La Economía Desde Mi Observatorio / Carlos Berzosa Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1205. 16 de junio de 2017

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Tribuna / Hassan Arabi

Marruecos y las protestas del Rif


La degradación de los partidos políticos dejó vía libre a los islamistas, que con la destrucción de los puestos de trabajo y el encarecimiento de la vida, la corrupción y demás calamidades han ahogado más a la clase social más pobre, que no tuvo más remedio que salir a las calles para desahogarse y no morir asfixiada

Las protestas que llevan más de seis meses en la zona central del Rif, un territorio del antiguo protectorado español, se están convirtiendo en un quebradero de cabeza para las autoridades de Rabat. Más protestas y más acusaciones y contra acusaciones entre las fuerzas políticas del país,  mientras el movimiento rifeño está cosechando más apoyo dentro y fuera del país, más simpatizantes que califican sus reivindicaciones de justas más allá de las interpretaciones que surgen de aquí y de allá. ¿Qué es lo que está pasando realmente en Marruecos?

“Todos somos cobardes y no hemos estado a la altura para bajarnos a la calle y escuchar a los manifestantes que llevan más de seis meses en las calles”. Así fueron de claras y contundentes las palabras del líder del primer partido de la oposición del país, el señor Ilyass El Omari, en una entrevista emitida por el primer canal de televisión del país. Y no le faltó razón. La clase política marroquí no está a la altura de las expectativas de los más de 35 millones de marroquíes que aspiran a una vida mejor, una justicia social y una equidad.

En los últimos 15 años, Marruecos ha hecho grandes avances a nivel de infraestructuras, y el país está cobrando otra imagen a nivel macroeconómico. Unos proyectos amparados por las altas instancias del estado no han sido acompañados por una agilidad política suficiente como para traducir estos proyectos en beneficio de una población necesitada de puestos de trabajo, y de buenos servicios en materia de educación y de sanidad, sobre todo.

Una clase política mediocre, con un gobierno islamista a la cabeza, han conducido el país al borde del abismo. Las personas creen menos en los políticos y en las instituciones del estado. La degradación de los partidos políticos no es algo nuevo en el país, sino que es fruto de decadas de  autodestrucción, dejando de esta forma, vía libre a los islamistas para rematar la faena con la destrucción de los puestos de trabajo y el encarecimiento de la vida, el tráfico de influencias, el amiguismo, la corrupción, y demás calamidades que han servido para ahogar más a la clase social más pobre que no tuvo más remedio que salir a las calles para desahogarse y no morir asfixiada.

La herencia del partido de Abdelilah Benkirane fue muy negativa para Marruecos. Desde hace más de seis años, los salarios siguen estando congelados. Las inversiones públicas en los servicios de sanidad y educación han bajado debido a los intentos de privatización de los sectores. La subida de los precios fue impresionante causando una inflación que la clases más bajas no son capaces de aguantar. El actual gobierno liderado por el señor Azzeddin El Otmani del  mismo partido (PJD),  ha heredado un gobierno de capa caida. Muchas de las promesas estrella, hechas hace más de seis años atrás, como la lucha contra la corrupción y lograr una justicia social, se esfumaron causando un malestar y un cierto rencor hacia todo lo que huele a política.

Las cosas deben cambiar en Marruecos, y los responsables deben tomar nota de las reivindicaciones que son justas y amparadas por la constitución del país. Hay que sentar las bases para la creación de una justicia social basada en la equidad, la lucha contra la corrupción y la igualdad de oportunidades. Marruecos debe jubilar muchos de los partidos políticos que han participado, cada uno a su manera, en el deterioro de la imagen del país. Los partidos políticos no son eternos, también deben jubilarse si no son capaces de regenerarse por dentro y son incapaces de responder a las espectativas de las masas sociales. Los jovenes deben tomar el relevo y que el mérito sea el baremo más justo para la designación de las personas en los puestos de reponsabilidad. Todo esto, no sería posible con un gobierno islamista, porque sigo pensando que los islamistas, al igual que el resto de los mercenarios de la religión, están aptos para gestionar las cestas de caridad, pero nunca para gobernar y solucionar los `problemas de un país.

Profesor titular del Departamento de Estudios Hispánicos, Facultad Pluridisciplinar de la Universidad Mohamed I (Nador, Marruecos). Autor de varias publicaciones, libros, ensayos, artículos académicos y publicaciones periodísticas. Miembro del Centro de Investigación CEMIRA (Universidad Complutense de Madrid), vicepresidente del Centro de Estudios para la Nueva Civilización de Cáceres, presidente de la ONG ASISI durante más de 12 años (2000-13) y vocal del Foro del Ayuntamiento de Madrid para las Migraciones. También es miembro del Observatorio Contra el Racismo y la Intolerancia de la Comunidad de Madrid.

 

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