Chaves Nogales Tiempos de hoy

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                Nº 1213. 15  de septiembre de 2017

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Cultura / Jairo Máximo


Desterrado y olvidado por la derecha e izquierda española durante más de siete décadas, actualmente Chaves Nogales reaparece con fuerza.


Chaves Nogales, a pecho descubierto

El periodista y escritor Manuel Chaves Nogales es autor de una inspiradora obra literaria que abarca espléndidos artículos periodísticos, reportajes, biografías, cuentos y novelas. Construyó una obra indecidible —aquello que resulta imposible decidir si se trata de una cosa o de otra–.

Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897—Londres, 1944) utilizó la pluma como un cuchillo para contar los hechos tal como eran. Iba directo al grano sin subterfugios. Perteneció a una casta de periodistas que, en los años treinta, viajaron a menudo por el extranjero, realizando reportajes y entrevistas. Es toda una referencia al buen hacer periodístico.

“Mi técnica —la periodística—no es una técnica científica. Andar y contar es mi oficio”, sostenía.

Según los especialistas, algunos de los mejores libros del reporterismo español llevan su inconfundible firma. La lectura de uno conduce a otro y así sucesivamente.

Demócrata y republicano convencido, durante toda su vida —profesional y personal— luchó por ser libre y mantenerse libre. ¡Y lo consiguió!

“Soy un pequeño burgués liberal ciudadano de una república democrática y parlamentaria”, decía.

Hijo de madre pianista y padre periodista del diario sevillano El Liberal, desde muy joven empezó a ejercer el oficio de periodista, primero en Sevilla y después en Córdoba. En 1923 se trasladó al Madrid de entreguerras. Entre los años 1927 y 1937 saboreó el éxito, escribiendo reportajes para los principales periódicos de la época.

A partir de 1931 fue subdirector del diario Ahora (1930-1939), publicación afín al expresidente del Gobierno y expresidente de la II República Manuel Azaña (1880-1940), de quien el periodista era un reconocido partidario. Apoyaba la República sin dejarse tentar por las corrientes totalitarias que asolaban Europa.

“Los totalitarismos son la puntilla de la República y la ignorancia su mortífero instrumento”, escribió proféticamente Chaves Nogales en 1934.

Al estallar la Guerra Civil el 18 de julio 1936 se colocó al servicio de la Segunda República, hasta que el Gobierno abandona definitivamente Madrid y se instala en Valencia, momento en que, presagiando la victoria de los fascistas franquistas, y la subsiguiente catástrofe por venir, en noviembre de ese mismo año decide exiliarse con su familia en París, sin haber renunciado nunca ni a sus convicciones democráticas ni a sus lealtades republicanas.

En la capital gala escribió para un grupo numeroso de periódicos americanos de lengua española que publicaba sus crónicas “redactadas única y exclusivamente al servicio de la causa francesa”, afirmaba. Al mismo tiempo, diariamente, la Radio Francesa para España y América del Sur divulgaba sus comentarios de actualidad. Además, en París fundó y editó una publicación artesanal sobre la actualidad española dirigida a los exiliados republicanos en Francia.

En 1940, tras saber que era “presa de caza” de los nazis, que estaban a las puertas de París, se trasladó a Burdeos y desde allí a Londres. En la capital inglesa fundó una agencia, escribió artículos para los periódicos latinoamericanos y trabajó como periodista en las filas de los ejércitos aliados que luchaban en Europa contra la Alemania nazi.

“Pero la catástrofe de Francia, como la de España, no era la derrota definitiva. Era sólo una nueva etapa dolorosa de una lucha que no tiene patrias ni fronteras porque no es sino la lucha de la barbarie contra la civilización, de las fuerzas de destrucción contra el espíritu constructivo y el instinto de conservación de la humanidad, de la mentira contra la verdad…”, escribió en el prólogo del relato La agonía de Francia, publicado en Montevideo en 1941, y reeditado en España casi sesenta años después. Cuenta con lucidez cómo el país que había sido durante siglo y medio el faro de la democracia en el mundo se puso en junio de 1940 en manos del nazismo.

En 1944 con 47 años, Manuel Chaves Nogales falleció víctima de una peritonitis en Londres, Reino Unido, donde cría malvas en una tumba desamparada. Dignificó una profesión presa del servilismo político.

“Ambicioso, vacío, extravagante, la hora de Chaves Nogales pasó. Ni fue, ni ha sido ni volverá a ser nada”, escribió el deslucido periodista Francisco Casares en su libro Azaña y ellos: cincuenta semblanzas rojas (1938).

Con todo, con el paso del tiempo, Manuel Chaves Nogales sería considerado “un paradigma” del intelectual comprometido con su tiempo. “Es uno de los grandes, el que supo disparar desde la distancia precisa”, considera el escritor y periodista valenciano Manuel Vicent.

