Tribuna / Miguel Ángel Aguilar Tiempos de hoy

 
   

                                 Nº 1208. 7 de julio de 2017

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Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

El sueño de la nación produce monstruos


El recurso a las concentraciones de adictos preferentemente fervorosos para darles cuenta de normas sobrevenidas como ha hecho Puigdemont sin presentación previa por escrito ni procedimiento reglado de aprobación hace que éstas estén invalidadas de antemano


En el ámbito castrense, la voz de mando o el cornetín transmiten órdenes a la unidad situada dentro de su radio de alcance acústico. Los soldados que la forman constituyen esa religión de hombres honrados que describió Calderón señalando que su principal hazaña es obedecer y que el modo como ha de ser, ni pedir ni rehusar. Para quienes están combatiendo en primera línea todo funciona por vía oral. Así es como las unidades bien encuadradas obedecen las órdenes dadas por sus mandos naturales. Cambiando de foco y yendo del combate a la rendición de honores, cabría recordar el momento de éxtasis fotográfico sucedido en la toma de posesión como ministra de Defensa de la embarazada Carme Chacón. Dijo "capitán, mande firmes" y resonó en todo el mar conocido del uno al otro confín como una revolución del zapaterismo rampante. En aquella ocasión era al capitán de la compañía de honores que formaba ante la fachada principal del Ministerio de Defensa a quien correspondía dar la voz de mando para que se ejecutara lo ordenado por la ministra. Atendamos antes de seguir la modificación introducida en el reglamento táctico para mandar firmes. Porque en la tradición acuñada la voz de mando decía "¡Fir...mes!", arrastrando la pronunciación de la primera sílaba para que funcionara de modo preventivo, mientras se contraía la segunda sílaba para que hiciera el efecto de un golpe seco, instantáneo, sincronizado con la ejecución de la orden. El cambio ha consistido en que ahora se ordena firmes igual que cualquier otro movimiento diciendo "¡Firmes, ar!".

Sentadas estas bases, extraña el proceder de Puigdemont y compañía porque en democracia, bajo el gobierno de las leyes, no hay voces de mando, ni cornetín de órdenes, hay asambleas deliberantes que elaboran textos escritos, los someten a discusión y enmienda, los aprueban en votación y los promulgan en las publicaciones oficiales para que pasen a ser de obligado cumplimiento. El recurso a las concentraciones de adictos preferentemente fervorosos para darles cuenta de normas sobrevenidas sirviéndose del poder amplificador de la megafonía del local, sin presentación previa por escrito ni procedimiento reglado de aprobación hace que éstas estén invalidadas de antemano. Así, todavía en la memoria de los mayores resuena la presentación que el 23 de noviembre de 1966 hizo Franco ante las Cortes de la Ley Orgánica del Estado, dando lectura a un texto sorpresa, sin plazo de enmiendas ni debate alguno, que fue sometido directamente a referéndum tres semanas después: el 14 de diciembre.   

En línea con los Caprichos de Goya (“El sueño de la razón produce monstruos” tiene el número 43 de la serie que forman esos grabados) la leyenda de la viñeta de El Roto publicada en la página 2 de la edición del diario El País que corresponde al martes día 4 de julio rezaba que “El sueño de la nación crea monstruos identitarios”. Y en esas estamos. Qué pérdida de tiempo y de energías, qué devastación más gratuita de aquí al 2 de octubre. En el libro Historia gráfica contemporánea de España (1898-2016) de Josep Bosch que ha editado la Fundación Ramón Areces se da cuenta de que a las ocho y diez de la noche del sábado seis de octubre de 1934, Lluís Companys salió al balcón del Palacio de la Generalitat y proclamó el “Estado catalán” dentro de la República Federal Española anunciando que asumía todas las facultades del poder en Cataluña. Aquello duró diez horas. El diario La Vanguardia del martes 9 iniciaba su editorial diciendo que “A no ser por la piedad debida a todos los vencidos, y muy en especial si son hermanos nuestros, no habría palabras para calificar a los autores de la abominación cometida. Ha sido un caso inaudito de demencia de un poder público". Continuará.

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Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).

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