Tribuna / José Antonio Pérez Tapias Tiempos de hoy

 
   

                             Nº 1210. 21 de julio de 2017

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Tribuna / José Antonio Pérez Tapias

 

Plurinacionalidad: otra estación intermedia


Dada la gravedad de la crisis en la que está inmerso el Estado español, la plurinacionalidad
que ha de ser reconocida no puede serlo atendiendo solamente a la dimensión cultural de las distintas naciones. Éstas deben ser tratadas como naciones políticas, lo cual conlleva hablar, más allá de nación de naciones, de Estado de naciones

Tiene sentido insistir en la plurinacionalidad del Estado español en medio de las tensiones originadas por el procés que se vive en Cataluña, con el horizonte del anunciado referéndum para la independencia que se celebraría el próximo 1 de octubre. El reconocimiento de la pluralidad nacional existente en la realidad española es un paso significativo para avanzar por un camino transitable, a la vez alternativa al inmovilismo de la derecha españolista y al independentismo que se ha adentrado por los derroteros de una secesión traumática para la misma ciudadanía catalana.

La verdad es que el abordaje de la plurinacionalidad del Estado español, tal como se evidencia que es necesario hacerlo, tarda demasiado, por más que en la Constitución se recogiera la distinción entre nacionalidades y regiones, y que en ella quedara abierto el camino para el Estado autonómico. Aunque éste haya tenido un despliegue fructífero, hoy muestra su agotamiento en cuanto a posibilidades de futuro. No se tuvo del todo en cuenta que la cuestión nacional había que abordarla en plural: la cuestión de las naciones. Y éstas, las reconocibles como tales en el marco jurídico-político de nuestro Estado, no son meras naciones culturales, sino además realidades políticas de más que notable densidad. De ahí la imperiosa necesidad de proceder al reconocimiento de ese hecho llevándolo a la Constitución misma y extrayendo de ello las consecuencias jurídicas y políticas pertinentes.

El PSOE y el PSC han procedido a explicitar esa necesidad de reconocer la plurinacionalidad. Afortunadamente no es la única formación política ni en Cataluña ni en el conjunto de España que insiste en ese punto. Sin duda, resulta valorable como paso importante tal insistencia, sobre la cual los socialistas se pronuncian en la Declaración de Barcelona recientemente hecha pública, poniéndola en continuidad con la Declaración de Granada en la que hace algunos años se perfiló lo que desde el campo socialista se plantea como reforma federal del Estado de las Autonomías. Al expresar la necesidad de reconocimiento de la plurinacionalidad, desde el socialismo español se hace utilizando la fórmula “nación de naciones”. Cada vez que se usa implícitamente se rinde homenaje al socialista Anselmo Carretero, que desde su exilio en México, ya en 1948, la utilizó en su visionaria obra Las nacionalidades españolas. No faltan referencias a Gregorio Peces-Barba, quien también hizo uso de dicha expresión al hilo del debate parlamentario sobre el texto constitucional que habría de ser aprobado en diciembre de 1978. Otras figuras también se han decantado por tal fórmula, pudiéndose mencionar al respecto a Felipe González y a Carme Chacón.

Con todo, y sin merma de los méritos de los pasos dados hacia el reconocimiento de la plurinacionalidad, cabe señalar que significan una estación intermedia. Dada la gravedad de la crisis en la que está inmerso el Estado español, siendo la cuestión territorial determinante de la misma, la plurinacionalidad que ha de ser reconocida no puede serlo atendiendo solamente a la dimensión cultural de las distintas naciones. Éstas deben ser tratadas como naciones políticas, lo cual conlleva hablar, más allá de “nación de naciones”, de Estado de naciones. Es ese paso adelante el que puede dar la consistencia y la credibilidad necesarias a las propuestas de federalismo que acompañan al discurso sobre nuestra pluralidad nacional. Sin ello, y sin reconocer que en Cataluña es necesario un referéndum –no al modo del anunciado para el 1 de octubre– a través del cual la ciudadanía se pronuncie sobre preferencias acerca de su inserción –o independencia– en el Estado español, difícilmente se va a desbloquear una situación política atascada en ideas obsoletas sobre el Estado, la nación y la soberanía, y atravesada por conflictos de intereses que vician los procedimientos democráticos que estamos obligados a seguir para resolver conflictos políticos.

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Catedrático de Filosofía de la Universidad de Granada. Miembro del Comité Federal del PSOE. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).

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