Tema Nuevo Lunes Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1210. 21 de julio de 2017

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Tema de Portada de El Nuevo Lunes / Esmeralda Gayán

Símbolo de la politización de las cajas, la mala gestión financiera y la corrupción

Blesa: el amigo de Aznar que nunca
debió ser banquero

Blesa, abogado de profesión, nunca ocultó que su profunda amistad con el expresidente José María Aznar fue clave para llegar a dirigir Caja Madrid, la segunda caja más importante de España, con 190.000 millones de activos. Hizo de ella un símbolo de la ostentosidad, el lujo, las tarjetas opacas, los sobresueldos y la injerencia política en las antiguas entidades de ahorro. Esta injerencia fue la que hizo que Blesa y otros presidentes de su perfil, sin ninguna valía previa en banca, se cargaran las cajas. Sin conocimientos financieros, pero con mucha ambición, Blesa quiso duplicar el balance, crecer en España e incluso hacer las Américas. Una vez estallada la burbuja, no dudó en vender preferentes no aptas para los clientes de a pie. Todo ello le propinó grandísimos beneficios a corto plazo, pero a la larga supuso la tumba de Caja Madrid. Y, finalmente, la suya. 


Miguel Blesa, a la salida tras declarar en la Audiencia Nacional, que lo había condenado a seis años por las tarjetas black. / EUROPA PRESS

A Rato no se le perdona que, en plena crisis económica,
el que fuera ministro de Economía tirara de una tarjeta opaca en tiendas de arte sacro,
locales de ocio nocturno o bebidas alcohólicas

El suicidio de Miguel Blesa es el amargo final jamás pensado para el que fuera uno de los más importantes banqueros del PP. Y así pasará a la historia, como el amigo de José María Aznar que fue aupado a la presidencia de Caja Madrid y que, junto a Rodrigo Rato, acabó por conducir a la entidad y a un país al rescate. Pero además de una caja quebrada, Blesa, descanse en paz, será recordado por las preferentes, los sobresueldos, el derroche y las tarjetas black pagadas por todos.

El único banquero que había pisado la cárcel por la última crisis no ha llegado, sin embargo, a tener sobre sus espaldas una condena firme, ya que había recurrido al Supremo los seis años de cárcel por las tarjetas opacas.  Fuentes próximas a la familia consultadas por este semanario señalan que, más allá de lo moral, “él creía firmemente que tenía todo atado legalmente y nunca pensó que iba a ser condenado”. En otras palabras, estaba convencido de que todo lo había hecho conforme a la Ley y no entendía por qué se le juzgaba ni cómo, tras presidir Caja Madrid y doblar sus resultados, había acabado con una condena de seis años de cárcel.

El problema es que, debido en parte a su avaricia y en parte a la falta de conocimientos bancarios, había creado un gigante con pies de barro, una máquina de hacer crédito para el sector del ladrillo, una caja que repartía lujos, avaricia y prebendas a sus consejeros, a los que tampoco se les exigía formación financiera alguna .

Blesa es el ejemplo más representativo de la injerencia política en la gestión de las cajas de ahorros en España, una injerencia que ha acabado con ellas.  La dinámica era la siguiente: se coloca a un presidente no por su valía previa, sino por la amistad con los líderes políticos, en este caso con Aznar. Después, llega la burbuja inmobiliaria y el dinero parece llover del cielo y mientras, el supervisor no presiona para evitar que se salgan del camino. Así hasta que, finalmente, los gestores arruinan las entidades.

Esta es la historia resumida del auge y caída de Caja Madrid, que se puede aplicar a otras muchas entidades de ahorro que fueron intervenidas o vendidas al mejor postor. Las que las que han supervivido, como son Kutxabank, Unicaja o Ibercaja, en cambio han demostrado trabajar con gran profesionalidad y rigor financiero. Pero éste no fue el caso de Caja Madrid.

El currículum con el que Blesa accede a la presidencia en 1997 ya dice mucho de cómo podía ser gestionada la entidad. El jienense, con estudios de abogacía, compartió pupitre con José María Aznar en sus estudios para inspectores de Hacienda. Después coincidió con él en el destino común en la Delegación de Hacienda en Logroño. Esa amistad fue el máximo aval para alcanzar la presidencia de Caja Madrid.

