Tribuna Cultural / Mauro Armiño Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1209. 14 de julio de 2017

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Tribuna Cultural / Mauro Armiño

Libros por tierra, mar y aire


Estas propuestas son un buen bálsamo para desentenderse del procés catalán y las advertencias sobre la soberanía nacional de la ministra de Defensa; para desconectar de esta democracia que no es sino un franquismo diferido, y de la sedicente izquierda progresera que sigue sin dar un palo al agua…

Como todos los veranos, advierto sobre algunos libros que me han interesado para que el lector, si lo tiene a bien, meta alguno en sus maletas y los lleve por tierra, mar o aire, como amenaza la ministra de Defensa Cospedal hacer si se mueve demasiado el procés  catalán. Esta individua acuña frases insignes, como esa del «pago en diferido» que no deja de ser metáfora de esta democracia: un franquismo en diferido que se va difiriendo cada vez menos, mientras la sedicente izquierda progresera sigue sin dar un palo al agua para cambiar algo (las leyes de Mordaza y Reforma Laboral, por ejemplo) embutida como está en el ombligo de cada cual, discutiendo sobre cargos, privilegios, sueldos… Y esta misma semana el Congreso se va dos meses de vacaciones, como si aquí no pasara nada. Mientras se deciden a hacer algo, propongo un verano aventurero.

El aventurero perfecto
Del francés Pierre Mac Orlan (1882-1970) acaba de aparecer su Breve manual del perfecto aventurero (traducción de Juan Manuel Salmerón, Editorial Jus), ingenioso librito que divide a los aventureros en activos y pasivos. Frente a los primeros que se adentran por caminos de aventuras vulgares, Mac Orlan privilegia al pasivo, tipo sedentario carente de sentido de la moral que se alimenta  de libros y cadáveres, y comete crímenes exclusivamente imaginarios; navega por relatos ajenos y vive con sus protagonistas, desde el capitán Flint al capitán  Kid biografiado por Marcel Schwob (Vidas imaginarias). Divertido, paradójico, este Manual del perfecto aventurero pertenece a la época en que Mac Orlan frecuentaba a los surrealistas; luego, gran reportero, terminó convertido en padre de un subgénero, lo “fantástico social”, protagonizado por los hallazgos técnicos de la modernidad –desde el cine y el fonógrafo a los electrodomésticos– y por fuerzas oscuras que convierten sus novelas en fantásticas. En España, donde se publica de todo, apenas ha sido traducido; quizá demasiado fino y perspicaz para estos pagos; sólo contabilizo dos o tres títulos en librerías entre los que ni siquiera figura Le Quai des brumes; ¿recuerdan la película, un clásico del cine francés, adaptada por Jacques Prevert y dirigida por Michel Carné?

Un asalto a los cielos
Los cien años de la aventura política más considerable del siglo XX empieza a reflejarse en libros de todo tipo sobre la Revolución de Octubre. El periodista francés Jean-Paul Ollivier (nacido en 1923) conmemoró los 50 años de esa Revolución  en 1967 con ¿Cuándo amanecerá, camarada?, aparecido en español también en ese año; y ahora reaparece en Clave Intelectual (traducción de Saturnino Martín), sin que su actualidad haya perdido un ápice de interés porque  Ollivier escribió paso a paso la crónica previa a la toma bolchevique del poder: arranca con el movimiento revolucionario Tierra y libertad (1876), del padre del marxismo ruso, Plejánov, y con el asesinato del zar Alejandro II (1881) para terminar con la abdicación del zar Nicolás II, la huida del presidente provisional Kerenski el 14 de noviembre de 1917 y la rápida toma de Moscú en los dos días siguientes. Todos los movimientos políticos y militares del gobierno zarista, con la respuesta y movilización de intelectuales y obreros, son desmenuzados y reflejados minuciosamente en este libro para cuya redacción Ollivier, ayudado por varios colaboradores, recogió, además de datos históricos, opiniones de los que en la década de 1960 seguían vivos y habían sido protagonistas o espectadores de muchos de los sucesos.  No es labor de historiador, ni de filósofo político, sino de periodista, profesión que Ollivier ha ejercido a lo largo de su vida en condiciones inmejorables para acercarse a las fuentes; amigo del general De Gaulle, al que acompañó sobre todo en sus paseos últimos, cuando el “libertador” dejó el poder en 1969 y rumiaba amargado, y sin poder explicárselo, el desafecto que terminaron sintiendo hacia él los franceses. En Últimos caminos del general (2005, no sé si traducido), además de esas relaciones figuran sus recuerdos de un viaje a España en el que se entrevistó en privado con Franco, encuentro del que sólo han trascendido algunas confidencias del traductor del encuentro, Máximo Cajal, y del coronel Desgrées, último ayudante de campo del general. En resumen, libro más que recomendable, incluso para los que quieran asaltar los cielos.

