Entrevista Juan Madrid Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1210. 21 de julio de 2017

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Juan Madrid, escritor

“El franquismo sigue vivo”

Llega al Café Gijón algo herido, porque se repone de un contratiempo en su salud con valentía y pulso firme. No hay que olvidar que Juan Madrid (Málaga, 1947) es Toni Romano o Juan Delforo, tipos férreos, supervivientes. Delforo es el protagonista de su novela Perros que duermen, recientemente editada por Alianza, una historia de política y amor con el transfondo de un país gris y feroz. Una España en la que, aunque a Juan Madrid no le gusta Simenon, la nieve estaba sucia.

 

 

 

 

 

“Enfrentarse literariamente a la Guerra Civil es una tarea difícil de desarrollar”


“La Transición fue un pacto de las élites políticas y económicas con el PSOE”


ANDREA ABRIL

Perros que duermen es una obra de ficción, pero es también un libro con un fondo muy político. Usted ha dicho en alguna ocasión que “la novela tiene que denunciar y entretener”, ¿no?
Sí, yo soy partidario de eso. Hay varias esquinas en una novela. Y en este momento político, literario si se quiere, yo necesitaba con mucha urgencia una novela de este tipo. De establecer quién ha sido culpable de esta situación de la que somos herederos.

Es una novela que se desarrolla en cuatro épocas diferentes que se van intercalando: Madrid 2011, Málaga 1946, Madrid 1940, y Burgos 1938.
Sí, pero eso no es algo elegido a propósito. Eso te sale, es una exigencia del propio libro. No estaba previsto todo eso, ni estaba previsto pasar cuatro años trabajando en el libro. Porque siempre faltaban o sobraban cosas. Casi siempre, faltaban. Porque enfrentarse literariamente a la Guerra Civil es una tarea bastante difícil de desarrollar. Las novelas de la Guerra Civil que hay publicadas nunca me acabaron de gustar. Es decir, Perros que duermen tenía bastantes dificultades añadidas y yo creo que, de alguna manera, las he ido sorteando. Pero he tardado cuatro años en terminar el libro. Demasiados. Nunca había empleado tanto tiempo en escribir una novela. Es verdad que he trabajado en otras cosas entre medias. Pero unos dos años y medio sí que he dedicado íntegramente a este libro. Y la novela está planteada en la primerísima parte, que son 22 páginas. Ese anciano, Dimas, que se suicida con casi cien años de edad, tenía una finalidad al final de su vida. Y en la novela se explica. Como transfondo hay una historia de amor. Perros que duermen no es sólo una historia política sobre la Guerra Civil: Hay una historia de amor.

El arranque del libro, con esa conversación entre Borsa y Delforo, es arrollador, ¿no?
Sí, pero son tremendos todos los capítulos. Es un libro fuerte. Porque es fuerte la historia. Porque se aplastó a una parte de la población española. Se aplastó y pisoteó. Y llega la historia de la novela hasta nuestros días. Pero comienza entonces. Es inimaginable el sufrimiento que padeció el pueblo español con esa dictadura feroz, sin piedad ninguna. Hoy la sociedad se divide entre ganadores y perdedores. Sí, así continúa todavía. Porque el franquismo sigue vivo. Hemos avanzado, pero no lo suficiente.

“Esta Transición modélica costó ríos de sangre”, dice Juan Delforo. La conversación que usted describe entre el franquista Borsa y Delforo plantea serias incógnitas sobre la Transición.
Sí, claro, y de eso se sigue discutiendo, porque hay quien no lo acepta, hay quien ha hecho de la Transición una bandera ideológica y política. Yo, personalmente, creo que la Transición fue un pacto entre las élites políticas, las élites económicas, que pactaron a través del PSOE, el PSOE se prestó a pactar, y eso ya estaba previsto. Y entonces se produjo la Transición. Es decir, lo económico no se mueve, no se toca. Y eso es lo verdaderamente importante. Y lo demás se toca un poquito nada más. Se juega a la democracia, siempre que esa democracia no cambie las cosas profundamente. Eso es, pues, una asignatura pendiente para discutir. El pueblo español tiene que discutir sobre esto y sobre qué camino elegimos. No está previsto todavía cuál es el camino que vamos a elegir. Hay que ir a una democracia real, no esta broma de democracia que tenemos. Que deja en la inanidad al pueblo español. Lo deja miserable, sin salario suficiente, sin Seguridad Social. Lo deja completamente desarbolado. Y sin posibilidad de un cambio más profundo, que fue lo que se planteó durante la República.