Durante ocho años Blesa tuvo un periplo por diversos cargos de la Administración, mientras que Aznar empezaba su andadura en política. Llegó a ser secretario del Gabinete Técnico del Ministerio de Hacienda, Jefe del Servicio de Tributos de las Comunidades Autónomas y Subdirector general de Estudios y Coordinación de la cartera de Economía.
En 1986 dejó la administración pública y decidió emprender un nuevo proyecto: un despacho de abogados especializado en Derecho Tributario, el bufete Blesa, Colmenar y Guío. Se convirtió en asesor fiscal. Su trabajo consistía en ayudar a empresas y particulares a pagar menos impuestos, siempre dentro de la legalidad. Mantuvo abierto el despacho incluso durante el tiempo en que era presidente de Caja Madrid, por eso estaba tranquilo, porque pensaba que las “black” eran legales o que al menos, no sería llevado a la cárcel por ellas.

Más allá de sus conocimientos sobre cómo esquivar impuestos, Blesa no sabía nada sobre gestionar una entidad financiera. En cambio, quiso por todos los medios duplicar el balance de Caja Madrid.  Su obsesión era ganar tamaño, abrir oficinas, comprar otros bancos, lo que fuera con tal de crecer. No quería quedarse en un presidente de una Caja provincial. Quería crecer por toda España y por el extranjero. El problema es que siguió haciéndolo incluso cuando llegó la tormenta financiera. Así, en plena burbuja apostó por un endeudarse en el sector inmobiliario, donde enterró decenas de miles de millones. En esa época, en 2008, adquirió el City National Bank of Florida por 1.117 millones de dólares, operación que le convirtió en el primer banquero en pisar la cárcel  tras la última crisis financiera, aunque sólo por 15 días. Con el tiempo, aflorarían las flaquezas de la red comercial, que se expandió pero nunca obtuvo mucha rentabilidad.

Pero lo peor vino en 2009, cuando Blesa recurrió a la masiva emisión de participaciones preferentes, hasta llegar a colocar en las oficinas más de 3.000 millones. La caja necesitaba capital y tenía que cumplir con las normas internacionales de contabilidad. Y no se le ocurrió otra cosa que colocar a particulares un producto que en teoría era para inversores cualificados y que, además, se vendió como algo seguro cuando no lo era. Y realizó esta operación, pese a que Moody’s calificó la emisión en mayo de 2009 de bono basura. Pese a hacer perder el 40% de la inversión de media a sus clientes, Blesa dijo con arrogancia en el Congreso en noviembre de 2012: “No admito haber causando daño con las preferentes”.

El 20 de enero de 2010, Blesa se despide con una caída en el resultado del 68% por las fuertes provisiones que le obligó a realizar el Banco de España. Su sucesor, Rodrigo Rato, tuvo que volver a provisionar 4.000 millones contra patrimonio, prueba de los grandes agujeros que la crisis provocó en Caja Madrid.

La fusión con Bancaja, la otra caja más enferma por el ladrillo, sentenció a muerte la entidad, que ya estaba herida. El resultado: 22.424 millones que los contribuyentes han inyectado a la entidad de los que apenas se han devuelto 1.836.

Su botín obtenido en Caja Madrid, a salvo tras su muerte

El fallecimiento de Miguel Blesa extingue las responsabilidades penales y, en consecuencia y al no haber una condena firme, también las civiles, según las fuentes jurídicas consultadas.

El banquero fue condenado en primera instancia por la Audiencia Nacional en el caso de las 'black', pendiente de revisión en el Supremo, ante el que recurrió Blesa. Sin embargo, esa condena inicial nunca será declarada firme en lo que respecta a él: eso requeriría que el primero de esos tribunales emitiera un auto de firmeza sobre su sentencia, algo que no es posible en el caso de un muerto, ya que su eventual responsabilidad criminal queda extinguida.

Por otro lado, ninguna de las acusaciones hizo en ninguna de las tres causas penales reservas expresas de las posteriores acciones civiles, por lo que estas no podrán ser dirigidas contra sus herederos.

De esta forma, la Audiencia Nacional está obligada a declarar el archivo definitivo de las actuaciones contra él en las tres causas, algo similar a lo ocurrido recientemente con la fallecida Rita Barberá en el caso del presunto ‘pitufeo’ del Grupo Popular del Ayuntamiento de Valencia.

Pero además, la justicia deberá levantar el embargo preventivo de sus bienes, valorados en unos seis millones de euros, según El Economista, y que pasarán a manos de sus herederos. Y es que, a pesar de haber conducido a Caja Madrid hacia la intervención junto a Rodrigo Rato, los 12 años que estuvo Blesa en Caja Madrid fueron más que rentables para Blesa y todos sus colaboradores, a los que pagó generosamente. Al llegar, multiplicó por 18 el salario de su antecesor, Jaime Terceiro. Cobró 12,44 millones entre 2007 y enero de 2010. Otros de sus principales colaboradores obtuvieron salarios que van desde los dos hasta los 9,7 millones en este mismo periodo de tiempo.


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