Desterrado y olvidado por la derecha e izquierda española durante más de siete décadas, actualmente Chaves Nogales reaparece con fuerza: sus libros son reeditados con éxito; sobre su legado se organizan charlas, coloquios y se publican diversos textos; en 2013se estrenó el documental El hombre que estaba allí, basado en su figura y legado; recientemente su familia instituyó un premio periodístico que lleva su nombre, y en Madrid se intenta, a duras penas, honrarle con una calle.

Listos para leer.
Leer hoy la obra de Chaves Nogales ayuda a comprender la historia del siglo XX. Inolvidables son La defensa de Madrid, reportaje publicado en 16 entregas en la prensa mexicana en 1938 y editado como libro en Sevilla en 2011; la biografía Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas (1935); la novela El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934) o el sorprendente reportaje Lo que ha quedado del imperio de los zares (1931), publicado originalmente ese mismo año en el periódico Ahora. Revela la vida dramática de los dos millones de personas que tuvieron que salir de Rusia tras la Revolución de 1917, una revolución que por aquellos años era defendida y admirada por la izquierda española.

Sus diversos reportajes, realizados a pecho descubierto, y editados posteriormente en libros, le llevaron a ser considerado como uno de los mejores periodistas del siglo XX. Son un antídoto para aquellos que aquí y ahora anhelan “conquistar el cielo” a base de mentiras y manipulaciones. En los años treinta Chaves Nogales ya denunciaba a cuatro vientos que el populismo mata.

“Es una ley histórica que todo pueblo vencido adopta fatalmente la forma de gobierno del vencedor”.

En  A sangre y fuego – héroes, bestias y mártires de España  (1937), título de nueve emotivos y alucinantes relatos que él escribió sobre la Guerra Civil española (durante su exilio en Francia) es un manual que incide en la sinrazón de las guerras. En España son muchos los que consideran que  esta obra es uno de los mejores libros que se han escrito jamás sobre la Guerra Civil española.

En el prólogo de la obra Chaves Nogales constató: “Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. (…) Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.”

En Juan Belmonte, matador de toros: su vida y sus hazañas, considerada una de las mejores biografías jamás escritas en castellano, Chaves Nogales realiza una magnífica biografía de su paisano, el matador de toros Juan Belmonte García (Sevilla, 1892 – Utrera, 1962), que a principios del siglo XX brilló como nadie —dentro y fuera— de los ruedos españoles, en una época en la cual la afición a los toros era trascendente y llegaba a los diversos extractos sociales, que profesaban una pasión febril por la tauromaquia.

La biografía de Juan Belmonte, el llamado Pasmo de Triana, está redactada en forma de autobiografía a partir de las numerosas conversaciones que el periodista, que no era amante de la lidia, mantuvo con el diestro. Narra la apasionante historia de aquél niño que nació pobre y marginado, pero que de mayor se convirtió en el “fundador del toreo moderno”.
Tras saborear la gloria y la bonanza económica, y a punto de cumplir 70 años, Juan Belmonte se suicidó de un disparo en su cortijo de Gómez Cardeña en 1962. A pesar de ser un suicida se le permitió ser enterrado en el cementerio de San Fernando de Sevilla. Según Chaves Nogales, “Belmonte tenía un marcado espíritu de superación y talante conciliador, inimaginable en un torero”.

Concebida originalmente como un folletín, Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas, apareció por primera vez por entregas en el semanario Estampa del 29 de junio al 14 de diciembre de 1935 en veinticinco magníficos capítulos.
En El maestro Juan Martínez que estaba allí, Chaves Nogales realiza un conmovedor relato novelado de los pasos que el bailaor Juan Martínez (1896-1961) y su esposa Sole, bailaora, que se hacían llamar Los Martínez, realizaron para subsistir durante la convulsa revolución bolchevique en Rusia de principios del siglo XX.

- La pareja artística, primero triunfó en los tablaos de la Cava Baja de Madrid; después en el París bohemio, donde aceptaron una invitación para realizar una gira a la enigmática Turquía. Jamás podrían imaginar las amargas experiencias que el destino les tenía reservado. La pareja embarcó en Marsella rumbo a Oriente el día 26 de junio de 1914. Cuarenta días antes de estallar la Gran Guerra (1914-1919).

Sin quererlo, Los Martínez terminaron atrapados en tierras rusas donde primero la guerra, después la revolución bolchevique, les apretaban los talones. Fueron testigos forzosos de la violenta revolución bolchevique, que quería conquistar el cielo —para ellos— y el infierno –para  el otro–.

En 1922 Los Martínez regresaron a España, y poco después, volvieron a instalarse definitivamente en París. Chaves Nogales publicó su historia primero por entregas en el semanario Estampa en 1934.

La biografía de Juan Belmonte, el llamado Pasmo de Triana, está redactada en forma de autobiografía
a partir de las numerosas conversaciones que el periodista, que no era amante de la lidia, mantuvo con el diestro.