Tema Portada 1206 Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1206. 23 de junio de 2017

- - --

Política / C. M.

La pieza clave para proteger a Sánchez de amigos
y enemigos en el nuevo PSOE

El guardián de Pedro

Imponer autoridad en los territorios y, a la vez, pacificar la organización. Dos objetivos aparentemente contrarios, pero imprescindibles si Pedro Sánchez quiere consolidarse en el nuevo PSOE. El encargado de lograrlo es José Luis Ábalos. Para algunos, uno de los mejores perfiles orgánicos del partido. Para el resto, un experto negociador, hábil a la hora de tejer alianzas y con demostrada capacidad por su amplia trayectoria en esquivar ataques y sobrevivir a las tormentas. Desde su puesto de secretario de Organización es, sobre todo, el que deberá convertirse en guardián del líder socialista.


José Luis Ábalos se enfrenta al reto de dotar de protección, desde la Secretaría de Organización, al nuevo líder del PSOE. / FERNANDO MORENO

Ábalos podía haber sido un buen portavoz en el Congreso pero resulta más necesario como escudo en la organización

 

Maestro de formación, apparatchik por devoción y fiel sanchista , hay quien lo define como un Maquiavelo de provincias

"En Xirivella empezó todo". Una frase que el nuevo secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, repite a menudo. Sobre todo después del inesperado, y contundente, triunfo de Pedro Sánchez en las primarias socialistas y de su consiguiente Congreso de entronización. Y no le falta razón a Ábalos. Porque esa “Xirivella” de la que habla no es otra que la localidad valenciana en cuya Plaza de la Concordia el defenestrado líder madrileño reapareció en público por primera vez tras el traumático Comité Federal del 1 de octubre y su renuncia al escaño en el Congreso de los Diputados.

Fue el 26 de noviembre de 2016, fue todo un éxito –los más de 1.000 asistentes desbordaron las previsiones y aclamaron al ex secretario general–, hasta el punto de que denominaron como “el espíritu de Xirivella” esa nueva forma de entender el partido, con el foco puesto en el militante. Y, sobre todo, fue obra del secretario general provincial de Valencia, José Luis Ábalos, un viejo conocido de la política valenciana, pasado con armas y bagaje a la causa del líder caído.

Un líder en el que, hasta ese momento, ya casi nadie creía. El regreso, por muchas críticas que suscitaran los acontecimientos vividos antes y durante el Comité Federal del 1 de octubre pasado, era considerado como una quimera de la que ni siquiera estaba convencido el propio protagonista, Pedro Sánchez. Pero aquel acto en Valencia fue una de las claves que contribuyó a convencerle de que todo era posible.

José Luis Ábalos, artífice de ese primer baño de militantes, tiene ahora ante sí una de las más difíciles papeletas. Por un lado, darle contenido y carta de naturaleza a ese “nuevo PSOE” del que el sanchismo ha hecho bandera. Por el otro, pacificar el partido y cerrar las fracturas tras una de las etapas más traumáticas en el PSOE. Y tercero, como parte de ese nuevo PSOE, neutralizar el enorme poder orgánico perpetuado por los barones territoriales, convertidos, en opinión de los sanchistas, en los principales obstáculos para adecuar el partido a los nuevos tiempos.


Rodríguez Zapatero recibió en su día el apoyo decisivo, a contracorriente, de Ábalos para lograr la Secretaría General del PSOE. / EP

Ábalos ya era amigo de Sánchez desde hace tiempo. Incluso antes de que el madrileño ganara sus primeras primarias, en 2014. Alguna vez, Sánchez había pernoctado en su casa –Ábalos está casado y tiene cinco hijos y un nieto–, pero la relación –tanto política como de amistad– entre ambos se estrechó realmente a raíz del mitin de Xirivella. Durante los meses de noviembre y diciembre de 2016, el dirigente valenciano, señalan varias fuentes, no sólo fue un apoyo personal fundamental para Sánchez, sino que fue clave para que, a pesar de sus dudas y tentaciones de tirar la toalla, decidiera lanzar su particular “operación regreso”.

