TRIBUNA Pablo Bustinduy Tiempos de hoy
 
   

                             Nº 1200. 12 de mayo de 2017

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Tribuna / Pablo Bustinduy

Mauthausen y nuestro legado democrático



Es el primer deber democrático, la primera exigencia moral, honrar la memoria
de quienes dieron su vida en Mauthausen para defender la libertad y la justicia contra
el fascismo. Es un deber y una exigencia trabajar para construir un país y un continente
a la altura de lo que ellos desearon, imaginaron y defendieron.

El pasado domingo 7 de mayo, mientras Francia caminaba en la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales por el linde de la barbarie, tuve el honor de participar en la ceremonia internacional por el 72 aniversario de la liberación del campo de concentración de Mauthausen.

7.000 compatriotas perdieron allí la vida asesinados por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. La mayoría fueron deportados desde Francia, donde se habían unido a la Resistencia tras haber combatido en defensa de la democracia en España. Casi todos habían estado internados antes en campos como el de Argèles-sur-Mer, por el que pasaron más de 200.000 hombres y mujeres españolas. Algunos de aquellos hombres llegaron a liberar París al frente de La Nueve. Su estandarte sigue desfilando con honores cada año por los Campos Elíseos.

En el campo de Mauthausen los deportados españoles no llevaban el triángulo rojo que identificaba a los presos políticos en los campos de concentración. Llevaban como identificativo un triángulo azul, que era el color reservado a los apátridas. La dictadura, como es conocido, se había negado a reconocerles su condición de españoles y los había abandonado a su suerte. Pero por alguna razón los nazis inscribieron sobre ese triángulo azul una S blanca para los españoles. Les llamaban Rotspanier, los españoles rojos.

En esa contradicción se refleja algo del inmenso poder de resistencia que sigue respirando en el legado de los antifascistas españoles. Hoy su historia desafía como el primer día el abandono, la represión y el olvido de una patria que sigue sin honrar debidamente a sus muertos. Pero aún hoy hay algo en esa resistencia que es capaz de quebrar cualquier silencio y cualquier olvido. Algo que no habla sólo del pasado, sino que apunta, como un deber, esencialmente hacia el futuro.

Es el primer deber democrático, la primera exigencia moral, honrar la memoria de quienes dieron su vida para defender la libertad y la justicia contra el fascismo. Es un deber y una exigencia trabajar para construir un país y un continente a la altura de lo que ellos desearon, imaginaron y defendieron. En esta hora turbia, cuando por todo Europa emergen como pesadillas brotes de autoritarismo y xenofobia, ese es el mejor homenaje que podemos hacerle a todas las víctimas del fascismo.

 

Firma

Estudió Ciencias Políticas y Humanidades. Completó su formación en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la New School for Social Research de Nueva York. Ha trabajado como profesor de Filosofía en varias universidades norteamericanas y como ensayista, traductor y editor de obras relacionadas con la filosofía, la economía y el pensamiento político. Regresó a España dos veces: durante el 15-M y cuando nació Podemos. Desde entonces ha trabajado coordinando la delegación en el Parlamento Europeo y desde marzo de 2015 dirige la Secretaría de Relaciones Internacionales. En diciembre de 2015 volvió a Madrid para presentarse en las listas al Congreso para las Elecciones del 20-D. Desde entonces es Diputado por Madrid y Portavoz del Grupo Confederal de Unidos Podemos en las Comisiones de Asuntos Exteriores y Unión Europea.

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