TRIBUNA José García Abad Tiempos de hoy
 
   

                             Nº 1201. 19 de mayo de 2017

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Sin Maldad / José García Abad

Esto no es nada comparado
con cuando los de Prieto y Largo Caballero se perseguían a tiros


EUROPA PRESS

Sostengo, contra la opinión predominante entre mis compañeros, que el debate entre los tres tenores, a pesar de su dureza, ha contribuido a mejorar la salud del enfermo. Se han dicho lo que tenían que decirse sin cortarse un pelo, se han desahogado y han clarificado el ambiente como en la calma que sucede a la tormenta. El hecho de que los tres candidatos aseguraran que si ganaban llamarían a los contrincantes y que si perdían prometían lealtad a la nueva dirección, me parece un signo esperanzador

No voy a negar a estas alturas que el PSOE pasa por uno de los peores momentos de su historia, pero creo que se exagera el riesgo de escisión y mucho más el de desaparición que enarboló Patxi López, creo que intencionadamente, en el debate de los tres candidatos a la Secretaría General del partido.

Una mirada a la historia centenaria de este partido muestra que su pasión tras el golpe del 1 de octubre contra Pedro Sánchez, que no es baladí, queda, sin embargo, muy por debajo en intensidad dramática de otras crisis del pasado. Este partido, muchas veces al borde de la ruptura y de la desaparición, tras el fallecimiento del fundador y referente indiscutido, Pablo Iglesias, ha demostrado solidez a lo largo del tiempo o, al menos, escasa propensión al suicidio.
El demoledor espectáculo representado el pasado 1 de octubre en Ferraz estuvo cerca de conseguirlo. Entonces sí  se podía augurar la escisión o muerte  del Partido Socialista que profetizan hoy con menos fundamento la mayor parte de los comentaristas de prensa. El PSOE, que como diagnosticó Susana Díaz está “malito”, ha pasado de la UCI a planta siete meses y medio después de aquel lamentable Comité Federal.

Sostengo, también contra la opinión predominante entre mis compañeros, que el debate del día de San Isidro entre los tres tenores, a pesar de su dureza, ha contribuido a mejorar la salud del enfermo. Los tres se han dicho lo que tenían que decirse sin cortarse un pelo; se han desahogado clarificando el ambiente como en la calma que se produce después de la tormenta.

El hecho de que cada uno se comprometiera a que si ganaban llamarían a los otros contrincantes para que el partido siga adelante, asumiendo en buena lid su derrota los derrotados, que prometen lealtad con la dirección que saliera de las primarias, me parece esperanzador.

Ya hubiera querido la parroquia socialista de antaño que Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero hubieran llegado a un compromiso similar en lugar de que sus respectivos partidarios se persiguieran a tiros por las calles de Madrid.

La historia del PSOE no es pacífica. Tuvo que contemplar, por ejemplo, cómo Santiago Carrillo se llevaba las Juventudes Socialistas al Partido Comunista para la desesperación de su padre, Wenceslao Carrillo.

Pero sólo sufrió una escisión, resuelta rápidamente, cuando Felipe González y Alfonso Guerra dieron un golpe de mano contra Rodolfo Llopis, el custodio de las sagradas siglas en el exilio. Los sevillanos, recién llegados, lograron hacerse, con armas de discutible limpieza, con el control de la marca, mientras Llopis seguía con su tienda, su consejo de ancianos y sus sellos hasta después de las primeras elecciones democráticas libres en España.
Enrique Tierno, un personaje singular que había recalado en el PSOE, había sido expulsado del mismo y volvió integrando en el mismo al partido que había fundado, el PSP, ha dejado escrito que él podía haberse hecho con las siglas pero que no lo hizo porque se lo impedía su criterio ético: “Nos dijeron desde Toulouse –afirma el Viejo Profesor en sus Cabos Sueltos– que un conjunto de gentes jóvenes que pertenecían desde hacía poco tiempo al Partido Socialista Obrero Español, en alianza con algún sector del Comité  Ejecutivo antiguo, preparaban un golpe de mano”.

El duodécimo congreso en el exilio –el 25 de la historia del PSOE– fue el de la escisión. Los renovadores consiguen la aquiescencia del interior y de gran parte de los exiliados –el poderoso grupo de socialistas mexicanos se mantuvo con Llopis– y cuentan con el apoyo de algunos budas del exilio como Juan Iglesias, que había ingresado en el partido en 1929, y Julio Fernández, y lo que es más importante, con el apoyo inicialmente dubitativo –se esforzó porque no se rompiera el partido– de un histórico de una gran autoridad moral entre los exiliados: Ramón Rubial, que había pasado veinte años de su vida en las cárceles franquistas y que en varias ocasiones se había negado a ser presidente del partido.

La legalidad del congreso convocado por los renovadores para el mes de agosto de 1972 es dudosa, pues quien tenía autoridad para convocarlo era, según los estatutos, el secretario general, Rodolfo Llopis. Sin embargo, éste no tenía autoridad para desobedecer el mandato de la Ejecutiva, que había decidido por mayoría que Llopis lo convocara para los días 1, 2 y 3 de abril de 1972. Como Llopis no movía un dedo para convocar el congreso, el 8 de julio, tres miembros de la Ejecutiva, Juan Iglesias, del exterior, y Enrique Múgica y Eduardo López Albizu, del interior, firmaron la convocatoria para los días 13 al 15 de agosto. Llopis calificó el congreso de faccioso y convocó su propio congreso para diciembre, que no llegó a ninguna parte.

El partido no se rompió cuando Felipe González, el refundador, dimitió cuando en junio de 1979, en el 28 congreso, decidió jubilar a Carlos Marx.

«Aquello fue muy duro –me recordaba José María Benegas, Txiki para mi libro El hundimiento socialista –.Yo estaba en la comisión política y perdíamos todas las votaciones. Había un delegado que increpaba a Felipe: “Pero tú, ¿qué dices de la clase trabajadora? Si tú no has puesto un clavo en tu puta vida”. Otro le llamó pequeñoburgués”. No había manera de controlar aquello.» Felipe echó un órdago y lo ganó. Dimitió para volver poco después a hombros de los mismos que lo habían forzado a renunciar.

Lo peor que le puede pasar al PSOE de 2017 no son los navajazos a los que estamos asistiendo, sino la vida vegetativa, la caída de pulso a la que parece que se han aclimatado muchos aparatchik cuyo nivel de vida caería drásticamente fuera del partido. Lo peor será una agonía lenta, una muerte por consunción interna. El conflicto es vida, aunque hay que cuidarse de las sobredosis.
 

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

 

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