Entrevista Luis Bermejo Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1205. 16 de junio de 2017

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Luis Bermejo, actor

“No entiendo cómo la Monarquía sigue vigente en la España de hoy”

La obra ‘El Rey’, que hace dos años se estrenó en el Teatro del Barrio de Madrid, donde se sigue representando, se va a llevar al cine, protagonizada por Luis Bermejo –el Rey–, Willy Toledo y Alberto San Juan, los mismos que la interpretan sobre las tablas. La obra es una sátira a la Monarquía y propone una revisión en profundidad de la Transición, de la que se acaban de cumplir 40 años de sus primeras elecciones, en 1977. Luis Bermejo afirma: “La Monarquía es como una piedra que no dejara avanzar el carro, o como esa piedra que está en el zapato y escuece”


“La obra ‘El Rey’ pretende arrojar luz sobre ese espacio que fue la Transición”   “Felipe González es un personaje que se está devorando a sí mismo”

El Rey dice en la obra: “No quería que los vencedores de la guerra civil se convirtieran en los vencidos de la democracia”.
Hay muchos textos que aparecen en la función, como ese, que son extractos literales de una conversación que Juan Carlos I mantuvo con José Luis de Villalonga y se publicó en el libro Conversaciones con el Rey, un libro estupendo, que no tiene desperdicio, muy inspirador y revelador. Y sí, ese y otros muchos conceptos marcan la Transición. Juan Carlos es un personaje heredero de Franco, es el alumno aventajado de Franco. O por lo menos el alumno que elige Franco para que continúe sobre la senda con el relato que él marca. Juan Carlos I se encarga de pronunciar ese concepto al que usted se refiere, y otros, haciéndose eco de un discurso que viene del franquismo y marca la Transición. Lo que ocurre es que ahora nos toca a todos revisar ese momento. Esta obra, El Rey, pretende arrojar luz sobre ese espacio que fue la Transición. Los espectadores, algunos, saldrán con preguntas, y otros, saldrán con respuestas muy claras.

Hacen ustedes referencia a las muchas desgracias que han sufrido los Borbones a lo lago de la Historia. Dice el Rey en la obra: “Y así, de tragedia en tragedia, hasta llegar aquí”
Sí, es verdad que hay esos avatares muy trágicos en los Borbones. Los Borbones vencen a los Austrias y esa es la Monarquía que tenemos ahora. Y me formula usted esa pregunta y pienso que hoy en día estamos usted y yo hablando aquí de la Monarquía, que es como esa piedra que no dejara avanzar el carro o como esa piedra que está en el zapato y escuece. Deberíamos, creo, entre todos, posibilitar el tránsito de esta Monarquía a otra cosa, que no sé cómo ubicarla porque no soy un técnico de la política. Pero considero que la Monarquía tendría que ubicarse en otro lugar, no en un lugar fundamental. No como el lugar del jefe del Estado, desde luego.

En la función, Franco, al morir, proyecta su sombra sobre Juan Carlos, en una imagen sensacional de la obra. Y ha dicho usted: “Juan Carlos I es un tipo que es cómplice de muchas cosas que pasaron y cómplice y responsable de muchas cosas que pasaron después”.
Yo creo que la Monarquía tiene un grado de responsabilidad muy alto en casos oscuros que se han dado en este país y considero que en estos momentos debería salir a la palestra a dar explicaciones. A mí no me vale cómo se ha resuelto el caso Nóos. O el codazo que le dieron a Juan Carlos I, de pronto se convierte en un rey emérito, no está ahí, se ha ido, y ni siquiera estuvo presente en el acto de coronación de su hijo. Todo se ha intentado dulcificar. Todo se ha intentado magnificar con la coronación de Felipe VI. Y en los últimos tiempos, yo creo que hay una mayoría de gente que quiere saber, que está acercándose a documentos y a obras de teatro como El Rey, a películas, en este campo y en otros muchísimos campos. En el campo de la Monarquía, que aparentemente es representativa, resulta importante saber e ir descubriendo. Yo, lo que no entiendo, es cómo puede estar la Monarquía vigente en España hoy en día.

