Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1205. 16 de junio de 2017

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Sin Maldad / José García Abad

Una moción de censura productiva, ensayo para la definitiva

 
José Luis Ábalos golpeó a Iglesias con el documento anti-PSOE de Podemos: “Éramos pocos y llegó Sánchez”, para manifestar su desconfianza respecto a las intenciones de Iglesias. Éste, rápido de reflejos, cambió su estrategia iniciando escarceos amorosos, políticos por supuesto, con Ábalos. Éste contestó con calma pero dejando abierto un camino para una alianza destinada a desahuciar de verdad a Mariano Rajoy. Y es que, para que una moción triunfe, no basta con presentarla, hay que construirla, magrearla

Aparentemente, tras la moción de censura todo sigue como estaba: con sólo los 82 votos, conseguidos a duras penas,  Pablo Iglesias no puede desplazar a Mariano Rajoy del Palacio de La Moncloa. Aparentemente, el presidente del Gobierno podrá agotar o situarse en las proximidades del final de la legislatura. Pero las apariencias engañan y podríamos estar ante un trampantojo, o trampa que nos tiende el ojo, una expresión que tomo de Mariano Rajoy.

Nadie, ni los dirigentes de Podemos, esperaban que la moción fuera un éxito en términos técnicos: echar al presidente y colocarse en su lugar Iglesias. Pero lo ha sido en otros escenarios. En realidad, censurado y censurador se autoalimentan. A Rajoy le interesa que la gente elija entre él y el Diluvio con coletas, el demonio peludo. Y Pablo Iglesias busca lo mismo: que se le perciba como alternativa.

El secretario general de Podemos ha conseguido, en definitiva, una presencia mediática que no hubiera obtenido por otros medios. No habría podido pagar lo que le hubiera costado en spots de radio y televisión y en páginas de los periódicos. La moción le ha servido para lavar su imagen de líder bronco y utópico, desmelenado melena en ristre, para desmentir a Albert Rivera, que lo tildó de “Demoliciones Iglesias”. No sólo se puso chaqueta y moduló el tono, sino que hizo propuestas económicas concretas nada utópicas y acompañadas de las fuentes, fiscales, con las que podrían financiarse.

Sin embargo, fracasó en el propósito que le atribuían: tomar la iniciativa de la izquierda desplazando a la cuneta al PSOE. Eso se suponía tras filtrarse el argumentario titulado “Éramos pocos y llegó Sánchez”, resaltado en esta revista y que curiosamente pasó desapercibido en los análisis de la opinión publicada.

“Éramos pocos y llegó Sánchez” –decíamos en esta sección– confirma lo que ya sabe éste y lo que suponíamos  algunos: que en Podemos se percibe al PSOE salido de la victoria de Pedro Sánchez como el gran enemigo a abatir.
Podemos expresaba su intención de “atacar, atacar y atacar, como estrategia de polarización” y de dedicar sus esfuerzos a  “tensionar” al PSOE para evitar su avance, sin dejarle “ni un segundo de descanso”.

José Luis Ábalos golpeó a Iglesias con el documento anti-PSOE de Podemos: “Éramos pocos y llegó Sánchez”, para manifestar su desconfianza respecto a las intenciones de Iglesias. Éste, rápido de reflejos, cambió su estrategia iniciando escarceos amorosos, políticos por supuesto, con Ábalos. Éste contestó con calma pero dejando abierto un camino para una alianza destinada a desahuciar de verdad a Mariano Rajoy. Y es que para que una moción triunfe no basta con presentarla, hay que construirla, magrearla.

La perspectiva negociadora fue el resultado más evidente de la moción. Ábalos constató que coincidían en el diagnóstico y en buena medida  en el tratamiento. Y al día siguiente Pedro Sánchez aseguraba al diario El Mundo que “buscará cuanto antes una mayoría para desbancar al PP”.

Una tarea complicada. Sánchez, en vísperas del congreso del PSOE, reitera su preferencia por una mayoría de centroizquierda, con Podemos y Ciudadanos, como la que frustró Iglesias en beneficio de Rajoy. Pero Podemos es refractario a Ciudadanos. Pudo verse que Iglesias estuvo casi más agresivo con Rivera que contra Rajoy, el censurado, aparentemente.

Y Sánchez no está dispuesto a fabricar una mayoría con los independentistas, especialmente con Esquerra, a la que se refirió Iglesias defendiendo el tripartito catalán presidido por Montilla que hoy nadie defiende. Ese camino no sería practicable por parte del PSOE. Sánchez ha aprendido la lección y, si bien ha dado un paso audaz, discutible en algunos sectores socialistas al definir a España como nación de naciones, ha dejado clara su posición al telefonear a Rajoy para asegurarle que comparte sin fisuras la idea de que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español.
Ni Pablo Iglesias puede asumir esta tesis sin que le estallen sus confluencias ni lo puede ni lo quiere hacer Pedro Sánchez, contrariando el sentir de muchos socialistas, empezando por la nueva presidenta Cristina Narbona o de personajes tan próximos  a él como Pepe Borrell.

En tono algo menor, en el arrullo de Iglesias con Ábalos, el primero revisó las primitivas descalificaciones del proceso que llevó a la Constitución. En estas descalificaciones, por cierto, persiste el ala izquierda de Podemos, el de los anticapis.

Justamente fue la reivindicación del proceso hacia la democracia con la que arrancó José Luis Ábalos su discurso, al completar los versos de Antonio Machado que dejó inacabados Irene Montero, quien por cierto se perfiló como una gran parlamentaria contra la mayor parte de la opinión. Montero recitó al gran poeta con los siguientes versos:

“Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra que bosteza”.


Ábalos se valió de la continuación del poema:

“Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón”.


Lo que le valió para resaltar que justamente la Constitución que nos rige se hizo para acabar con la maldición de las dos Españas.

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

 

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