Helmut Kohl Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1206. 23 de junio de 2017

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Política / Salvador Martínez (Berlín)

Alemania despide al artífice de su unificación

Kohl, el canciller con debilidad por Felipe

La muerte de Helmut Kohl a los 87 años deja a Europa sin uno de sus políticos históricos. El alemán hizo suyo el proyecto de unificación continental, en el que avanzó de la mano del francés François Mitterrand. También contó con otro socialista como fiel aliado: Felipe González.


González siempre trató al canciller Kohl, "doce años mayor que él, como un apreciado y entendido tío rico”, asegura el historiador Hans Peter Schwarz.

Moría Helmut Kohl el pasado 16 junio y Alemania se quedaba sin un político que fue “un gran canciller”. Con esos términos editorializaba el influyente diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung. Otro periódico de referencia, el progresista Süddeutsche Zeitung, se despedía en su edición de fin de semana del “arquitecto de la reunificación alemana” y de “un gran europeo”. El diario populista Bild, el más vendido de Alemania y de Europa, dedicaba al fatigado rostro de un Kohl ya mayor toda su portada en formato sábana. “Gracias, Helmut Kohl”, eran las únicas palabras que podían leerse en esa primera página.

El que fuera jefe del Gobierno germano entre 1982 y 1998, deja un legado político mayúsculo. Una Alemania unificada, una Unión Europea con espacio Schengen y moneda única como grandes logros. Con Kohl pueden identificarse muchos de los éxitos de la Alemania y la Europa contemporánea. Su Europa era un proyecto de grandes avances. Con él al frente, Alemania se reunificó ante la caída del Muro de Berlín, el desmoronamiento de la República Democrática de Alemania (RDA) y la desaparición de la Unión Soviética.

Todo ello sin que hubiera derramamiento de sangre, en un tiempo en el que el suelo de la actual Alemania albergaba 300.000 soldados estadounidenses y otros 370.000 soviéticos, según las cuentas de Horst Teltschik y Michael Stürmer. Ambos tuvieron una relación muy próxima a Kohl cuando éste era canciller. Fueron sus asesores. Estuvieron a su lado en muchos de los momentos clave que tocó vivir al otrora canciller alemán. Horst Teltschik, de setenta años recién cumplidos, fue el consejero para políticas de seguridad exterior de Kohl. Stürmer, de 78 años, fue asesor de política para Alemania y la OTAN.

A Teltschik no le cuesta recordar el especial vínculo político que tenía Kohl con el otrora presidente del Gobierno español Felipe González. Políticamente, González y Kohl encarnan en buena medida los años ochenta de sus respectivos países. Lo mismo ocurre con François Miterrand en Francia. Estos tres políticos dejaron su particular impronta de fronteras para dentro y también a nivel europeo. De sobra conocida es la particular buena entente que supieron mantener París y Berlín con Miterrand en el Elíseo y Kohl en la Cancillería Federal de Bonn, hasta 1999 capital de la República Federal de Alemania (RFA).

Sin embargo, Miterrand no fue la única figura socialista con la que Kohl se llevó bien. Es más, según apunta Karl Lamers a El Siglo, “Helmut Kohl sentía debilidad por Felipe González”. Lamers fue diputado de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) durante más de dos décadas (entre 1980 y 2002). No duda al rememorar que, con Kohl, él habló de estatura política de González. “Era innegable que González era una gran figura de Europa, había que verlo, era también de dimensión histórica, y luego, con Jose María Aznar de presidente, el trato no se hizo tan cercano”, asegura.

Los años de relación que González y Kohl compartieron en la escena europea no fueron en vano. González formó su primer Gobierno a finales de 1982, poco después de que Kohl se hubiera estrenado como canciller, en octubre de ese mismo año. Kohl permanecería como jefe del Ejecutivo germano dieciséis años. El que fuera su homólogo español ocupó casi tres lustros el poder, catorce años. González y Kohl tuvieron innumerables intercambios. Hubo entre ellos detalles que denotan complicidad. “Las relaciones entre Alemania y España nunca fueron tan buenas como en tiempos de Kohl y González”, dice a El Siglo Teltschik, el que fuera asesor para la seguridad exterior del canciller fallecido.

“Me acuerdo de que González fue de los primeros jefes de Gobierno que llamaron a la Cancillería Federal para felicitar a Kohl cuando ocurrió la reunificación. González llamó para felicitarle y darle su apoyo”, expone Teltschik. Alude el que fuera asesor en materia de seguridad exterior a unos de los momentos clave de la historia reciente de Alemania a los que el nombre de Helmut Kohl quedará asociado para siempre. “Kohl era un canciller con mucha capacidad para el equilibrio político. Cuando cayó el muro de Berlín, pensó en la unidad alemana, vio que era una ocasión única, una oportunidad de acabar con el régimen brutal de la Guerra Fría en Alemania, y logró entenderse con estadounidenses, soviéticos y europeos”, señala a El Siglo Stürmer, quien fuera consejero de Kohl para política interior y la OTAN.

Kohl, como “un tío rico” para González
Hans Peter Schwarz, historiador y autor de la biografía política de referencia sobre el canciller cristianodemócrata –Helmut Kohl: Eine Politische Biographie (Ed. Pantheon, 2014)– dedica algún apunte a la relación que en su día mantuvo el alemán con González. Al poco de llegar a la Cancillería Federal en Bonn, “de entre los grandes de Europa Occidental, a parte de Miterrand, Kohl sólo sabía llevarse con el español Felipe González”, escribe Schwarz. La principal razón que ve este biógrafo para explicar esta circunstancia radica en la actitud que mantenía con el germano el entonces joven presidente socialista español. González “siempre trató al canciller, doce años mayor que él, como un apreciado y entendido tío rico”, se lee en el libro de Schwarz.

