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                             Nº 1203. 2 de junio de 2017

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Política / Manuel Capilla

Las propuestas de Sánchez para virar al PSOE a la izquierda sacuden a Podemos

Pedro… ¿el Rojo?

La victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE reconfigura el espacio de la izquierda en España y reabre la batalla con un Pablo Iglesias que había planteado buena parte de su estrategia desde Vistalegre II basándose en la victoria de Susana Díaz. Aunque todavía está por ver hasta qué punto se concreta el giro a la izquierda de Sánchez, las enmiendas introducidas por los suyos de cara al Congreso Federal parecen dejar a Podemos con menos argumentos para cargar contra la “triple alianza” PP-PSOE-Cs en la que han basado su oposición desde la investidura de Mariano Rajoy. La moción de censura dará el pistoletazo de salida en la carrera por ocupar el espacio de principal fuerza de la oposición.


El líder de Podemos había formulado su estrategia en base al triunfo de Susana Díaz en las primarias. / FERNANDO MORENO

La victoria de Sánchez ha pillado a contrapié a Iglesias, que vuelve a tener que disputar el liderazgo de la oposición   El PSOE parece abandonar el reformismo para tener como “adversario” al “capitalismo neoliberal"

Pocos esperaban que Pedro Sánchez se llevase el gato al agua en las primarias socialistas. Tampoco en Podemos, que había diseñado su estrategia en Vistalegre II en base a la abstención del PSOE y al final definitivo del reparto de papeles antagonistas entre el PP y los socialistas. Como expresaba Iglesias en el documento político que él mismo redactó de cara a la Asamblea Ciudadana, con el acuerdo de la gestora con el PP “se acababa el sistema del turno y se abría un nuevo espacio de oposición que solo podíamos ocupar nosotros”. “Es imposible ser oposición al PP entregándole el gobierno al PP, del mismo modo que para nosotros hubiera sido imposible ser la oposición al PSOE entregándoles el gobierno; la oposición hubiera sido el PP y el turno se habría mantenido”, razonaba Iglesias. Así que la victoria de Sánchez ha pillado con el pie cambiado a Iglesias y su equipo, que ahora vuelven a tener que disputarle el espacio de principal fuerza de la oposición con un PSOE en el que Sánchez ha impreso, a priori, un fuerte giro a la izquierda.  

Es más, Pedro Sánchez ya ha puesto ‘oficialmente’ rumbo al electorado de Podemos. Y es que el pasado jueves el secretario general de los socialistas afirmaba ante los medios en su visita  la Feria del Libro de Madrid que “yo, en particular, me siento muy próximo a los votantes de Podemos”. Al rebufo de la táctica que ya utilizó Iglesias antes de las elecciones, cuando aseguraba que “no me llamo Pablo Iglesias por casualidad” y señalaba a Podemos como la verdadera opción para los “socialistas de corazón”, Sánchez ha abierto la veda y abandonado la posición defensiva para ir a por los simpatizantes del partido morado. Una estrategia de dos direcciones de la que difícilmente puede salir algún tipo de acuerdo entre los dos partidos a medio plazo.



No hay que perder de vista que Sánchez, en el programa que presentó el pasado mes de febrero en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, apostaba, sin mencionar explícitamente a la formación morada, por “trabajar por una nueva coalición progresista liderada por una socialdemocracia renovada, en alianza con nuevas formaciones de izquierdas que hayan madurado en sus planteamientos y con los demócratas”. Finalmente, en el texto definitivo con el que ha concurrido a las primarias, que recoge las aportaciones de los militantes, el nuevo secretario general matiza y apuesta por una “alianza social de progreso” desde la “autonomía del proyecto socialista”. Un matiz que parece descartar un acuerdo a corto plazo con un Iglesias cuyo principal objetivo sigue siendo “impulsar un bloque político y social, de carácter popular” para alcanzar el tan ansiado sorpasso.

Así las cosas, el entendimiento sigue siendo muy complicado, a pesar de que Sánchez ha colocado al PSOE muy cerca de muchas de las posiciones políticas de Podemos. Habrá que ver hasta dónde llega ese giro a la izquierda, pero por el momento, las enmiendas que el equipo de Sánchez ha presentado a la ponencia marco redactada por la gestora suponen una radicalización que, en algunas cuestiones, llama mucho la atención. Y es que el documento de enmiendas, que se corresponde casi en su totalidad con el programa con el que Sánchez concurrió a las primarias, el PSOE parece cruzar la frontera entre un partido reformista y otro que aspira a cambiar el modelo económico y social actual. De hecho, el texto subraya que “el socialismo democrático español tiene dos adversarios: uno ideológico, el neoliberalismo, y otro político, el Partido Popular, frente a los que el PSOE tiene que construir una nueva alternativa”.
Esa posición resalta aún más si se tiene en cuenta el carácter mucho más tibio en comparación que tiene la ponencia marco redactada por la gestora, que no menciona de forma tan contundente esa crítica hacia los efectos del neoliberalismo y que centra su crítica en los “proyectos conservadores, de reacción ante los cambios y el progreso social” y en los “proyectos rupturistas que se alimentan del conflicto”. Ni siquiera Podemos llega tan lejos en esa crítica abierta a los efectos del neoliberalismo. En el documento político que salió avalado por los inscritos en Vistalegre II, las menciones que se hacen a él aparecen en el análisis que se hace del contexto histórico de las últimas décadas, porque el objetivo de ese documento es subrayar que el objetivo de la formación morada es colocarse como el referente de la oposición, como “alternativa ideológica, cultural, programática y de Gobierno al PP”. 