Aventuras amorosas
Del “general” del amor, Don Juan, comenté semanas pasadas un libro que reunía los textos de Tirso de Molina, Molière y Mozart; estos días ha aparecido Historia universal de Don Juan. Creación y vigencia de un mito moderno, del poeta y profesor Edgardo Dobry (Arpa Editores) que se suma a la eterna búsqueda del sentido de esa figura que, socialmente, según los movimientos feministas es un recuerdo del pasado. Dobry exprime las premisas, el significado y los rasgos caracterológicos desgranados en torno a esa figura a lo largo de los últimos cuatrocientos años; Dobry analiza la percepción que sobre él han tenido sus distintos re-creadores con erudición y sugerencias de gran interés; pero deja de lado un aspecto de capital interés en mi opinión: su origen religioso, inscrito ya en el Romance del galán y la calavera: “Pa misa diba un galán /caminito de la iglesia, / no diba por ir a misa / ni pa estar atento a ella, / que diba por ver las damas / las que van guapas y frescas”.  Don Juan, en origen, no es sólo un seductor, sino sobre todo un pecador, y por eso en muchas de las obras se le castiga con el infierno; no peca por seducir doncellas, casadas o viudas, sino por hacer de la iglesia –lugar sagrado– su campo de operaciones amatorias; por buscarlas en el casi único lugar en el que, aunque con muchos refajos y toquillas, y bien resguardadas por parientes,  se las podía ver al menos e iniciar un acercamiento, jugar con los ojos, hacer guiños y otras menudencias del oficio. Ese aspecto religioso del origen, tal vez olvidado en los autores a partir del siglo XIX, dio lugar a la que considero la obra más radical en torno al personaje, el Don Juan de Molière. Pero este reproche no empece para que el trabajo de Dobry sea una aportación más que interesante a la figura y mito de don Juan, con buena lectura y manejo de casi todas sus versiones.
 
Aventuras policiacas
Se reeditan ahora dos libros de Arthur Conan Doyle, con Sherlock Holmes como protagonista de veinticinco “casos” o aventuras: El regreso de Sherlock Holmes (1905) y El archivo de Sherlock Holmes (1927), traducidas por un especialista del autor, José Manuel Ibeas Delgado (Alianza Editorial). Se editaron ya en 2005 (si no antes) pero en ese momento, como les ocurría, según Mac Orlan, a “los jóvenes de hoy sienten cierto desprecio por la literatura de aventuras”, metido como andaba en asuntos más barrocos y exquisitos (de Lope de Vega a Proust), si no despreciaba, sí miraba hacia otro lado en el caso de esos géneros llamados menores: polar, novela negra, detectivesca, de aventuras, etc.  Pero los años asesan y ayudan a reparar algunos errores e injusticias cometidas con ciertas lecturas; y a los autores leídos entonces como Dashiell Hammett (por la carga poética y la descarnada violencia de sus tramas) o Raymond Chandler, se ha sumado hace algún tiempo Conan Doyle: más sencillo, más directo, menos literario, creó hace ciento treinta años un detective algo extravagante para el oficio, dotándole del acompañante de todos los héroes, ese Sancho llamado Watson, y unos molinos contra los que arremeter, el profesor Moriarty –ya muerto cuando se escriben estos dos títulos­–. Libros fáciles para la lectura veraniega, con tramas que tiran del lector y entre los que hay bastantes aventuras excelentes en los dos volúmenes; por ejemplo, para mi gusto, “La aventura de la casa vacía”, “La aventura de la segunda mancha”, “La aventura del hombre que se arrastraba”, etc. El lector puede elegir entre los veinticinco relatos y pasar un buen verano con Conan Doyle, al que algunos quizá debamos pedir perdón por  haberlo leído tan poco.

Firma

Escritor y traductor, ha publicado una novela, una plaquette poética y varios ensayos literarios. Colaborador de prensa, radio y televisión desde hace cincuenta años como periodista cultural y crítico de teatro, ha traducido, sobre todo, a los clásicos franceses (Molière, Voltaire, Rousseau, Rimbaud, Marcel Proust, etc.), y ha escrito y adaptado textos teatrales para la escena. 

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