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                             Nº 1209. 14 de julio de 2017

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Tema de Portada de El Nuevo Lunes / Esmeralda Gayán

Los mismos que apuntan a la falta de liquidez del banco como causa de la intervención fueron los que la provocaron

Los verdugos del Popular

Cuarenta días después de la desaparición del Popular, las autoridades siguen aludiendo a la falta de liquidez como el motivo que sentenció a muerte al sexto banco español. Lo que no reconocen es que esa misma falta de liquidez fue alimentada tanto por los miembros de la cúpula del banco como por los supervisores europeos. Con sus desacertadas declaraciones, no sólo provocaron sucesivos batacazos en Bolsa, sino que alimentaron la estampida de depositantes que tan crucial resultó en el fatal desenlace del 7 de junio. Ni un solo mensaje sirvió para tranquilizar a los mercados, a excepción de los lanzados por el ministro de Economía y del Banco de España que, en el otro extremo, pecaron de optimistas e hicieron confiar plenamente a los pequeños accionistas quienes, sin otra información que la oficial y tras perder todo su dinero, se sienten engañados.

 
Emilio Saracho, expresidente del Popular y Elke König, presidenta de la Junta de Resolución hicieron caer el valor del banco con sus declaraciones.

Faltó liquidez y sobraron las palabras. Con sus imprudentes declaraciones en unos casos, y sus silencios reveladores, en otros, supervisores y gestores acabaron provocando una fuga de depositantes que, según todas las versiones, sentenció a muerte al Popular.
Si la falta del dinero en caja fue la causante de que el banco no pudiera abrir la ventanilla aquel fatídico 7 de junio, según alertó el propio Emilio Saracho a los supervisores, no es menos cierto que la indefinición del mismo Saracho y la imprudencia de la presidenta del Mecanismo Único de Resolución (MUR), Elke König, en las semanas previas a la intervención, alimentaron una estampida que, en última instancia, provocó esa falta de liquidez, al declarar que se había puesto bajo “alerta temprana” a Popular. La alemana echó más leña al fuego y acentuó una agonía por capítulos, que fue retransmitida en directo ante mercados, clientes y depositantes.
Precisamente el hecho de que todo el mundo, pero especialmente los supervisores, opinasen sobre la salud del enfermo, hace viable reconstruir su muerte por capítulos, que comenzó ya desde el momento en que Ángel Ron lleva a cabo una ampliación de capital sin un plan de saneamiento paralelo y que se acentúa a partir del 20 de febrero, cuando deja la presidencia y el consejo nombra como sucesor a Emilio Saracho.
A partir de entonces, el enfermo comienza a dar síntomas de gravedad. Desde ese día y hasta que da su último suspiro, en Bruselas en la noche del 7 de junio, transcurren tres meses y medio, concretamente, 108 días que se reconstruyen como sigue:

- 20 de febrero. Ángel Ron deja la presidencia de Banco Popular y el consejo nombra a Emilio Saracho, tras una batalla encendida entre varias facciones de la cúpula. En el lado de Ron, la sindicatura de accionistas, que engloba a las familias históricas del Opus y en el bando “sublevado”, una serie de accionistas capitaneados por el mexicano Antonio del Valle, que deciden dar un golpe de Estado, con la complicidad de Reyes Calderón, una histórica de la Obra, colocada por Ron en la Comisión de Nombramientos, que no duda en traicionar a su mentor. Según comentan en Bruselas, esta facción no dudó en filtrar informaciones a la prensa con información negativa sobre el banco, sin darse cuenta de que estaban agravando al enfermo.

- 3 de abril. El banco corrige las cuentas de 2016. El auditor observa “insuficiencia” en determinadas provisiones. Sin embargo, el banco ya presidido por Saracho asegura que las desviaciones detectadas en cuatro aspectos puntuales de sus cuentas “en ningún caso” representan un impacto “significativo” en las cuentas de 2016. Por si fuera poco, el mismo día, Pedro Larena, que se había incorporado al Popular en septiembre, presenta su dimisión como consejero delegado. Las acciones del banco se desploman un 11%. tras conocerse la noticia.

- 10 de abril: En la junta de accionistas celebrada ese día, Saracho deja abiertas dos posibilidades: o una ampliación de capital o una fusión con otra entidad. Sin embargo, no detalla un plan de actuación concreto. El mercado recibe el mensaje como un reconocimiento de debilidad y las acciones del Popular caen otro 17% en apenas cuatro sesiones. Sólo ese día, los títulos de la entidad se desploman un 9%. Mientras, Luis de Guindos habla de “banco solvente”, en alusión a las noticias que le llegan del Banco de España. Sólo dos meses después, el ministro de Economía iba a decir que el Popular era un “banco zombi” en su comparecencia del Congreso.

