POLITICA PSOE Tiempos de hoy
 
   

                              Nº 1197. 21   de abril de 2017

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Díaz, Sánchez y López difieren tanto en estilo como en programas y estrategias

Tres PSOE se miden en las primarias

Ortodoxia. Radicalismo. Tercera vía. Tres conceptos que parecen ajustarse al perfil de cada uno de los tres principales precandidatos en liza –Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López– en las primarias del PSOE previstas para el mes de mayo. Unas definiciones que, sin embargo, no terminan del todo de dar cuenta del abismo que, en muchos casos, separa a los tres aspirantes a la Secretaría General del Partido Socialista. Estas diferencias, a punto de entrar en una fase decisiva de la campaña, con la recogida de avales, lejos de matizarse parecen ir en aumento. Se perfila así una batalla encarnizada entre los tres candidatos por imponer su propia y personal visión de lo que debe ser el PSOE del futuro.


Los primeros escarceos entre los precandidatos Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López no son más que el aperitivo de la batalla a cara de perro
que se avecina por conquistar la Secreataría General del PSOE.

C. M.

Superada, en principio, la batalla de la financiación, estamos ahora de lleno en la guerra de los avales. Y, dentro de poco, en la del censo. La campaña para las primarias del PSOE, cuya celebración está prevista para dentro de poco más de un mes, además de ser un auténtico maratón – ya han pasado tres meses desde que el vasco Patxi López anunciara que se presentaba– se están convirtiendo en una guerra sin cuartel cada vez más tensa entre los candidatos, donde cada declaración es considerada como un acto de guerra merecedor de respuesta contundente.
Entre los últimos ejemplos, el escaso feeling en el homenaje barcelonés a la desaparecida Carme Chacón, que hasta impidió una foto de los tres candidatos juntos. Incluso en tan solemne ocasión, no faltaron los reproches a raíz de la detención del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. El sector afín a Susana Díaz reprochaba con no poca acritud a Sánchez el haber prescindido por las bravas del anterior responsable del PSOE madrileño, Tomás Gómez, a pesar de que había sido uno de los más activos enemigos de González en su etapa como presidente de la Comunidad de Madrid y del Canal de Isabel II.

Otro buen ejemplo fue, días antes, la reciente bronca pública surgida entre los tres candidatos, a raíz de la entrevista a Pedro Sánchez emitida el lunes en Tele5. En ella, el exsecretario general socialista no solo se limitaba a hablar de su proyecto, sino que lanzaba durísimas andanadas a sus contrincantes. Por un lado, advirtiendo que, si ganaba Susana Díaz, el PSOE quedaría como tercera fuerza. Por el otro, ninguneando a Patxi López – “Sólo hay dos modelos que se enfrentan”–, al tiempo que sugería que el vasco carecía de proyecto político claro.

Las respuestas de sus oponentes fueron inmediatas. Mientras López echaba mano de su habitual ironía y contención para responder – “Un poquito de humildad no le vendría mal", apuntó–, la andaluza ponía en marcha su artillería pesada. “La única vez que he sido candidata en unas elecciones las he ganado y bien, por 10 puntos al PP y por 20 a Podemos", dijo en pleno mitin en la madrileña localidad de Alcalá de Henares. Un remache a su estrategia de presentarse como encarnación del “PSOE ganador”, sacando así lustre al hecho de que Andalucía, aún en los peores momentos, se ha mantenido como el feudo socialista por excelencia. Mientras, desde su candidatura, sus aliados remachaban el mensaje, con tweets como el lanzado por el ex ministro José Blanco, quien aseguraba que “Lo cierto y verdad es que Pedro Sánchez perdió dos elecciones, con los peores resultados del PSOE y Susana las ganó. En perder no es nuevo.”

Ejemplos como esta pelea ya se han producido antes, y se seguirán produciendo, señalan los expertos, que vaticinan una campaña dura y, probablemente, con tono cada vez más crispado. “Enfrentamientos tan duros como estos – señala un analista político, cercano al PSOE- son más propios de una campaña electoral al uso, donde se enfrentan partidos ideológicamente diferentes, que, de unas elecciones internas en una formación política, cuyos dirigentes, en principio, comparten una misma base ideológica. Esto da una dimensión del tremendo abismo que separa a los tres candidatos”.

Distintas estrategias, políticas y talantes
Un abismo que no solo abarca el proyecto interno de partido, sino también, y, sobre todo, la estrategia de alianzas, la política económica, el diseño territorial y hasta el concepto de sociedad que se quiere alcanzar. Y también, el propio talante. “Sería difícil –explica la mencionada fuente– encontrar a tres aspirantes más diferentes no ya como políticos, sino como personas. Y con tanto bagaje de reproches a sus espaldas. Esto convierte la campaña en un asunto político, pero también muy personal. Y eso se nota”. Este elevado tono de crispación es, entre otros, el que ha llevado a la propia UGT a poner firmemente coto a cualquier intento por parte de sus dirigentes a alinearse de forma pública con uno u otro de los aspirantes, con el fin de comprometer la neutralidad de la central sindical ante el proceso interno del PSOE.