Pero más allá del respaldo personal, Ábalos es un activo político valioso y respetado, con una trayectoria política a sus espaldas de lo más interesante y que justifica plenamente su acreditada, aunque limitada hasta ahora a Valencia, fama de inteligente, hábil negociador, experto en tejer alianzas imposibles. Y un superviviente nato, ya que, con el paso de los años, apoyó a dirigentes tan variopintos como Joan Lerma, Joan Ignaci Pla, Josep Borrell, José Luis Rodríguez Zapatero y ahora Sánchez.

En suma, “uno de los mejores perfiles orgánicos del partido”, en palabras de un dirigente socialista valenciano que le conoce bien y ha sido testigo de buena parte de su carrera política. “Es capaz de sobrevivir a casi todo, muy bien capacitado para la intriga –en el buen sentido de la palabra–, aunar voluntades y conseguir acuerdos en el marco de la vida interna del partido, donde se maneja a la perfección”, prosigue esta fuente, quien llega a calificarle, medio en broma medio en serio, como una especie de “Maquiavelo de provincias”.

Todo ello, “a pesar de no lo aparenta”, ya que su imagen es cercana y casi anodina. Lector empedernido, poco aficionado al deporte pero sí a los boleros, es un enamorado y gran conocedor de Latinoamérica, sobre todo Perú, donde trabajó con una ONG.

De hecho, hasta su nombramiento por Sánchez como portavoz interino del grupo socialista, su figura se mantenía en el segundo plano del equipo del líder madrileño. Pero su intervención desde la tribuna de oradores en la moción de censura presentada por Podemos contra el presidente Rajoy rompió ese anonimato y fue una de las sorpresas del debate. Con un discurso sólido, bien construido– con citas de versos de Antonio Machado y Gil de Biedma-, y equilibrado a decir de los analistas, supo lanzar guiños a unos y a otros, tanto hacia fuera del partido como a nivel interno. El resultado, haciendo buena su fama de pacificador y tejedor de alianzas, fue que el agitado grupo parlamentario socialista recuperó, de la noche a la mañana, una calma inédita desde hace meses.

Afiliado al PSPV-PSOE desde principios de los años ochenta –previo paso por las Juventudes Comunistas y el Partido Comunista–, Ábalos empezó su carrera política gracias a su profesión de maestro. Literalmente, porque, según cuentan fuentes valencianas, Ábalos, profesor de enseñanza primaria, se dedicó durante un tiempo a dar clases particulares de refuerzo. Y, al parecer, no se le daba mal, hasta el punto de que entre sus alumnos se encontraban hijos de varios altos cargos de la Generalitat, entonces en manos de los socialistas, y la cúpula del PSPV-PSOE. Entre ellos, dicen, el propio Joan Lerma, por entonces presidente de la Comunitat Valenciana.

De esta forma, un muy joven Ábalos entra a formar parte de la estructura del partido. Es colaborador del que sería su mentor político, Eduard Montesinos, director general de Trabajo en la Generalitat valenciana presidida por Lerma. Montesinos procedía de UGT, de ahí que una de las claves del poder de Ábalos, hoy, sea ese “hilo directísimo” que trabó con el sindicato en esos años. De Montesinos también aprendió a negociar. No en vano, el ex director general de Trabajo era considerado como un negociador implacable y casi infalible, el hombre “gracias al cual Lerma ganaba sus batallas políticas”.


Ximo Puig tendrá en el alcalde de Burjassot, Rafa García, como su rival en primarias, la réplica 'sanchista' a su 'traición' de octubre. / EP


El caso es que, tras la derrota socialista de 1995 en Valencia, Lerma tuvo que afrontar una dura contestación interna, encabezada por Joan Romera, su ex vicepresidente, y con el respaldo de un puñado de jóvenes entre los que se encontraba Joan Ignaci Pla. Romera ganó finalmente el pulso a Lerma, y lo hizo por una razón: Ábalos decidió, en medio del Congreso que se celebraba en la Universidad Politécnica de Valencia, romper con Lerma y Montesinos. Una ruptura que, según testigos presenciales, fue muy dura, agria y bronca. El caso es que “Ábalos y su gente” – personas procedentes de UGT y de Valencia ciudad- votaron a Romero, dándole, por poco, la mayoría para hacerse con la secretaría general del partido en la Comunitat valenciana, convirtiéndose además Joan Ignasi Pla en secretario de organización.