Un personaje de Perros que duermen dice: “Había que impedir que en España se creara un Frente Popular a la muerte de Franco que ganara las elecciones”
Sí, claro, esa es mi teoría, y todavía siguen considerando peligroso todo eso. Si la unión entre Podemos y determinados partidos… Tal cosa remueve muchas inquietudes, que consisten en la creación de un Frente Popular, o como quiera que lo llamemos. No se va a permitir la creación de un Frente Popular, que sería la solución, es decir, que unan sus fuerzas todo el espectro democrático, algo que es absolutamente válido, y juntarse para crear una auténtica democracia. Y eso es lo que hizo la República. Es lo que falta en este país en este momento. Lo que pasa es que Perros que duermen no es un manual de ideología política. Ni mucho menos. Se trata de una novela. Una novela realista que trata una época, y yo creo que la trata con personajes que hacen que la aproximación sea muy digna. Es una novela fácilmente legible. Yo quiero escribir para todos, que se me comprenda fácilmente. No hay que oscurecer el texto. Porque ya está bastante oscurecida la realidad, y oscurecida por los que oscurecen, para que yo venga a oscurecerla todavía más. Y estoy esperando las críticas de los diarios más importantes sobre mi libro. Que hace ya dos meses que salió. Y ha tenido éxito entre la gente, pero no entre los periódicos. Los diarios importantes tienen secciones de crítica absolutamente válidas, pero hay novelas a las que no les hacen reseñas. Por ejemplo, a mí no me han hecho una crítica jamás, y llevo 50 novelas publicadas. Los más importantes periódicos, no. Yo tuve críticas hasta el año 1993, hasta que no me renovaron el contrato con la editorial en la que estaba entonces. Hay una serie de políticas que no son fácilmente traducibles. Pero a mí no me nombran.

¿Qué importancia concede al estilo?
Es fundamental. La manera de contar una historia es tan importante como la propia historia. No más importante, pero sí como la propia historia. La manera de escribir, la manera de trasladar la palabra, de trasladar las sensaciones. Llevo 40 años escribiendo y el estilo ha sido mi obsesión. Y sigo luchando en ello. Por conseguir una historia realista. Fundamentalmente realista como eran la literatura norteamericana o la literatura rusa anteriores a esta época concreta. Yo tengo seis novelas traducidas al ruso. Y otras tantas, al chino. Pero ahora es un momento muy curioso en Rusia. Han desarbolado a Gorki y a Dostoyevski. Porque están considerados como escritores realistas. Es decir, no son artistas. Son escritores realistas, periodistas. Dicen de ellos que copian la realidad. Que el arte es de los poetas. Hay un momento posmoderno en Rusia muy fuerte. Yo he estado en Rusia hace poco y te publican pero no te pagan. Los dos primeros libros que publiqué allí me los pagaron muy bien, en tiempos de los soviets. Pero le puedo asegurar que en estos últimos cuatro que me han editado, me han robado, así, tranquilamente.

Ha dicho usted que Perros que duermen, que nos conduce a los tiempos de la Guerra Civil y de la posguerra, se la debía a sus padres que “lucharon en la guerra y le transmitieron sus sueños”.
Es así. Los padres transmiten eso normalmente. Hay que escucharlos. Mi familia fue ferozmente reprimida por el franquismo. Mi padre era ingeniero industrial y no le aceptaron ese título académico porque lo había obtenido durante la República. Y luego, cuando pasaron años y años desde el final de la guerra, mi padre murió en 1970, había que jurar adhesión al Movimiento o, de lo contrario, tampoco te aceptaban el título. Son cosas inauditas. Inaudito lo que hace la derecha de este país. La derecha dueña de la Historia, dueña de la hacienda, dueña de la vida de los españoles. La derecha hace lo que quiere. Y todo eso, insisto, no se solucionó con la Transición.

