Entrevista Alberto San Juan Tiempos de hoy

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                Nº 1213. 15  de septiembre de 2017

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Alberto San Juan, actor, director y dramaturgo

“Si no nos salvamos nosotros, nadie nos salvará”

Acaba de estrenar ‘Masacre’ en el Teatro del Barrio, de Madrid, una obra de la que es autor, director y protagonista –junto a Marta Calvó– con una forma y contenido semejante a ‘El Rey’, pero que profundiza en los nombres y en la actuación de los más destacados representantes de los sectores económicos y financieros de España desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Alberto San Juan (Madrid, 1968) vuelve con ‘Masacre’ a su teatro comprometido con la realidad. “Yo creo que si no nos salvamos nosotros, nadie nos salvará”, afirma.


David Ruiz

Usted escribió y protagonizó en 2013 el monólogo ‘Autorretrato de un joven capitalista español’, que estuvo varias temporadas en cartel, y ahora estrena ‘Masacre’, obra en la que repasa la historia del capitalismo español. ¿Qué lo conduce a estas sucesivas reflexiones sobre el capitalismo?
Vivimos en una sociedad capitalista a nivel mundial, con rarísimas excepciones, y esta sociedad está en una profunda crisis. La historia del capitalismo es la historia de crisis sucesivas, algunas especialmente graves, como las vividas a final de los años 20, en los 70, o ahora. Resulta, pues, inevitable reflexionar sobre el capitalismo porque parece más que dudoso que sea el modelo idóneo para atender las necesidades y los deseos humanos. Normalmente el foco informativo se suele poner en los representantes políticos, pero no en los representantes del poder económico. Y yo tenía ganas de saber más de ellos.  Investigar en torno a quiénes hoy están al frente de los principales núcleos de poder económico en España, desde cuándo ocupan ese lugar, y por qué están ahí. Y conocer qué consecuencias tiene que existan esos núcleos de poder económico y qué incidencia tienen sobre las decisiones que adoptan los representantes políticos democráticos.

De la obra se desprende que la lucha política no puede estar separada de la económica.
Igual que dice Largo Caballero en ‘Masacre’, y eso lo dijo realmente en un discurso que pronunció, creo que no se puede separar lo económico y lo político. La economía es la organización de los recursos materiales para cubrir nuestras necesidades. Y utilizar esos recursos de una manera u otra, organizarlos de una manera u otra, depende de la voluntad política. La economía no es una ciencia como pretende hacer creer el neoliberalismo con ese discurso de no hay alternativa al capitalismo. Porque lo plantean como si fuera una teoría científica, como un modelo único y sin alternativa. Yo creo que esa afirmación es mentira. Los modelos económicos pueden ser muy variados. Y parece que toca en este momento de la Historia consumir menos recursos y de otra manera más justa. Y esto parece difícil que se pueda hacer a través del capitalismo.

En la obra aparecen nombres de personas que han detentado el poder económico en España durante décadas.
Sí, parece que aquí son unos pocos centenares de familias las que han detentado ese poder económico. Son los mismos apellidos los que están entre los principales accionistas de la banca, de las empresas eléctricas, y de las constructoras. Y hoy en día, también, desgraciadamente, detrás de la mayoría de los medios de comunicación, porque por la crisis de la prensa en papel los grandes medios para afrontar sus deudas han tenido que vender definitivamente a los bancos, lo cual hace complicado la existencia de una información libre. Lo escuché decir en una conferencia: que hay 500 familias que han tenido el poder económico en España siempre. Y otra cuestión interesante, que se desarrolla en ‘Masacre’, es ver qué relación han tenido con la dictadura franquista. Primero con el golpe de Estado contra la República democrática, y luego con la posguerra. Existe un dato que resulta bastante elocuente. Y es que los siete principales bancos existentes en 1940 multiplicaron en esa década por siete sus beneficios mientras la población española estaba pasando una miseria extrema. Esos siete bancos hoy se resumen en BBVA, Grupo Santander, y La Caixa, porque los demás han sido fusionados o absorbidos. Quiero decir que hay una relación muy directa entre la consolidación del poder económico español y la dictadura franquista. Y durante la transición de la dictadura a la democracia se produce un gran cambio en el Parlamento, pero en el poder financiero o en el poder empresarial, en general, no hay apenas ningún cambio. ¿Quién gobierna realmente el Parlamento, el poder ejecutivo o ese poder económico que nadie elige? Yo creo que necesitamos saber más de ellos: de sus nombres, de sus vidas y de sus obras.