- 11 de mayo: El banco desmiente categóricamente a la CNMV que haya encargado su venta urgente, que exista riesgo de quiebra y que necesite fondos por la fuga de depósitos. Lo hace después de aparecer una noticia firmada por el periodista Agustín Marco en el Confidencial, titulada "Saracho encarga la venta urgente del Popular a JP Morgan y Lazard”. Una noticia que, más tarde, se confirmaría a pesar del desmentido del banco.

- 16 de mayo: Llama la atención que sea JP Morgan, el banco de inversión en el que Saracho tuvo altas responsabilidades, el que inicia oficialmente este día el proceso de venta de Popular con una subasta privada, a la que invita a los grandes bancos, aunque solo se interesan inicialmente Santander y en menor medida, BBVA y Bankia. La fecha para remitir ofertas vinculantes finaliza el 10 de junio, y así se hace saber al mercado. El banco sigue insistiendo en la posibilidad de una ampliación de capital. Pero los inversores no le creen y las acciones siguen cayendo.

- 31 de mayo: Es otro día clave en el desenlace del Popular. Elke König, presidenta de la Junta de Resolución Bancaria, considerado FROB europeo, asegura a Reuters que el banco está en “alerta temprana”.
Ese mismo día, la entidad celebra consejo de administración y Saracho comunica que el martes 6 de junio acudirá al Banco Central Europeo (BCE) para pedir medidas extra de liquidez y que le permitan ampliar el plazo para mejorar su capital en 2018 con una ampliación. Una reunión que nunca llega a producirse, porque el banco ese día ya estará muerto. Las acciones de Banco Popular se desploman un 17,9% en Bolsa y retroceden a su mínimo histórico (0,5 euros) tras las señales de inquietud mostradas por uno de los principales organismos de vigilancia bancaria de Europa. Las informaciones apuntan que la entidad está siendo analizada de cerca no solo por las autoridades europeas sino también por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

- 2 de junio: La salida de depósitos era ya una constante. La subasta privada para la venta de Popular parece condenada al fracaso. Pocos días antes, el FROB europeo había contratado ya a un asesor independiente, Deloitte, para realizar un test a la entidad, que arroja unas pérdidas de 8.200 millones en el escenario adverso. Es el primer paso ante una posible intervención.
Los contactos entre el banco, las autoridades supervisoras europeas y Economía, se intensifican. Y mientras, el portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, dice en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros que en el Ejecutivo existe una "tranquilidad absoluta" en relación al proceso. "Gracias a las reformas, España tiene un sistema financiero sólido, de los más sólidos de Europa, y podemos están tranquilos ante cualquier eventualidad", dijo. Cuatro días después, el banco iba a desaparecer y sus accionistas lo iban a perder todo.
Por eso, no es creíble que en el Gobierno no supiesen la situación real del banco, en especial Economía, ya que el banco estaba pidiendo ya medidas de liquidez al BCE.
El mensaje, así, sólo busca enmascarar la situación real del banco que, por una lado, pedía dinero a Mario Dragui, mientras por otro lado, trataba de evitar la sangría. De hecho, ese mismo 2 de junio, el propio Saracho remite una carta a la plantilla asegurando que el banco es solvente. Hay que recordar que en el Popular se daba la circunstancia de que la plantilla poseía un gran número de participaciones en el banco.

- 5 de junio: Se inicia de forma preventiva el mecanismo de resolución y venta. JP Morgan intenta cerrar la venta de Popular, pero no lo consigue. La fuga de depósitos se acelera. Saracho ya ha anulado su reunión con el BCE ante los contactos mantenidos durante ese día y el fin de semana. Se conoce la salida de Crédit Mutuel, con el 3,9% del capital, del consejo, y la venta de su participación en el banco del fondo BlackRock.

- 6 de junio: el banco no puede frenar la fuga de depósitos ni el derrumbe de su valor. En cuatro sesiones perdía más del 50% del valor. A mediados de febrero los títulos cotizaban a 0,85 euros. Tres meses y medio después, valían menos de 0,40 euros, lo que significa que la capitalización del banco está por debajo de los 2.000 millones. A las 15.00 horas, Saracho comunica al BCE que Popular ya no tiene liquidez. El FROB europeo y español y el BCE deciden intervenir Popular y a las 22 horas convocan una subasta exprés.

- 7 de junio. Santander firma a las 7 horas de la mañana su compra y cambia al consejo de Popular. Anuncia una ampliación de 7.000 millones para la compra del banco.

- 13 de julio. Santander anuncia que compensará, “pese a no tener obligación legal alguna”, a clientes minoristas" del Popular y del Santander "que adquirieron acciones y/o determinadas obligaciones subordinadas del Popular" y que han perdido su inversión tras la resolución de la Junta Única de Resolución (JUR).