La obra lanza muchos interrogantes sobre la participación auténtica de Juan Carlos I el 23-F.
Yo, después de acercarme a varios documentos que pueden arrojar luz sobre esa imagen, o idea, que nos han vendido del Rey como salvador del 23-F, yo no me lo creo. Me suena más a algo orquestado, con mucha más gente en el juego. Lo que no ha quedado claro es el papel exacto que jugó la Monarquía en ese momento. Y lo que hace nuestra función teatral es sugerir un interrogante. Nada está claro. Y, como según parece, no van a desclasificarse los papeles del CSIC, no vamos a poder enterarnos nunca de lo que realmente ocurrió. Y algunos próceres del franquismo y de la Transición, como el general Armada, se han ido y no han hablado. Hay ahí como un pacto de silencio. Yo creo que este país es un potro de tormento silencioso. Y a mí me gustaría saber. No hay que tener miedo. Aunque yo soy un hombre con mucho miedo. Lo reconozco. Me anula el miedo. Pero hago lo posible para no tener miedo. En ese sentido me gustaría que mucha gente viera esta función de teatro. Y ahora vamos a hacer una película basada en la obra teatral. La función de El Rey se acerca al monarca con mucho respeto, para nada con una burla mordaz y sangrienta, todo lo contrario, el objetivo reside en arrojar luz sobre numerosos aspectos de los últimos 40 años del Rey en España, y otros que tienen que ver con la Transición. Hay una frase de Oscar Wilde que cuadra perfectamente con esta función. Dice Wilde: “Si quieres que los demás conozcan la verdad, hazles reír. Si no, te matarán”. Parece que ya no te matan, pero te mandan a la cárcel. A los titiriteros, a los tuiteros, que a través de sus chistes lo que quieren es hacernos reír. Y ya, ni eso vale. Y en esta función tratamos de hacer reír. Es una sátira. Está todo en clave de comedia. A través del humor se esclarecen muchas verdades. Y, como decía Oscar Wilde, no te matan. Creo que el Teatro del Barrio en general, y este espectáculo, en concreto, se aproximan con un humor inteligente y con mucho respeto a lo que tratan. Y muy concienciados de lo que estamos haciendo y diciendo. Y tratamos todos los días de redescubrir la escena para acercarnos a ella con absoluta organicidad, con credibilidad, y con honestidad. Todo el trabajo lo abordamos desde la honestidad.

El Rey se va a llevar al cine. ¿Va a ser teatro filmado? ¿Cuál será el lenguaje de la película?
Todavía no le puedo dar un adelanto exacto de cómo va a ser la película. Me consta que se va a hacer con muchísimo amor por el tema. Que se va a filmar con cámaras de última generación, que habrá una importante inversión en la producción. Y se va a cuidar, se va a capitalizar. Cada uno de nosotros va a invertir con su trabajo. Y del estilo le puedo hablar poco porque casi no hemos arrancado aún. Yo intuyo que no va a ser estilo Estudio 1. Pretende ser algo novedoso. La película se va a rodar en el Teatro del Barrio, en el escenario en el que representamos cada noche la función. Y la película la vamos a hacer Alberto San Juan, Willy Toledo y yo, los mismos actores que originalmente estuvimos en la función de El Rey. Tanto Willy como Alberto van a seguir siendo esas sombras que planean en torno a la figura del Rey, que se despierta en medio de esos estertores terribles, y van a encarnar a todos los personajes que interpretan en la obra, a Suárez, a Carrero Blanco, a Felipe, a  Franco, a Don Juan de Borbón, a Juan Luis Cebrián, a Chicho Sánchez Ferlosio. Hemos ensayado por secuencias los planos que se van a hacer, cómo se va a hacer. Pero la narrativa cambiará respecto a la función de teatro, porque el lenguaje será cinematográfico.  

