Tribuna / Pere Navarro Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1207. 30 de junio de 2017

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Tribuna / Pere Navarro

Ilusión


Lo más grave es que asistamos a un juego en el que las partes enfrentadas no enseñan las cartas. Un secretismo casi infantiloide, como si se tratara de pillar desprevenido al otro

El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra ilusión en sus principales acepciones como:

1. f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por  la imaginación o causados por engaño de los sentidos.

2. f. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

El día 1 de octubre, finalmente, se ha anunciado que se convocará un referéndum de autodeterminación para que los catalanes decidamos si queremos continuar vinculados con el resto de España y la Unión Europea o queremos seguir un camino que nos lleve en solitario a un futuro incierto y lleno de incógnitas.

Tengo que decirles que tengo un gran respeto por todas las opciones políticas siempre que se expresen de forma democrática y garanticen la libertad de expresión de todos aquellos que discrepan. El fundamento de nuestro sistema de libertades es justamente esa garantía. Sin embargo todas las acciones de los responsables del procés tienen unos grandes déficits de respeto por el sistema legal democrático y hacia los adversarios que se posicionan públicamente en desacuerdo con todo lo que significa avanzar por un camino que, todo parece indicar, nos lleva al desastre.

Frente a la simpática expresión de “indepe” o “demócrata” aparece la acusación de “unionista” o “facha”. Siempre me ha sorprendido desagradablemente que alguna gente que durante el franquismo vivía plácidamente sin ninguna militancia conocida en defensa de las libertades y la democracia, acuse ahora a viejos luchadores que dieron la cara y trabajaron, jugándose el tipo en aquellos años negros, para que España tuviera un régimen democrático y Catalunya un autogobierno. Algunos de los que lucharon para que Tarradellas volviera de su exilio como president, recuperando así la legitimidad republicana, tienen hoy que oír como algunos los llaman fachas.

Y es que el procés nos ha llevado a una mezcla de las dos acepciones de la palabra ilusión señaladas anteriormente.
Algunos han generado una realidad paralela en la que el día uno de octubre se va a celebrar “sí o sí” un referéndum de autodeterminación. Aunque resulta que no hay un marco legal en el que basar todo el proceso para que tenga las mínimas garantías que permitan a las diferentes opciones expresarse libremente, no sabemos qué censo se va a utilizar y ¡hasta el concurso para comprar las urnas ha quedado desierto! Pero no hay de qué preocuparse: el president  nos contará con pelos y señales el día 4 de julio (casualmente la fecha en la que se conmemora la independencia de Estados Unidos) cómo vamos a ejercer nuestro derecho al voto.

Mientras, algunos medios de comunicación y tertulianos nos hablan con total normalidad del referéndum como una cosa cierta. Y algunas personas de buena fe tienen esa esperanza que señala la segunda acepción de la palabra ilusión.

Pero lo más grave es que, en un tiempo en el que se reclama la máxima transparencia en todo lo relacionado con los asuntos públicos, asistamos a un juego en el que las partes enfrentadas no enseñan las cartas. Un secretismo casi infantiloide, como si se tratara de pillar desprevenido al otro.

El problema es que no es un juego. Se trata del futuro de millones de personas que merecen respeto. Que merecen que acabe el juego y empiece una negociación para llegar a un acuerdo que cuente con el refrendo de una gran mayoría.

Cuando se habla de choque de trenes, a veces de manera incluso frívola, no debemos olvidar que los afectados por el choque son siempre los que van en los trenes y nunca los jefes de estación o los guardagujas.

Así que no perdamos la ilusión y hagamos que quienes tienen la responsabilidad trabajen para “la esperanza cuyo cumplimiento sea especialmente atractivo”.

Firma

Miembro del Comité Federal del PSOE, licenciado en Biología por la UAB. Fue alcalde de Terrassa entre 2002 y 2012, primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC)entre 2011 y 2014, diputado del Parlament de Catalunya y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). A lo largo de su carrera profesional ha desarrollado distintos cargos de dirección como presidente del consorcio Localret y presidente del Fons Català de Cooperació al Desenvolupament.En 2013 la Fundación City Mayors lo incluyó en la lista de los mejores alcaldes del mundo.

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