. Se trataba de representar un cambio de rasante en la estrategia gubernamental sobre el dossier catalán, en el que constaba un primer fracaso de Rajoy; no sólo la vía penal y jurisdiccional podía ser útil para el Gobierno de Madrid. Se necesitaba política, y política que aspirase a seducir.

Pero la operación nació muerta. De entrada, por los procesos judiciales puestos en marcha por el Tribunal Constitucional, gracias a las atribuciones que la reforma que el PP introdujo en la X Legislatura. Así, el Gobierno ya se ha cobrado la primera víctima en la figura del electo Francesc Homs, hecho inédito en una democracia avanzada y consolidada, creando un clima político que es cualquier cosa menos propenso a encauzar la solución a un problema político muy de fondo.  Judicializar el conflicto político nunca lo va a resolver. Crispa y excluye.

Pero, además, la operación Diálogo nació muerta porque no hubo nunca propósito de enmienda sobre la política de recentralización autonómica, control financiero de las cuentas de la Generalitat, mantenimiento del expolio fiscal, ausencia de reconocimiento nacional y homogenización cultural y lingüística que han caracterizado la política del PP sobre Catalunya en los últimos años. Se anunciaba un cambio de política que nunca fue real y de fondo.

Y la contradicción entre el discurso y la realidad llegó pronto. El 28 de marzo Rajoy convocó al mundo económico catalán para anunciar una política de inversiones en infraestructuras esenciales para la competitividad de la economía y la vida cotidiana de los ciudadanos, tales como los trenes de Cercanías y el Corredor Mediterráneo. Nada nuevo de aquello comprometido y no ejecutado en los últimos años, pero vuelto a presentar con pompa y solemnidad. No sé si nadie se lo creyó en Catalunya, pero sólo cuatro días después, el 31 de marzo, el ministro Montoro presentó el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado y la historia se acabó.

La inversión pública del Estado prevista en Catalunya disminuía un 2,5 %, con un gasto por habitante por debajo de la media española; y eso después de años de recortes  presupuestarios y de un vergonzante grado de ejecución de aquello efectivamente presupuestado.

Si la operación Diálogo pretendía cambiar el tono y la perspectiva del debate sobre las relaciones entre Catalunya y el conjunto del Estado, los presupuestos de Montoro han certificado que, hoy por hoy, eso es una quimera y han certificado que esa voluntad de rectificación nació muerta

 

 

Firma

Actual portavoz del PDeCAT en el Congreso de los Diputados. Licenciado en Derecho, trabajó entre 1986 y 1992 en el Departament de la Presidencia de la Generalitat de Catalunya. Ha sido secretario general (1989-1994) y presidente (1994-1996) de la Joventut Nacionalista de Catalunya, concejal del Ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú (1987-1991), diputado en el Parlament de Catalunya (1992-1995) y diputado en el Congreso desde 1996, además de miembro del Consell Nacional de Convergència Democrática de Catalunya hasta que se refundó en el Partit Demòcrata Europeu Català (PdeCat).

   

 
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