Al hilo de la agitada vida interna del partido y de la sucesión de secretarios generales, Ábalos mantuvo su cuota de poder con eje en la provincia de Valencia. A finales de los noventa, apostó por Josep Borrell – on el que ahora se reencuentra en el sanchismo– en las primarias que celebraba el PSOE. Tras la sonada dimisión de Borrell, antes del 35 Congreso federal del año 2.000 –en el que, aunque se enfrentaban varios candidatos, no hubo primarias–, Ábalos realizó otro de sus audaces movimientos estratégicos. Días antes del cónclave, este dirigente valenciano, de nuevo acompañado de “su gente”, se presentó de improviso anunciando su apoyo a un entonces desconocido José Luis Rodríguez Zapatero. Para sorpresa incluso de los zapateristas valencianos, que no sabían nada. En todo caso, de nuevo, el voto de Ábalos, con el de los delegados de la provincia de Valencia detrás, fue clave para lograr la exigua mayoría con la que Zapatero fue elegido secretario general del PSOE.

En ese momento Ábalos, según los que le conocen bien, cometió uno de sus muy escasos errores. “Se confió”, cuentan las fuentes consultadas, “y con la fuerza que le otorgaba el haber apostado contracorriente por Zapatero, se lanzó a por la secretaría general del PSPV-PSOE. Tras una durísima campaña, en la que tuvo que hacer frente a una campaña de desprestigio personal muy intensa, perdió frente a Joan Ignaci Pla. Pero perdió por poco –unos 10 votos– y consiguió aliarse con su antiguo rival, que le nombro vicesecretario general. Pero aprendió la lección.

“Ábalos, en ese momento –señala la fuente valenciana consultada–, aprendió dos cosas. Una, que no debía ponerse en primera línea de fuego ni ser el protagonista de las batallas. La segunda, que debía salir de Valencia”. De ahí que Ábalos, quien había sido antes concejal en el ayuntamiento de Valencia y diputado regional, paso, en 2009, a ser diputado en el Congreso por la circunscripción de Valencia.

En la Cámara baja, a pesar de su perfil bajo logró convertirse en portavoz socialista de Medio Ambiente y secretario general adjunto del grupo socialista. Un cargo que logró conservar tras la investidura de Rajoy, al decidir, muy a su pesar, abstenerse en la votación. Dicen los que le conocen que fue una de sus decisiones más duras, que le valió incluso una úlcera. El propio Sánchez le había aconsejado no empeñarse con el “no” para no poner en peligro ni su puesto en el grupo ni al frente del partido en Valencia, ya que ambos cargos eran palancas de proyección muy necesarias de cara al regreso de Sánchez.   

Ahora Ábalos no va a repetir el error del año 2001. Ni tampoco se va a repetir el cometido por Sánchez al cesar por las bravas en 2015 al líder del partido en Madrid, Tomás Gómez. Los recambios, en todos los casos, se harán por la vía de primarias y por el voto de los militantes. Y en el caso de la Comunitat valenciana, donde se podría dar el relevo en la dirección del partido pero no en la presidencia de la Generalitat, cualquier operación para relevar a Ximo Puig de la secretaría General del PSPV-PSOE – Sánchez no le perdona su “traición” de octubre– no se hará en nombre de Ábalos. Y ese parece ser el caso. Será el alcalde de Burjassot, Rafa García, quien liderará la operación. Ya figura como candidato a las primarias que disputarán la secretaría general del PSPV-PSOE. Culto, preparado y sólido en sus planteamientos, fue uno de los primeros en apoyar a Sánchez en esta nueva etapa. Aunque no forma parte del “sector de Ábalos” –tiene un grupo de afines propio- sí mantiene con el actual y poderoso secretario de Organización socialista una sólida alianza. Con ese bagaje, y los abrumadores votos logrados por Sánchez en las primarias en Valencia – 68% del total- pocos dudan de que García será, bajo el paraguas de Ábalos, cuando menos una seria amenaza para la continuidad de Puig al frente del partido en Valencia.


