Sin Maldad José García Abad Tiempos de hoy

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                Nº 1211. 1 de septiembre de 2017

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Sin Maldad / José García Abad

¡Oh sorpresa¡ Mariano no dimite

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Nos vamos familiarizando con el estilo Rajoy, que le proporciona fama mundial. Elude el nombre de las personas o las cosas embarazosas. Si no hay palabra no hay hecho. Y si no hay hecho no hay pecado

Al regresar al trabajo, tras el merecido agosto vacacional, me topo con una noticia sensacional: la oposición exige a Mariano Rajoy que se vaya. Que dimita ya de una vez purgando la financiación ilegal del Partido Popular. Que abdique como hiciera el rey Juan Carlos perseguido por el elefante de Botsuana, Corinna, y su cooperación necesaria para los negocios de su yerno. Y por tantas cosas más.

Y me he encontrado también con otra noticia espectacular, que Rajoy se niega a marcharse. Que no está por la humillación de tener que cambiar de residencia. Y, más chulo que un ocho, como dijera Joan­ Tardá en su asombrosa intervención parlamentaria, reclama a la oposición otra moción de censura, que gestionará con regodeo.

Por si semejantes motivos para el asombro en el regreso no fueran suficientes leo la noticia de que Pedro Sánchez pasa la gorrilla a la afición para desahuciar de La Moncloa al gallego, su ocupante actual. De momento “ocupante” con “C” y no con “K”, la vocal revolucionaria del gusto de Pablo Iglesias.

Queda por dilucidar si el secretario general del PSOE devolverá las modestas aportaciones de los partidarios para echar a Rajoy a escote si no se consigue el patriótico objetivo o si el dinero recolectado servirá para otros fines de interés social.

También despierta mi interés que Albert Rivera pretenda humanizar el desahucio presidencial al plantearlo a dos años vista. El dirigente de Ciudadanos espera conseguirlo buscando alianzas para que se limiten los mandatos presidenciales a ocho años. Sólo necesita modificar la Constitución.

Mientras tanto, Pablo Iglesias aprovecha la oportunidad para reclamar a Sánchez que haga caso al presidente del Gobierno encabezando una moción de censura, que es lo que Rajoy considera el único camino legal y decente para desalojarlo de La Moncloa.

El caso es que los españoles, y creo que también los demás europeos, nos vamos familiarizando con el estilo Rajoy que le proporciona fama mundial y la posibilidad de obtener el reconocimiento a la innovación política.
Nuestro ilustre gallego se vale magistralmente de fórmulas variadas. La más efectiva es la de eludir el nombre de las personas o las cosas embarazosas, pues las palabras delatan. Así que no menciona a Bárcenas, Correa, Aguirre, González, Soria y compañía sustituyendo sus pecadores nombres por “esa persona a la que usted se refiere”. O similar.
Una derivada de esta norma consistió, por ejemplo, en ni siquiera pronunciar el título del asunto que motivó su comparecencia parlamentaria. En la sesión del Congreso de los Diputados celebrada el pasado miércoles rizó el rizo de la elusión de términos peligrosos al no pronunciar a lo largo de su intervención, por lo demás brillante, la palabra Gürtel. En lo que se refiere a Luis Bárcenas ni siquiera utilizó su fórmula habitual: “Esa persona a la que usted se refiere”. Simplemente silenció su nombre. Si no hay palabra no hay hecho. Y si no hay hecho no hay pecado.

Nuestro ilustre colaborador José Mariano Benítez de Lugo, presidente honorario de la Asociación de Abogados Demócratas por Europa, se quedó patidifuso viendo las habilidades de Rajoy en la histórica sesión de la Audiencia Nacional en la que comparecía como testigo.

Benítez de Lugo, que lo interrogó como acusador particular para dirimir si hubo o no financiación ilegal del PP, no daba crédito a sus oídos admirado por el profundo desconocimiento con el que alardeaba el ilustre testigo sobre las irregularidades y delitos que se cometían en el partido que preside y en el que ha ocupado muy altos cargos en las tres últimas décadas. También se quitó el sombrero el progresista letrado admirando la ilimitada capacidad de olvido del presidente del Gobierno y del partido que lo sustenta cuando no podía eludir el conocimiento de hechos turbadores.
Ahora los dignos representantes del pueblo, inasequibles al desa­liento, confían resarcirse en la Comisión de Investigación que se organice sobre la financiación del Partido Popular. Confían en que los tiempos disponibles por cada orador no le serán tan favorables al compareciente como en la sesión de control del pasado miércoles.

En la Comisión –alegan– Rajoy no tendrá derecho a mentir. Como si fuera necesario llegar a tan grosero subterfugio. Tampoco podía mentir en la Audiencia Nacional y maldita la falta que le hacía. Le bastará con no pronunciar las palabras malditas y con su acreditado recurso al olvido selectivo. Al “No me consta” o al “No me ocupo de estas minucias”.

Quizás la economía de medios aconseje a la Cámara prescindir de esta ceremonia y reconocerle su maestría en el arte del toreo de salón. l

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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