La Economía Desde Mi Observatorio / Carlos Berzosa Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1204. 9 de junio de 2017

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La Economía Desde Mi Observatorio / Carlos Berzosa

Un mundo sin moral


Este terrorismo, no se debe olvidar, produce muchos más muertos y heridos en los países subdesarrollados, sobre todo los árabes. Al tiempo, miles de refugiados, que huyen fundamentalmente de la guerra, mueren todos los días en el Mediterráneo, muchos de ellos niños y mujeres embarazadas

El filósofo Jonathan Gover, en su libro Humanidad e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX  (Cátedra, 2001), dice: ” A comienzos del siglo XX había en Europa mucha gente que aceptaba la autoridad de la moral. Pensaba que había una ley moral y que era evidente la necesidad de obedecerla. Inmanuel Kant había hablado de las dos cosas que llenan la mente de admiración y veneración,  ”el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí ”. En Cambridge, en 1895, un siglo después de Kant, Lord Acton, aún no dudaba: “Las opiniones cambian, las costumbres mudan, los credos surgen y caen pero la ley moral está escrita en las tablillas de la eternidad”. A comienzos del siglo XX, los europeos reflexivos podían también creer en el progreso moral y pensar que el vicio y la barbarie humana estaban en retroceso. Al final del siglo es difícil confiar en la ley moral o en el progreso moral”.

A principios del siglo XXI tampoco resulta posible confiar en el progreso moral. El siglo anterior ha sido, sin duda, en el que se han producido más hechos de barbarie en toda la historia, aunque también ha venido acompañado en avances de civilización en algunos países. Como señala Edgar Morín en Breve historia de la barbarie en Occidente (Paidós, 2009) civilización y barbarie siempre han coexistido a lo largo del tiempo. En los comienzos de este siglo, la barbarie continúa con guerras, terrorismo, totalitarismos, inhumanidad ante los refugiados. Las reglas morales no son las que se imponen, sino el desorden. La creencia en el progreso moral ha sido socavada.

El terrorismo yihadista golpea en los países desarrollados y el horror sacude nuestras conciencias al comprobar que se vive en un mundo inseguro sometido a la arbitrariedad de los que cometen estos actos. Pero este terrorismo, no se debe olvidar, produce muchos más muertos y heridos en los países subdesarrollados, sobre todo los árabes.  Al tiempo miles de refugiados, que huyen fundamentalmente de la guerra,  mueren todos los días en el Mediterráneo, muchos de ellos niños y mujeres embarazadas. Los países desarrollados no ponen ningún medio para que esto no suceda. Los que llegan se enfrentan a un conjunto de obstáculos para conseguir el derecho de asilo y mientras tanto viven, en muchos casos, en  condiciones miserables. El terror y el horror son el pan nuestro de cada día.

Otro filósofo, Thomas Pogge, en Hacer justicia a la humanidad (FCE, 2009) plantea: “Estos ensayos tratan de hacer justicia a la humanidad, especialmente a aquellos seres humanos que están sufriendo numerosos tipos de privaciones. Hacerles justicia significa analizar y rebatir  los incesantes argumentos, fabricados por los intelectuales, políticos y burócratas de todo el mundo, que pretenden justificar estas situaciones de privación y opresión”. Una situación en la que tantas gentes padecen hambre, pobreza, violencia de género, malnutrición infantil, analfabetismo, sin acceso a agua potable y a la salud. A lo que hay que añadir la cantidad de refugiados que se están dando por el cambio climático y la degradación medioambiental.

El  capitalismo ha tratado de legitimarse, tras la caída del llamado socialismo real, como  el único sistema posible y factible, capaz de favorecer el progreso y la mejora del bienestar material.  Sin negar los avances conseguidos, sin embargo, actúa rompiendo la ley moral de Kant, favoreciendo el egoísmo individual y la insolidaridad. La miseria convive con la  opulencia. La privación con el exceso de bienes de consumo.  El complejo militar e industrial, que se encuentra detrás de tantas guerras, es un gran negocio. Se permiten los paraísos fiscales y se favorece la desigualdad.
Esta falta de moral  que rige la política y la economía internacional no incluye a todos los ciudadanos, que en gran parte se comportan solidariamente y con gran honestidad ética y que, aunque con su comportamiento y actitud muestran un cumplimento de la ley moral, lo llevan a cabo contra corriente, pero son la esperanza en un mundo que ha acabado con el optimismo reinante a principios de siglo acerca de progreso moral.

 

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Catedrático Emérito de la Universidad Complutense  y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado(CEAR). Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense(1984-1998) y Rector de esta Universidad(2003-2011). A lo largo de su carrera docente ha impartido enseñanzas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Tiene numerosas publicaciones entre las que destacan los libros Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI (Nivola,2002) y los escritos conjuntamente con José Luis Sampedro Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después (Taurus, 1996) y La Inflación (Al alcance de los ministros) (Debate, 2012).

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