En cuestión de talante y personalidad, las diferencias –y algunas similitudes– entre los tres principales pre candidatos –hay otros cuatro, aunque sin muchas posibilidades de lograr los avales necesarios– son más que evidentes. El vasco Patxi López es quizás el que mejor juega la baza de la diferenciación, al apuntar un estilo que se encuentra a años luz de sus contrincantes. Prefiere los actos con pocos participantes, más cercanos y que poco tienen que ver con los multitudinarios mítines sobre los que Pedro Sánchez, y, sobre todo, Susana Díaz apoyan buena parte de sus respectivas campañas. Paralelamente, López es casi siempre el que intenta terciar en las peleas de declaraciones, no añadir leña al fuego y presentarse como la única opción capaz de unir –su meta es atraer a los votantes que rechazan la confrontación–, lejos del tono agresivo que en ocasiones adoptan Susana Díaz y, sobre todo, el madrileño Pedro Sánchez quien, en su primer mitin como precandidato oficial, se reivindicó como abanderado de la izquierda, al tiempo que pedía que se celebraran unas primarias "limpias de insidias e insultos".

En esta línea, López, que encarnaría la representación de una izquierda clásica, es quien intenta mantener un punto intermedio en lo que a modelo de partido se refiere. Mientras coincide con Sánchez en apoyar las consultas directas a la militancia –aunque en el caso de López, con el matiz de que las consultas se producen "mediante convocatoria de órganos colegiados y no unipersonales"–, de forma que sean obligatorias para aprobar o rechazar los acuerdos o coaliciones de gobierno, propone un partido más democrático en su funcionamiento, pero que huya de “asamblearismos estériles”, reivindicando un PSOE autónomo, tanto del PP y como de Podemos. Exige que el candidato que gane las primarias –a doble vuelta–cuente con los demás, y a los que pierdan que renuncien a organizar movimientos de oposición interna.

Sánchez, mucho más heterodoxo en sus planteamientos, solo reconoce un camino para el partido: el de la izquierda. Y aunque no menciona a Podemos, sí habla de una "nueva coalición progresista liderada por una socialdemocracia liderada con nuevas formaciones de izquierdas que hayan madurado en sus planteamientos". Esta, junto con la de la Renta Básica y el Impuesto Negativo sobre la Renta, fue una de las propuestas que más llamaron la atención en el programa del exsecretario general. Sánchez dejaba claro también quiénes eran los adversarios del socialismo: el neoliberalismo y el PP.

Y si para Sánchez la militancia “se empodera”, incluso con mecanismos para la "remoción de cargos" y debe tener la última palabra en política de pactos, incluyendo el voto de los simpatizantes en la elección de candidatos, Susana Díaz encarna un modelo de partido más disciplinado –o autoritario, dirían sus críticos– y más uniforme. Aunque la andaluza aún no ha presentado un programa propio oficial, lo más probable es que termine asumiendo el que todos consideran como obra suya: la ponencia marco del 39 Congreso, elaborada, en su parte económica, por su gurú en la materia, José Carlos Díez, y en su parte política por uno de sus más valiosos aliados – no en vano, es el eslabón que garantiza la fidelidad de los “zapateristas”-, Eduardo Madina.  

Participación o asamblearismo
En esta ponencia –que encargó la Gestora con la misión de “centrar” el PSOE tras la radicalización que supuso la etapa de Sánchez–, se habla, entre otras cosas, de “conciliar la participación de la militancia sin caer en un asamblearismo ajeno no solo a la tradición del PSOE, sino que se aleja también de los usos de la democracia representativa.” El texto habla de la necesidad de dotarse de “un procedimiento que permita convocar consultas a la militancia”, si bien matiza que hay que precisar cuándo y para qué, así como “delimitar los órganos competentes para su convocatoria”. En este sentido, es bien conocida la renuencia de la propia Susana Díaz a procesos participativos como las primarias, demasiado imprevisibles.  De hecho, la ponencia, que reconoce distintas formas de afiliación, militante, afiliación directa y simpatizante, se advierte que el proceso de las primarias “ha de ser compatible con la idea de que el voto directo al liderazgo de partido, no disuelva ni debilite el trabajo que compete al conjunto de la organización.” Una clara advertencia de que la autoridad seguirá en manos de la dirección del partido.
Y si en el modelo de partido hay diferencias importantes, el territorial no es menos. Recuperar el Estatut de la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero e impulsar una reforma constitucional, cerrando la puerta al referéndum, son parte de las recetas esgrimidas por los redactores de la Ponencia política del PSOE. Díaz, en este terreno, siempre ha sido poco partidaria de aventuras territoriales, prefiriendo abogar por la unidad de España y en contra de las tentaciones rupturistas. Sánchez y López también reconocen la necesidad de reformar la Constitución. Pero el vasco, sin salirse de la Declaración de Granada, y sin reconocer a Cataluña como nación, como hace Sánchez, habla de reformar el Senado para adaptarlo a un modelo federal.

 
 
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