Tribuna / Carlos Berzosa Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1206. 23 de junio de 2017

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La Economía Desde Mi Observatorio /
Carlos Berzosa

La caída del Banco Popular,
otro fallo del sistema


El Gobierno de Rajoy no ha hecho más que engañar desde que hubo que rescatar a las cajas de ahorros, convertidas en bancos bastantes de ellas

La quiebra del Banco Popular ha cogido por sorpresa a muchos, entre ellos fundamentalmente a los accionistas, pero en realidad era la crónica de una muerte anunciada. Los problemas del banco venían desde los inicios de la crisis pero no se actuó  entonces y se ha llegado a esta situación crítica. Se nombró a Saracho como el gran ejecutivo que iba a resolver el estado tan negativo en el que se estaba, lo que no ha sido posible básicamente porque no existen los salvadores. Los fallos de control e inspección han sido una vez más clamorosos. La falta de transparencia del sistema financiero en su conjunto resulta alarmante y esto es una prueba más de este hecho.

El Gobierno no ha hecho más que engañar desde que hubo que rescatar a las cajas de ahorros, convertidas en bancos bastantes de ellas. Se dijo con insistencia que no iba a costar un euro el rescate, y ya se da por hecho que va a costar miles de euros a los ciudadanos, sin que se sepa con claridad cuál es la cifra real. Tras esa crisis se anunció que lo peor había pasado y que los bancos españoles gozaban de buena salud, habiendo superado las pruebas de estrés llevadas a cabo por la Unión Europea (UE). No ha sido así, como se ha podido comprobar, y resulta, por tanto, muy difícil confiar en dirigentes que ocultan la verdad.

Me gustaría saber qué opinan ahora algunos tertulianos, con muy bajo nivel de conocimientos, pero también analistas económicos y financieros, lo que es peor, que aseguraban que la crisis de las cajas de ahorros era consecuencia de que no tenían dueño, mientras que la banca era solvente porque sí lo tenía. La caída del Banco Popular ha cuestionado estos presupuestos. Conviene recordar que la crisis se inició en Estados Unidos y se desencadenó cuando tuvo lugar la caída de Lehman Brothers, un banco privado. A partir de ahí cayeron en cadena bastantes bancos, todos privados, en países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Holanda y Bélgica, entre otros, que fueron rescatados por los gobiernos a cargo de los impuestos de los ciudadanos. ¿Dónde está la eficiencia de los bancos privados?

Por su parte, conviene subrayar que las cajas de ahorros han llevado funcionando algunas de ellas más de cien años y otras siglos. Han tenido solvencia durante tiempos convulsos políticos y económicos. Superaron años de penuria económica y de crisis. Sobrevivieron bien a la crisis bancaria de los setenta. Durante estos años estas instituciones han prestado un gran servicio al ahorro popular y a obras sociales.  

La crisis del Banco Popular no ha supuesto de momento un coste al erario público. Los únicos que han salido perdiendo han sido los accionistas, y en este caso como siempre, el problema no es para los grandes, sino para los pequeños que han invertido los ahorros de toda una vida de trabajo y ahora ven cómo se esfuman sin haber tenido ninguna información que los alertara de una posible crisis como la que se ha dado. La falta de información y transparencia está conduciendo a bastante gente a sufrir pérdidas sin que nadie se responsabilice de ello. Al tiempo nos enteramos de los grandes sueldos de los ejecutivos, las elevadas indemnizaciones cuando pierden su puesto de trabajo y la pensiones millonarias que ellos mismos se conceden.

¿Por qué cobran tanto? ¿Por habernos llevado al borde del abismo, como dice Stiglitz? Desde luego, sus retribuciones no tienen nada que ver con la productividad marginal del trabajo que aportan. Los mismos que tienen esta posición privilegiada son los que predican abaratar el despido, disminuir los salarios, bajar las pensiones, aumentar la edad de jubilación y exigen ampliar la jornada laboral. Favorecen con esas proposiciones una sociedad más desigual e injusta. Resulta muy peligroso dejar a los banqueros que funcionen libremente. El sistema tiene demasiados fallos.

Firma

Catedrático Emérito de la Universidad Complutense  y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado(CEAR). Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense(1984-1998) y Rector de esta Universidad(2003-2011). A lo largo de su carrera docente ha impartido enseñanzas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Tiene numerosas publicaciones entre las que destacan los libros Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI (Nivola,2002) y los escritos conjuntamente con José Luis Sampedro Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después (Taurus, 1996) y La Inflación (Al alcance de los ministros) (Debate, 2012).

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