Exposición Maruja Mallo Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1209. 14 de julio de 2017

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Exposición / Juana Vera

Obras de Picasso y Miró y otros coetáneos, en la exposición sobre la artista gallega

Lugo rinde homenaje a Maruja Mallo

Maruja Mallo. Veinte almas es el título de la exposición sobre la artista de Viveiro, a quien este año la Real Academia Gallega de Bellas Artes dedica el Día de las Artes Gallegas. Forman parte de la muestra obras de la artista y también obras de Pablo Picasso, Joan Miró, Benjamín Palencia, Alberto Sánchez, José Vázquez Cereijo, Vlady Serge, José Caballero, Eugenio Granell o Luis Seoane, creadores que compartieron parte de su trayectoria con la pintora española más singular del siglo XX. La exposición, en la que también participan los artistas contemporáneos nacidos en Viveiro Montse Rego, David Cata, Felix Fernández y Renata Otero, estará abierta al público, en el Museo Provincial de Lugo, hasta el próximo 3 de septiembre.

Desnudo surrealista, litografía (1927)

“Un arte sin tradición popular no puede evolucionar ni resurgir personalmente porque no tiene raíces”, decía Maruja Mallo

 

Fue Ortega y Gasset quien la descubrió y organizó una primera exposición sobre su obra en la Revista de Occidente. Luego coincidió en Madrid con Dalí, Buñuel, Cernuda, Alberti y Lorca

Al entrar en el Museo Provincial de Lugo y tras cruzar el umbral de la recepción, el visitante halla un conjunto de maquetas de la arquitectura lucense: pallozas de los Ancares, casas de piedra vista, una iglesia románica... Luego se enfrenta al Juicio Final (XVI), obra anónima de tema religioso. Cruza después salas en donde puede contemplar arcones añejos y pinturas de los siglos XVII, XVIII y XIX, y si sigue el camino que se extiende a su derecha, llegará a un patio donde podrá disfrutar la belleza de mosaicos romanos. Tras una de las puertas que mira hacia el patio se halla la exposición Maruja Mallo. Veinte almas, organizada por la Diputación de Lugo y la Fundación Eugenio Granell, en colaboración con el Museo Provincial de Lugo, la Fundación Abanca, Afundación y la Fundación Luis Seoane.

“La exposición se ha realizado en el Museo Provincial de Lugo porque Maruja Mallo nace Viveiro en el año 1902 y se le concede una beca de la Diputación de Lugo para estudiar en Madrid. Como condición para disfrutar la beca, se le exige que envíe una serie de obras a la Diputación, creaciones que se hallan en el Museo Provincial de Lugo y que forman parte de esta exposición. Entre estas obras destaca la titulada Guía Postal de Lugo, explica el comisario de la exposición, Eduardo López Valiña.

Un retrato de Maruja Mallo, realizado por José Vázquez Cereijo con técnica mixta sobe papel en el año 1977, una fotografía de Maruja Mallo junto a Pablo Neruda en la Isla de Pascua y un segundo retrato que José Vázquez Cereijo hizo a Maruja Mallo, en esta ocasión con tinta sobre papel en el año 1975, se hallan en la antesala que abre la exposición junto a este texto de la creadora de Viveiro: “Un arte sin tradición popular no puede evolucionar ni resurgir personalmente porque no tiene raíces. La estética de los trazos armónicos fue sentida por la ingenuidad popular intuitivamente ignorando el poder creador y numérico de las leyes que la rigen. Los grandes resultados del arte se hallaron de dos maneras: por conocimiento total o por inocencia suprema. El arte tiene un origen común, posteriormente se perfila y destaca las diferencias de raza de cada pueblo. El arte personal de cada nación, aunque sujeto a su religión o mito, posee un carácter propio”.

Fue el filósofo Ortega y Gasset quien descubrió a Maruja Mallo cuando decidió organizarle una exposición en la Revista de Occidente, la primera exposición que organizó la revista. Por aquel entonces, Maruja Mallo ya había dejado su Galicia natal y estudiaba Bellas Artes en Madrid. En la facultad se encontró con Salvador Dalí y Luis Buñuel, a través de los que conoció a Federico García Lorca, Luis Cernuda, Rafael Alberti y a otros creadores de la Generación del 27, con los que compartió aquellos años de su trayectoria vital. De este tiempo, que ella denomina “España nueva” en una entrevista que se puede contemplar y escuchar en la exposición, se hallan en la exposición las siguientes obras de la artista gallega: Retrato de Ana María Gómez, óleo sobre lienzo (1927); Guía postal de Lugo, collage, (1929); España con abanico, óleo sobre lienzo, (1924); Mujer sentada con abanico y mantilla, óleo sobre lienzo (1925), y Desnudo surrealista, litografía (1927).


La ola
, lápiz sobre papel (196l).

“En sus primeros años como estudiante en la Academia de San Fernando fue importante para ella su compañera de estudios Margarita Manso. Las dos, acompañadas por Federico García Lorca y Salvador Dalí, llevaron a cabo la acción de descubrir sus cabezas en la Puerta del Sol. Este gesto dio el nombre de “las sinsombrero” al grupo de mujeres artistas de la Generación del 27. Una de aquellas mujeres era Concha Méndez, amiga de Maruja Mallo. Hay que destacar, en este sentido, que pocos años después fue una mujer, Gabriela Mistral, quien ayudó a Maruja Mallo a huir a Buenos Aires (Argentina), al inicio de la guerra civil Española”, explica el comisario de la exposición.