Ahí parece radicar el que Gonzalez resultara especialmente apreciado por Kohl.  Él alemán también recurrió ante González a frases tipo “la cultura española, el arte y la pintura, también forman parte de las emociones alemanas”, según Schwarz. Era un modo típico del alemán con el que interpelar a sus interlocutores europeos. En la biografía política, Schwarz también recoge que Kohl ya discutió en múltiples ocasiones de la idea de una Europa de múltiples velocidades con Miterrand, González y el también cristianodemócrata Wildfired Martens, quien fuera once años primer ministro de Bélgica (1981-1992).

Con todo, “la relación entre González y Kohl no sólo era buena entre ellos, también lo era entre colaboradores”, asegura Teltschik. “El trabajo conjunto, a nivel de colaboradores, era también muy estrecho. No sólo era que los jefes se llevaran bien, es que el contacto y la colaboración fue muy estrecha en ese tiempo, los equipos nos citábamos muchas veces en Madrid o en Bonn, y con los franceses y los italianos lo mismo”, abunda este otrora colaborador de Kohl. Desde aquella visita que González hiciera a Kohl en mayo de 1983, esos colaboradores, ya fueran diplomáticos, asesores o representantes de la industria germana con intereses e inversiones en España, daban cuenta de que las diferencias ideológicas contaban poco entre Madrid y Bonn.

Kohl priorizaba la entrada de España en el mercado único, extremo que terminaría produciéndose en 1986. No consta que hubiera dudas en el alemán del compromiso europeo del presidente socialista español, deseoso de participar en el proyecto de integración continental. Lo prueba, por ejemplo, que González expresara su deseo de asociarse, desde septiembre de 1987, a los primeros pasos de los proyectos franco-alemanes en materia de defensa, apenas dos meses después de la entrada en vigor del Acta Única Europea. Ese tratado internacional también pasa por ser uno de los avances europeos logrados con la siempre decisiva implicación de Kohl en el proyecto comunitario.

Un legado cuestionado

No son pocos los que a día de hoy en Alemania ponen en duda el legado de Kohl. Si, ante todo, el euro y el espacio Schengen son realidades que deben su existencia al alemán, no es menos cierto que ambos logros han quedado en entredicho. La crisis de los refugiados, desde finales de 2015, ha supuesto, al menos por momentos, el regreso de las fronteras en el suelo europeo (ver El Siglo, nº1140). La crisis de la deuda griega, desde 2010, ha hecho dudar a muchos sobre el futuro de la moneda única.

“Tenemos tantos problemas, de inmigración, de fronteras, tantas situaciones críticas, todo esto no era tan clave en su época”, dice Stürmer sobre los días de Kohl de canciller. Por otra parte, “para Kohl, el euro era otra cosa a lo que es ahora, Kohl trató de poner muchas reglas” recuerda este asesor del otrora jefe de Gobierno alemán. Stürmer aconsejó en contra del Tratado de Maastricht –el que establece la Unión Europea– y, al igual que el Bundesbank, en contra de la moneda única. Pero Kohl era un hombre con “objetivos muy reconocibles”, según los términos de Stürmer. La unidad europea era un de ellos. Por eso, Teltschik lo ve entre los “grandes europeos”, como los franceses Jacques Delors, Valéry Giscard d'Estaing o Mitterrand. “Esperemos que no sea el último”, concluye Teltschik.


Merkel, hija política de Kohl, no dudó en matar al 'padre' tras los escándalos de financiación de la CDU. / EUROPA PRESS

El ‘padre’ de Merkel

La canciller alemana Angela Merkel debe mucho en términos políticos a Helmut Kohl. Estos días se ha visto a la jefa del Gobierno alemán particularmente afectada en los actos de homenaje al que fuera su “padre” en la Unión Cristiano Demócrata (CDU). De hecho, Kohl se refería en su día a Merkel como “mi niña”.

Él la hizo debutar en 1991 como ministra al frente de la cartera de Mujeres y Juventud. A finales de los años noventa, al estallar el escándalo de financiación de la CDU que acabaría apartando a Kohl de la primera línea, Merkel firmó aquel editorial en el periódico conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung invitando a su partido a olvidar “al viejo caballo de batalla”. Es decir, a Kohl. Ella tomó las riendas de la cristianodemocracia germana, para acabar alzándose con el poder en 2005.

Merkel va camino de un cuarto mandato como canciller. De hacerse con la victoria en las elecciones legislativas del próximo 24 de septiembre, la canciller igualaría los 16 años en el poder de Kohl. Sin embargo, quienes conocieron al canciller recientemente fallecido y conocen a la actual jefa del Gobierno alemán, aseguran que, en lo que respecta a Europa, ambos líderes son muy distintos. “Angela Merkel también se rodea de gente buena, como Kohl, pero cuando éste pronunciaba la palabra libertad, no es lo mismo que cuando se escucha en boca de Merkel”, dice Michael Stürmer, ex asesor de Kohl.

La canciller, conocida por su pragmatismo, tiene tendencia a rechazar los grandes planteamientos políticos que pudiera utilizar Kohl. Horst Teltschik, el otro exconsejero de Kohl, se muestra más comprensivo con la canciller. “En
los años ochenta, hacer política era más fácil, porque el mundo no era como ahora, multipolar, sino que era bipolar. Pero hacer política siempre fue difícil”, plantea.