Aún así, entre las nuevas propuestas de Sánchez existen muchos aspectos en común con los de Podemos. Uno de los principales es el relativo a la Renta Básica, que va más allá del “Ingreso Mínimo Vital” que recogía el secretario general en su programa electoral –y que también defendía la gestora en su ponencia marco-. El documento insta a “progresar en el futuro hacia una Renta Básica”, aunque de momento reforma la propuesta planteando un Impuesto Negativo sobre la Renta que genere el derecho a percibir de la Hacienda Pública unos "abonos por un porcentaje de la diferencia entre los ingresos anuales que sean menores y un mínimo garantizado por persona". Así las cosas, la propuesta se acerca más a la de Podemos, que en su programa electoral preveía un programa de “renta garantizada”, que se fijaría de forma “complementaria con los ingresos existentes”. Aunque este Impuesto Negativo sobre la Renta no es la única de las propuestas económicas redactadas por Manuel Escudero que también se aproximan a Podemos. Por ejemplo, hay amplias coincidencias en materia fiscal, con los socialistas proponiendo una reforma fiscal que aumente los impuestos al ahorro, al patrimonio y a las rentas altas.

Sánchez también se ha acercado mucho a Podemos en el modelo de democracia interna que propone para el PSOE. De hecho, los militantes socialistas contarán desde el Congreso Federal con unas atribuciones que hasta ahora sólo tenían los de Podemos. Así, con el objetivo de evitar sucesos como el del Comité Federal de octubre, los secretarios generales sólo podrán ser revocados de su cargo si así lo aprueban los militantes en votación. También deberá pasar por ese filtro cualquier acuerdo postelectoral y tendrán derecho a elegir a los cabezas de lista de las principales circunscripciones. El modelo ha sido ampliamente criticado desde la gestora y la candidatura de la presidenta andaluza, que siempre ha renegado de  lo que consideran una tendencia “asamblearia”, que no se corresponde con los principios de la democracia representativa y  que algunas voces han calificado de “modelo cesarista”.

El gran objeto de disenso sigue siendo Cataluña. Lejos quedan los tiempos en los que Sánchez aparecía en su proclamación oficial como candidato a la Moncloa, en 2015, con una enorme bandera de España, defendiendo en su programa un “Estado autonómico fundado indisolublemente en la unidad”. Sánchez ha pasado de negarle el carácter de nación a Cataluña a concedérselo. Eso sí, con el apellido “cultural”, que no conllevaría derechos políticos, dentro de un Estado “plurinacional”. En una entrevista concedida a Antena 3, Sánchez explicaba este viraje a Susana Griso señalando que “los políticos tenemos derecho a evolucionar, y si hay una comunidad autónoma en la que he estado estos dos años es en Cataluña y he reconocido su voluntad por ser nación”. Una posición que levanta ampollas en el sector susanista, que en la ponencia marco no va más allá de instar a “proteger” las “identidades culturales” en el marco de un Estado Federal.

Sin embargo, el líder de los socialistas sigue sin contemplar la viabilidad de un referéndum de autodeterminación en Cataluña, como sí hace Podemos. De hecho, Sánchez ya se ha puesto en contacto con Rajoy para trasladarle su apoyo en el conflicto abierto con la Generalitat. Así las cosas, la cuestión catalana, que ya se esgrimió en público como el principal obstáculo para un acuerdo PSOE-Podemos el año pasado, vuelve a aparecer como un escollo insalvable para una relación  en la que, de momento, ni Sánchez ni Iglesias parecen muy interesados en profundizar.


El líder laborista está a sólo tres puntos de Theresa May, según algunas encuestas.

El espejo de Corbyn

Desde la gestora y la candidatura de Susana Díaz se ha comparado a Sánchez con algún ejemplo reciente bastante nefasto para la socialdemocracia europea. Por ejemplo, con Benoit Hamon, que también ganó las primarias del Partido Socialista francés enfrentado a la cúpula del partido y defendiendo un retorno a posiciones de izquierda. Un perfil que no evitó que se estrellara en la primera vuelta de las elecciones presidenciales y que se quedara con un raquítico 8% de los votos. El otro paralelismo que se había trazado con Sánchez recientemente era el de Jeremy Corbyn, apoyado ampliamente por las bases pero ninguneado por los responsables del Partido Laborista durante los últimos años, en buena medida por las negras perspectivas que le dibujaban unas encuestas que le dejaban muy por detrás de Theresa May.
Sin embargo, Corbyn parece estar dando la vuelta a los pronósticos y quitando la razón a aquellos que sostienen que los militantes prefieren a candidatos más radicales que los votantes y que la viabilidad de la socialdemocracia no pasa por una vuelta a las posiciones que izquierdistas que se abandonaron definitivamente en los 90. Y es que a pocos días de las elecciones del 8 de junio, en las que se daba por hecho que May conseguiría reforzar su mayoría en el Parlamento para poder negociar un Brexit ‘duro’, Corbyn ha conseguido recortar esa desventaja, de hasta 15 puntos, hasta quedar casi empatado con la primera ministra, según algunas encuestas. Por ejemplo, The Times publicaba una el pasado jueves que dejaba al líder laborista a apenas tres puntos, con el 39% de los votos frente al 42% de May. Y lo está haciendo con un programa que recoge medidas que no se veían en el laborismo desde hace décadas, como las relativas a las renacionalizaciones de las empresas de energía, agua, ferrocarriles y correos.