¿En qué medida el éxito de Ruz-Bárcenas, otra producción del Teatro del Barrio, ha influido para que la obra El Rey sea trasladada también al cine?
Evidentemente supone un referente. Ruz-Bárcenas me pareció una función de teatro estupenda, y la película, que la vi, extraordinaria. Es ese tipo de trabajos que resultan inagotables en la investigación. Es una maravilla poder cambiar el lenguaje y llevarlo al cine, como en el caso de Ruz-Bárcenas. Pero con El Rey, el objetivo consiste en hacer otra cosa diferente. Es teatro, y se va a rodar en un teatro, en Ruz-Bárcenas se trasladó la acción a una sala de audiencias, y aquí todo va a ser en el propio teatro. No se va a perder de vista ese lugar aparentemente atemporal que sugiere el teatro. Esas paredes, ese sitio como de juicio final que se hace al Rey.

¿Qué opinión le merece el teatro periodístico que reivindica Alberto San Juan?
Yo lo llamaría teatro documental. Se trata de piezas didácticas, al estilo de Bertolt Brecht. Me parece que es un teatro necesario. Y lo que aporta Alberto San Juan como novedad es poner fechas y nombres propios a ese teatro documental. Porque a veces eso nos sacude de una manera especial. No hay ahora mismo una cosa igual, yo no veo un teatro que sacuda así, que la realidad de ese momento te menee así como te menea este teatro. No ocurre eso en el teatro actual. Normalmente son ficciones muy buenas en las que el espectador asiste y entra en el juego de tú eres actor y yo espectador. Ya se me ha anunciado que voy a ver a Tennesse Williams, La cantante calva, o lo que sea. Pero aquí, este teatro apela a ti como espectador, y a ti como ciudadano. Te convierte en un elemento activo de la función. No estás quieto ahí. Te revuelves. Para bien o para mal. Mucha gente ha visto esta función y no ha aplaudido. Bueno, pues algo les ha pasado. Me gustaría saber qué. Me gustaría haber podido discutir con ellos y conocer sus impresiones. Y contrariamente a lo que mucha gente pudiera pensar, en muchos lugares de España donde ha estado El Rey que pareciera que son monárquicos o afines a la Monarquía, se han puesto al final de la representación en pie 400 personas y han aplaudido a rabiar. El Rey es un espectáculo que te sacude, y eso está muy bien.
 
En la obra rompen la cuarta pared. Y usted, como el Rey, se acerca a un espectador a que le bese la mano. El día que asistí a la función, el espectador se negó. ¿Otros le han besado la mano?
Sí, sí, mucha gente, muchísima.

Willy Toledo convierte a Felipe González en uno de los personajes más antipáticos de la función.
Eso tendría que preguntárselo usted a Willy y al propio Felipe González. Yo creo que González es un personaje que se está devorando a sí mismo. Es como estos personajes que de pronto les escocía algo insólito dentro de ellos mismos, y les ves que se están camuflando, pareciera como si ya no pudieran disimular más, como si hubiesen llegado al tope. Pero yo no sé qué tiene que disimular Felipe González. Habría que hacer otra obra exclusivamente sobre Felipe González y que la haga Willy Toledo.

Las bofetadas

Usted mantiene vivo con éxito desde hace tiempo el espectáculo El minuto del payaso, que se estrenó en el Teatro Español de Madrid. El payaso es el que recibe las bofetadas.
Bueno, el bufón también puede recibir las bofetadas. En realidad, todos podemos recibir las bofetadas. Podríamos disertar durante mucho tiempo sobre los payasos y sobre los bufones, sobre el cara blanca, sobre el Augusto, y sobre la necesidad de los payasos. Yo soy hijo de los payasos de la tele. Y de Charlie Rivel. Y también de Pepe Viyuela. Mi espectáculo es un homenaje a los payasos, y también al mundo del circo. Pero sobre todo a los payasos. Hay un poema de León Felipe, que creo que se titula El circo, que se refiere al payaso de las bofetadas, y dice, más o menos: “Yo me quito y me pongo el sombrero como me da la gana/. Yo inventé la doble pirueta con llanto/. Mis lágrimas tienen la misma edad que la Tierra”. Me parece que el payaso es necesario en cada uno de nosotros. Creo que tenemos que mirar a nuestro ridículo con honestidad, entendiendo el ridículo sin sentirnos culpables, no hay que sentirse mal por tu propio ridículo, no, no, al contrario, uno se tiene que reír.