Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

 
   

                                 Nº 1208. 7 de julio de 2017

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Sin Maldad / José García Abad

Hay vida después del 1 de Octubre


EUROPA PRESS

Se puede aceptar la profecía independentista de que el próximo 1 de octubre marcará un antes y un después en la medida en que concluye un “antes” sin salida y se explora un “después” más realista. Viviremos una escalada de tensión hasta dicha fecha pero que sin urnas, declaradas desiertas por el buen sentido de los proveedores catalanes, el 1-O será de menos apariencia que el 9-N. Creo que se producirá mucho estrépito como en la fábula de Esopo:  “Parturient montes, nascetur ridiculus mus” (“Parirán los montes; nacerá un ridículo ratón”).  El ridículo es letal en política.

La profecía oficial del alto mando independentista es que el 1 de Octubre representará un antes y un después, sea cual fuere el resultado del referéndum de autodeterminación. No se plantean lo más probable: que el referéndum no tendrá lugar.

Las dudas, guía del hombre sensato, están castigadas con la máxima pena, como ha sido impuesta al conseller de Empresa y Conocimiento de la Generalitat,  Jordi Baiget, provocando la declaración de Francesc Homs de que está hasta los huevos. Una justa indignación de quien ha sufrido persecución por la Justicia por su implicación en la intentona del 9-N.

En realidad se puede aceptar que el próximo 1 de octubre marcará un antes y un después en la medida en que se acaba un “antes” sin salida y se explora un después más realista. Mi opinión es que viviremos una escalada de tensión hasta dicha fecha pero que sin urnas, declaradas desiertas por el buen sentido de los proveedores catalanes, el 1-O será de menor apariencia que el 9-N. Sin ánimo de ofender y avisando que no tengo dotes de profeta creo que se producirá gran estrépito, según escribía Horacio aludiendo a una fábula de Esopo: “Parturient montes, nascetur ridiculus mus” (“Parirán los montes; nacerá un ridículo ratón”).  El ridículo es letal en política.

A partir de entonces, probablemente con la dimisión de Carles Puigdemont , se despejará el horizonte una vez que los independentistas, divorciándose del matrimonio contra natura con la CUP, probablemente capitaneados por Oriol Junqueras, entenderán como el célebre torero que lo que no puede ser no puede ser, además de ser imposible.
Es de esperar que Mariano Rajoy, de acuerdo con Pedro Sánchez y con algún apoyo de Pablo Iglesias en fase errejonista entiendan que hay que hacer cambios en la Constitución que nos aseguren unas décadas de convivencia sobre un acuerdo de mínimos. En definitiva, se verá entonces lo que ahora entorpece la retórica de Puigdemont, que hay vida a partir del 1 de Octubre.

La intentona del 1 de Octubre se parecerá más que al 9-N del olvidado Artur Mas a la del 6 de octubre de 1934 de Lluís Companys. Salvando, obviamente, las distancias políticas, económicas y sociológicas que nos separan de la triste efemérides. En aquella fecha, la última en la que la Generalitat proclamó unilateralmente el Estado Catalán, Companys, empujado por el doctor Dencás, dirigente del Estat Catalá, un grupo radical  y militarizado a la izquierda de ERC, se lanzó a la aventura con escaso convencimiento. ¡Ja está fet ¡ ¡Ja veurem com acabará¡ ¡ veure si ara també direu que no sóc catalanista!” (¡Ya está hecho¡ ¡Ya veremos como acabará ¡A ver si ahora diréis también que no soy catalanista¡.)

No hizo caso del consejo de Manuel Azaña.  “Si ustedes triunfasen –advirtió–, no sabrían qué hacer de su propia victoria y tendrían que empezar por decir: ”El ideal en nombre del cual nosotros hemos luchado y hemos triunfado no vale; ha sido sólo una bandera, pero la arriamos al día siguiente. (…)”. “Si ustedes o el gobierno catalán se lanzan al movimiento de violencia, en dos horas se hacen ceniza”.

Azaña concluye con un aviso: “Tengo suficiente experiencia y conozco los resortes del Gobierno para saber que en cuanto se produjese aquí el hecho más insignificante, que pudiera parecer violento, todos los resortes del Estado funcionarían automáticamente. Les hundirían sin compasión de ningún género y no durarían ni dos horas”.
Y, en efecto, Companys proclama la independencia a las ocho de la tarde e inmediatamente el general Batet sitúa sus cañones frente al edificio de la Generalitat y en diez horas acaba con la rebelión y poco después las Cortes proceden a la supresión del Estatuto de Autonomía.

Ha llovido de todo en 83 años y hoy nadie piensa en sacar los cañones, pero los resortes del Estado son ahora más potentes que entonces. No habrá intervención militar a pesar de las imprudentes declaraciones de la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, que mentó la bicha al recordar que el Ejército garantiza la integridad territorial de la patria. La sangre no llegará al Ebro pues, como bien decía Pío Baroja, con la sangre no se puede hacer nada serio salvo morcillas.

Tampoco es probable la supresión de la autonomía como hiciera la II República, aunque sí podría proceder a alguna de las actuaciones que permite el artículo 155 de la Constitución que faculta al Gobierno a obligar a la Generalitat al “cumplimento forzoso” de sus obligaciones.  Añade dicho artículo que “el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas”. Es de suponer que se haría cargo de la dirección de los Mossos d´Esquadra, algo menos escandaloso que movilizar a la Guardia Civil.

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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