¿Qué le debe la novela negra a Simenon?
Nada. Tal vez un tipo de novela negra, sí. Pero no la novela negra que hago yo. Simenon creó un personaje que es el comisario Maigret. Simenon saca unos policías que, como ocurre con un gran número de escritores de novela negra, no son reales. Son policías que les gustaría a ellos que existieran en esta sociedad. Pero, ¿dónde está el comisario Villarejo? ¿Dónde está el GAL? ¿Dónde está la corrupción de la Policía? Y la Policía griega, ¿dónde está? A principios del siglo XIX nace la novela policíaca y está basada en los detectives privados. Es lo que leen los ciudadanos. Porque no se fían de la Policía. Scotland Yard es un desastre. Sherlock Holmes se mofa de Scotland Yard. Hasta que llega un momento histórico en el que sirve la Policía. Es a finales del siglo XIX y ese momento histórico cuenta con Simenon. Hay luchas sociales fortísimas. Y entonces sí sirve la Policía. Sirve para acabar con el movimiento obrero. Que acaba con él fulminantemente. Y ahí están los policías. Los policías que cubren esa función. Ahora sí son literariamente valiosos. Los detectives privados, no. Se convierten en gente muy cutre. Los policías son los nuevos protagonistas. Todos los escritores españoles y extranjeros hacen policías. Algunos son policías borrachos. Pero actualmente los policías cumplen un papel importantísimo en la novela. Y todos los escritores tratan bien a la Policía. Pero esa no es la verdad de la historia. Se está falseando la historia. Se está creando un imaginario policial que no existe. Y lo hacen todos los escritores. De lo contrario no se comen ni una rosca. Han de ser correctos. Y yo estoy absolutamente ajeno a eso. Pero que no se haga caso a lo que digo. Que se me lea. Tengo mis lectores, tengo mi gente, pero no tengo el amor del mundo de las letras. No lo tengo. Y me siento muy orgulloso de no tenerlo.

¿Qué le parece el periodismo que se hace actualmente?
El periodismo ha cambiado mucho. Ahora el periodismo me gusta mucho. Pero hubo una época en la que no me gustaba nada, hace unos años. Pero eso se ha renovado. A mí me gusta el periodismo actual. Y está cumpliendo un papel histórico muy importante: está descubriendo la corrupción.

 

El superviviente

Ha dicho usted: “A veces echo en falta a aquel que fui antes”. Eso ocurre, o suele ocurrir, con el paso de los años, ¿no?
Sí, eso se da con el paso de los años. Pero a veces echo de menos al que era antes. Era más valiente. Mejor. Ahora no es que me conforme. Ahora peleo con bastón. O con muletas. Pero estoy mejor ahora. Porque hay un fenómeno importante en este país que consiste en una nueva izquierda, la gente se está moviendo y yo encuentro más respuesta por parte de la gente. Los años jodidos del PSOE, y todo eso, pasaron. Yo, ahora, tengo más respuesta. Gente joven. Gente de 30 años. De 40 años. Ninguno es de mi generación. O muy pocos. Son jóvenes. También hubo un hundimiento de la izquierda muy grande después de la Transición, que fue horrible y nos dejó huérfanos. Pero ahora está renaciendo la izquierda otra vez. Y yo me considero un superviviente: como escritor y como teórico. Y cultivo algo muy antiguo, que es la novela policíaca. Que finalmente ha ganado. Porque la atacaban los escritores puros, los escritores que decían hacer arte. Los artistas. Porque hay un analfabetismo latente  en este país. Que llega hasta las capas más intelectuales. Pero la novela policíaca, finalmente, ha ganado.