Los años treinta significaron París para la artista, ciudad a donde llegó en el año 1932 gracias a una beca de ampliación de estudios y en donde conoció a André Bretón, quien compró su obra Espantapájaros. La galería de arte Pierre, que había organizado la primera exposición de Joan Miró, organizó una exposición a Maruja Mallo, la segunda exposición de la célebre galería. El salto, grabado aguafuerte (1931), de Maruja Mallo; Los dos hermanos, óleo sobre lienzo (1934), de José Caballero; Sin título, técnica mixta y gouache sobre papel (1935), de Benjamín Palencia; Composición, grabado sobre papel, de Joan Miró; Dos personajes, óleo sobre papel (1934), de Antonio Rodríguez Luna; Arquitectura mineral, óleo sobre cartón, (1930), de Maruja Mallo, son obras que reflejan la expresión artística de Maruja Mallo y el contexto creador en el que la desarrolló durante los años treinta del siglo pasado. Un periodo creativo, alegre, donde compartió tertulias en París y en Madrid con los grandes artistas de su tiempo. Su obra, académica en sus inicios, se abre en esta época a la influencia de las vanguardias y se torna abstracta con un delicado matiz surrealista, que se halla en su trazo, grueso e inequívoco, y en las imágenes con las que nos descubre su visión del mundo, entre las que destacan sus figuras geométricas de mujeres-maniquíes, a través de las que la artista realiza una sutil y férrea crítica social al papel de la mujer en la España de la época. Una España a la que ella regresa, a pesar de que Paul Rosemberg se ofrece a organizarle una exposición en París. Maruja Mallo renuncia a la exposición. Tiene fe en su “España nueva”. El estallido de la Guerra Civil fue una sorpresa para ella. Cuando esto sucede, teme por su vida y huye a Portugal.

Bosquejo para la pintura La sorpresa del trigo, lápiz sobre papel (1946), de Eugenio Granell; Sin título, grabado de finales de los años 40, de Maruja Mallo; Máscara, óleo sobre lienzo (1942), de Maruja Mallo, y Estrellas de Mar, óleo sobre lienzo (1952), de Maruja Mallo, son las obras de los años cuarenta y cincuenta que el visitante puede contemplar en la exposición. La primera de estas obras, Bosquejo para la pintura La sorpresa del trigo, de Eugenio Granell, gran amigo de Maruja Mallo, se inspiró en la obra del mismo título de Maruja Mallo, obra que no se halla en la exposición. En este tiempo, la artista trabaja con la memoria y con el nuevo paisaje de América Latina. La ciudad de Buenos Aires (Argentina), será su hogar tras el estallido de la Guerra Civil Española.

“Eugenio Granell y Maruja Mallo mantuvieron una relación de amistad, de la que se conserva correspondencia, además de otro tipo de documentación, que el visitante puede ver en la exposición. Eugenio Granell incluyó en su tesis doctoral Sociological Perspectives of Guernica la obra La sorpresa del trigo de Maruja Mallo y durante los años 40 pintó La sorpresa del Trigo en homenaje a la artista gallega. En la exposición, además, se hallan obras de pintores de la Escuela de Vallecas, con los que se relacionó Maruja Mallo, entre las que destacan las de Benjamín Palencia y las de Alberto Sánchez”, relata el comisario de la exposición.

De los años sesenta y setenta el visitante descubre en la exposición la obra: La voz del silencio, grabado sobre papel (1978-79) de Maruja Mallo, quien dedica esta obra a José Vázquez Cereijo. La artista escribió lo siguiente sobre el lienzo: “A José V Cereijo. Buen amigo y gran pintor. Primer representante de la vanguardia celta universal”. Junto a esta obra, el visitante puede contemplar: Collage sobre papel (1977-78), de Maruja Mallo; Cabeza de fauno, grabado sobre papel (1962), de Pablo Picasso; La ola, lápiz sobre papel (196l) de Maruja Mallo; Agol, óleo sobre lienzo (1969) de Maruja Mallo, y las obras Almendra, Manzana, Pera, Naranja, Sandía y Trigo, grabados-litografía sobre papel de la Carpeta Homenaje a la Revista de Occidente que Maruja Mallo realizó en el año 1979.

“Picasso fue el delator del siglo XX, El greco, el sabio”, cuenta Maruja Mallo en la entrevista que el visitante puede escuchar en la exposición y añade: “El genio es la suma de ciencia y conciencia. Son las masas intelectuales las que están realizando la transformación de la tierra”. Admirada por Ramón Gómez de la Serna, Ortega y Gasset, Gabriela Mistral, Paul Eluard, Joan Miró, Pablo Picasso, Eugenio Granell, André Bretón, Luis Buñuel, Rafael Alberti y Salvador Dalí, entre otros creadores, Maruja Mallo es, como ella explica, en la entrevista mencionada, “expresión del siglo XX”.

La exposición se complementa con obras Montse Rego, Renata Otero, Félix Fernández y David Cata, cuatro artistas contemporáneos nacidos en Viveiro, como la artista. “El punto de partida es importante cuando te enfrentas al hecho artístico. Por otro lado, el camino creado por los artistas de las vanguardias sigue abierto. Por ello he seleccionado obras de artistas nacidos en Viveiro, realizadas entre los años 2009 y 2017. He intentado, con ello, aportar una nueva lectura de la propuesta creativa de Maruja Mallo”, explica el comisario de la exposición, Eduardo López Valiña. Maruja Mayo. Veinte almas acaba. Al salir del Museo Provincial de Lugo, el visitante se halla en una bella plaza, que apenas ha cambiado desde que la artista de Viveiro caminara sobre sus losas centenarias. La plaza sigue viva, como la obra de la artista y muestra, como la obra de la creadora plástica gallega más universal, una visión del mundo donde se guardan muchas como un tesoro.


La grieta
, de Montse Rego, una de las autoras nacidas en Viveiro que acompañan la exposición de Maruja Mallo.