Tribuna / Carmen Calvo Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1207. 30 de junio de 2017

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La flamante secretaria federal de Igualdad del PSOE elegida en el reciente 39 congreso del partido se incorpora a las páginas de El Siglo. Nuestro plural elenco de firmas se enriquecerá cada mes con las reflexiones de la exministra de Cultura sobre la actualidad política. Bienvenida.

 

 


    Tribuna / Carmen Calvo

Democracia y feminismo


Hasta ahora, ha sido la lucha de las mujeres principalmente la que ha mejorado y completado el significado de ciudadanía, desde pelear el voto femenino en los inicios del siglo pasado, hasta las más recientes propuestas de democracia paritaria

La igualdad de género, es decir, aquella que abarca la igualdad entre mujeres y hombres es, sin duda, el núcleo de todas las demás igualdades y, por tanto, también el espacio desde el que la democracia va destruyendo las desigualdades de origen con las que los seres humanos nos incorporamos a la vida.

Por esta razón fundamental, no es una línea de desarrollo de los valores constitucionales de la igualdad, sino la línea principal de abordaje de los mismos, y de los derechos que de ellos se derivan en un Estado de Derecho. Visto desde el modelo de Estado Social y del Bienestar su expresión más importante es la denominada igualdad de oportunidades.
Esta definición de la igualdad de género coloca al feminismo, por su defensa radical de la igualdad entre hombres y mujeres, en el mejor y principal espacio del desarrollo de la democracia  y por ende, en la línea más adecuada de mejora de lo que la propia Constitución denomina democracia avanzada.

Por estos motivos, resulta inentendible la vida política y jurídica de cualquier gobierno democrático/constitucional sin políticas feministas de Estado y sin que éstas, en mayor o menor intensidad en sus propuestas, sean patrimonio obligado de todos los partidos políticos porque  las desigualdades  y las injusticias que comporta hoy en día nacer mujer en cualquier parte del mundo no pueden resolverse desde el voluntarismo de unas u otras fuerzas políticas, convirtiendo el obligado cumplimiento de la democracia  material y formal para todas y todos en algo opcional.

Por ello, para comprender en profundidad que la esencia del feminismo está en el núcleo central de la propia democracia, haría falta no perder de vista algunas obviedades. Primera, que las mujeres somos la mayoría absoluta natural de una sociedad donde casi siempre estadísticamente somos más de la mitad. Segunda, que la igualdad real no puede alcanzarse desde una perspectiva político/jurídica que se fundamente en una consideración abstracta del ser humano, sino en una mirada real y verdadera de lo que constituye la realidad humana: hombres y mujeres, ciudadanos y ciudadanas con derechos iguales pero también con situaciones diversas que nacen de la propia construcción de género, de lo femenino y lo masculino.

Todo esto ha conducido  a una formulación más adecuada de la clásica idea de igualdad heredada de la Ilustración que, mezclándose con la nueva idea de diversidad, produce el concepto de equidad. La equidad es una nueva formulación de la igualdad y de la diversidad unidas. Sin equidad,  no hay avance ni mejora del modelo democrático en el presente siglo. Hablamos de hacer compatibles la igualdad y la diversidad que se manifiesta en el ser humano entre las que, y de forma central, está la condición de sexo/género. Por eso, “no se puede ser demócrata sin ser feminista”, como ya dijo en los años 20 del pasado siglo el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson.

Hasta ahora, ha sido la lucha de las mujeres principalmente, acompañadas de los hombres  que han comprendido este concepto de la democracia,  la que ha mejorado y completado el mismo significado de ciudadanía, desde pelear el voto femenino en los inicios del siglo pasado, hasta las más recientes propuestas de Democracia paritaria. Gracias a la aportación del feminismo se han completado algunos elementos constitutivos de la Democracia, aun cuando en puridad, nada de esto tendría que haber sido objeto de tan larga y desigual lucha de las mujeres, sino más bien  del desarrollo lógico y coherente  de los propios principios con los que nació el Estado moderno desde las proclamas de la revolución francesa: “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.

Entendemos este devenir histórico de los acontecimientos, pero ahora debe ser el Estado el que asuma el desarrollo de lo que ya comporta el eje fundamental de cualquier Democracia: la igualdad plena entre mujeres y hombres.

Firma

Secretaria del Área de Igualdad de la Ejecutiva Federal del PSOE, es licenciada en Derecho Público por la Universidad de Sevilla. Doctora en Derecho Constitucional por la Universidad de Córdoba. Profesora Titular de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba. Se afilió al PSOE en 1999. Ha sido consejera de Cultura del Gobierno Andaluz y ministra de Cultura de 2004 a 2007. Ha escrito numerosas colaboraciones, conferencias y publicaciones en materias de gestión cultural e igualdad jurídica y social entre hombres y mujeres y es colaboradora habitual en diversos medios de comunicación.

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