Margarita Robles tendrá que integrar todas las corrientes en un Grupo Parlamentario muy fragmentado.

Una portavoz batalladora

Había que dar, en los primeros compases de la nueva etapa Sánchez, una doble señal inequívoca. Por un lado, una dirigida hacia el exterior de firmeza, claro indicio de que tras el cambio en la dirección del PSOE las cosas, para el PP y para Podemos, iban a cambiar. La otra dirigida hacia el partido y, sobre todo hacía el grupo parlamentario, dejando claro que no iba a haber una purga entre los diputados susanistas. José Luis Ábalos fue el encargado de llevar adelante esta complicada misión, que fue especialmente eficaz a la hora de templar ánimos entre los propios diputados socialistas.
Calmadas las aguas en el grupo, y tras el nombramiento de Ábalos para llevar las riendas de la organización del partido, era momento de designar un portavoz que transmitiera la imagen de oposición beligerante que el PSOE quiere encarnar a partir de ahora. Pero la elección como portavoz de la magistrada en excedencia Margarita Robles no estuvo exenta de polémica e incluso de algunas críticas internas. Algunos, en privado, cuestionaban que la nueva portavoz pudiera imponer su autoridad sobre un grupo tan sólo unos meses después de que ella misma protagonizara un acto de rebeldía como votar no en la investidura de Rajoy.
Críticas que a la exsecretaria de Estado de Interior no parecen preocuparle demasiado, toda vez que se trata de una mujer de fuerte carácter y sólidas convicciones que nadie pone en duda. “Ha demostrado de sobra no sólo su autoridad, sino también su integridad durante su etapa al frente de Interior, una de las más complejas que se recuerdan”, señala una fuente que conoce bien a la nueva portavoz.  
Por otro lado, su perfil institucional –fue vocal del Consejo General del Poder Judicial y Magistrada del Supremo– es un valioso contrapeso para la imagen un tanto “outsider” de Sánchez y los suyos, calificados en algunos momentos como los “descamisados”. Robles, en todo caso, ya afronta un mandato en el que se impone la integración, en la medida en que la mayoría de anti-sanchistas en el grupo era clara. De ahí, por ejemplo, la presencia de Rafael Simancas –aliado con Patxi López en las primarias– como número dos del grupo.

 

Valencianos en Madrid

La impronta de Ábalos, valenciano de nacimiento y vocación, se nota en estos primeros compases de la nueva etapa de Sánchez. Pero también es visible el rencor que el secretario general del PSOE le guarda al máximo dirigente de los socialistas valencianos y presidente de la Generalitat, Ximo Puig, uno de los artífices de la operación que derrocó a Sánchez en el otoño de 2016.
En este sentido, no parece casualidad que cuatro de los 49 integrantes de la Comisión Ejecutiva Federal sean valencianos, y además, enfrentados a Puig. Uno de ellos es Andrés Perelló, quien fue alcalde de Buñol, exeurodiputado y exdiputado en las Cortes Valencianas, quien se hace cargo de la secretaría Justicia, Libertades y Nuevos Derechos. Le acompañan otros nombres como los de Alejandro Soler, exalcalde de Elche, Susana Ros, exconcejal de Benicàssim y diputada en el Congreso, o Toni Ferrer, ex UGT, así como uno de los fichajes estrella, Francisco Polo, quien, aunque es catalán de adopción, nació en Valencia, 

Entre las ausencias, significativos nombres, como el de la consellera de Sanidad, Carmen Montón, que no está ni en la Ejecutiva ni en el Comité Federal, y el del propio Puig, quien, al igual que el resto de los barones, ha quedado fuera del Federal.