Elke König, la emisaria de Merkel para fulminar bancos en Europa          

Resulta una paradoja que quien fuera elegida, en teoría, para resolver entidades en Europa sin menoscabar la confianza de los depositantes, acabase por precipitar justamente lo contrario, una huida de clientes e inversores, al hacer pública información de Banco Popular que nunca debió desvelar.
La alemana Elke König, presidenta de la Junta de Resolución Bancaria, considerada el homólogo del FROB en Europa, aseguró que el banco estaba en “alerta temprana”, metiendo la pata hasta el fondo. Estas declaraciones fueron claves en el desenlace del Popular, no sólo porque hicieron desplomar el valor de las acciones, sino porque además provocaron una estampida de depositantes.
En el sector financiero español ya tienen fichada a la jefa del mecanismo único de resolución bancaria, el primer pilar de la Unión Bancaria. Fuentes de una entidad no dudan en señalar, eso sí, en privado, su incompetencia y las razones por las que fue colocada en ese puesto tan clave para vigilar la banca europea y, sobre todo, para liquidar bancos “zombis”.
Si se analiza su currículum, podemos comprobar sus lazos con Ángela Merkel. Después de haber trabajado durante treinta años en el sector financiero y asegurador alemán, König fue nombrada por la canciller como jefa de la autoridad federal de la supervisión financiera.
Merkel ha colocado a personas del partido en todos los puestos claves de los organismos de la Unión Europea. Y la supervisión bancaria no iba a ser menos. De esta forma, se aseguraba que su emisaria iba a velar por los intereses de las entidades germanas, una especie de trato de favor frente a los 150 bancos de la Eurozona sobre los que  puede actuar como el César, torciendo su pulgar hacia abajo, mientras no toca a ninguna de las Cajas alemanas en problemas, según los expertos.
Cuando cualquiera de ellos, caso del Popular, según aduce el organismo, tiene una enfermedad incurable, está abocado a la quiebra, lo mejor es desarmarlo de forma ordenada para no dañar al resto de entidades y sin utilizar el dinero de los contribuyentes. El problema es que König comenzó a desarmar el Popular en público y con sus declaraciones, lo sentenció a muerte.
Pero además, su credibilidad ha quedado en entredicho tras las diferencias entre el rescate del Popular y el de los bancos italianos Banca Popolare di Vicenza y Veneto Banca. El guante de seda con el que König ha tratado la insolvencia de estas dos entidades medianas del país de la bota contrasta con la rigidez que mostraba, apenas dos semanas antes, con el Popular, al que se ha aplicado a rajatabla la nueva normativa bancaria de la Unión Europea.

 

Señor De Guindos: ¿banco solvente o zombi?

No es la primera vez que Luis de Guindos dice una cosa y la contraria con apenas semanas de diferencia. Así, en su comparecencia ante el Congreso del 12 de junio, el ministro de Economía reconocía que la situación de Banco Popular era tan grave que lo llegaba a calificar como un "banco zombi". 
La maldita hemeroteca nos recuerda que apenas dos meses antes, De Guindos hablaba de “banco solvente”, en alusión al Popular. Y no defendió la solidez del banco una sola vez. Lo dijo el 3 de abril en el Foro Navarra Televisión; el 10 de abril en el Círculo Financiero de La Caixa; el 19 de abril en el 24º Encuentro Financiero Deloitte y el 16 de mayo en el Salón del Automóvil de Barcelona. ¿En qué quedamos, señor ministro?  O era solvente, o era zombi. Nunca ambas cosas a la vez. De modo que el ministro o se aclara y es solvente, o se confunde como un zombi.
Mientras el Popular se precipitaba al vacío, asistíamos a la inacción del gobernador del Banco de España, Luis María Linde, el máximo responsable en España de supervisar el sector bancario. “Las noticias que me llegan del Banco de España es que Popular no tiene problemas de solvencia”, dijo Guindos, pero es a través del titular de Economía cómo conocemos la opinión del supervisor. No así la de sus inspectores, que eso sí, a agua pasada, criticaron la forma en que había sido valorado el Popular por parte de Deloitte en la subasta exprés. Los inspectores consideran excesivamente amplia la horquilla detectada por Deloitte, que en teoría valora Banco Popular en un escenario normal y otro extremo, para ver su capacidad de resistencia en función de la evolución de la coyuntura.
Desde la Asociación califican de "llamativo" que "la valoración de un 'experto independiente' establezca un rango de entre 2.000 y 8.000 millones de pérdidas, en función de los escenarios que se contemplen". Además, a posteriori se ha podido saber que existió un tercer escenario en el que Deloitte valoró de forma positiva al Popular, con un valor de 1.500 millones. Un informe que nunca llegará a ver la luz, según ha confirmado el Mecanismo Único de Resolución (MUR).
Más allá de los fallos de transparencia y de las metidas de pata de Guindos, hay que decir que la mala fortuna del Popular se debe, antes que nada, a sus errores de gestión y a la imprudencia de la supervisora, no a la inanidad ministerial. Así, en 2012 su morosidad extrema, que incluye créditos dudosos, adjudicados y refinanciaciones no dudosas, era del 18,2%, y mientras otros competidores se sanearon, el Popular seguía siendo campeón en riesgo inmobiliario y sus tasas de cobertura siempre fueron muy inferiores al resto del sector. 

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