Usted sigue apostando por lo que llama “teatro periodístico”, es decir, el teatro que da testimonio de la realidad.
La materia prima para este tipo de teatro que, por denominarlo de alguna manera, que siempre es inexacta o aproximativa, lo llamo teatro periodístico, esa materia prima, decía, es la realidad, sí. Se tratan personajes reales y sucesos reales. La dificultad de esto estriba en que es necesario encontrar el equilibrio con esa materia prima y con hacer algo parecido a la materia prima del periodismo, que es la información, es decir, los hechos, o la aproximación mayor posible a los hechos, todo ello, decía, hay que equilibrarlo con un espectáculo teatral que tiene que ser, como poco, entretenido, y si puede ser apasionante, mejor. Los dos grandes peligros a los que me enfrento a la hora de trabajar son, primero, el aburrimiento, y, segundo, decirle a nadie lo que tiene que pensar. Esas son las dos cosas que he de evitar. Lo que me gustaría conseguir es entretener hasta apasionar y despertar el interés por saber.
 
¿Qué opinión le merece el laberinto catalán?
Desde luego se trata de una cuestión que hay que solucionar. Es una cuestión que se viene arrastrando desde hace mucho tiempo y que resulta absurdo pretender que aquí no pasa nada, que España llega hasta Francia y no hay más que hablar. Está claro que hay mucho que hablar. Existen dos áreas geográficas, culturales, emocionales, lo que sea, que son Cataluña y Euskadi, donde hay una gran parte de la población que quiere debatir públicamente y poder expresarse sobre si seguir integrados en el Estado español o crear otro espacio administrativo. Y yo no veo qué problema hay si eso sucede. Yo lo que creo es que en este país la clase dominante tiene mucho miedo a que se muevan las piezas de la construcción. Que se puede venir abajo del todo. La Monarquía misma. Si se quita un trozo de su reinado, Cataluña, ¿se puede mantener la Monarquía? Se mueven muchas cosas. Y en este país, lo que en su día se llamó “El cerrojo del 78”, la Monarquía, el bipartidismo, la Constitución, son como cosas intocables, porque si las tocas hay quien piensa que no vaya a ser que todo esto se venga abajo. Piensan que estará mal, pero que mejor o peor va tirando para adelante. Creo que hay que atender a la cuestión catalana. Y la única forma de solucionarlo es a través de un referéndum pactado y con garantías. Pero también entiendo que si hay un Gobierno central y una mayoría parlamentaria que dice que jamás aceptará que se celebre un referéndum, pues entiendo que se haga unilateralmente como forma de tensar la cuerda y forzar que algo pase. Pero no soy capaz de imaginar el 1-O y después del 1-O, no sé qué va a ocurrir. Si llega a producirse la independencia de Cataluña removería los cimientos de eso que llamamos España y de cómo se organiza eso que llamamos España. Cualquier ruptura del statu quo actual me parece que puede tener ese valor positivo, aunque tenga otros valores que no lo sean, en este caso no sé cuáles, pero tiene ese valor positivo que consiste en cuestionar la situación actual, el estado actual de las cosas. Y como considero que resulta necesario cuestionarlo en profundidad, pues sinceramente me parece muy bien todo lo que está ocurriendo.

Anna Gabriel, dirigente de la CUP, ha dicho en varias ocasiones: “Sólo podemos hacer el referéndum con desobediencia”. ¿Qué opinión le merece?
Yo creo absolutamente en la desobediencia civil como forma de transformar las cosas. Así ha sido a lo largo de la Historia. Juan Luis Cebrián publicó recientemente un artículo en El País diciendo que las leyes españolas incluyen la posibilidad de reformarlas, y que hay que hacerlo… O no… O no… Lo siento, pero si hay una ley injusta me parece legítimo no cumplirla. Que en este caso sea injusta o no la ley, no lo sé. Pero la desobediencia civil es una forma de transformar la sociedad pacíficamente, y muy fructífera. Y absolutamente respetable.

Volviendo a la obra. En ‘Masacre’ el final es desgarrador, los protagonistas, víctimas de la crisis económica, se preguntan, abrazados, llenos de miedo: “¿Y ahora cómo nos salvamos?”.
Considero que mientras sigamos esperando a un salvador, nunca nos salvaremos. Porque, como dejó bien claro Samuel Beckett, Godot no llega nunca. Dios no aparece. No lo esperemos, pues. Hasta que no asumamos que nuestras vidas las tenemos que conducir nosotros, y que a lo mejor no hay que esperar a que aparezca ningún Gobierno, sino que tenemos que empezar a gobernarnos nosotros mismos, yo creo, a estas alturas, que si no nos salvamos nosotros, nadie nos salvará.

El autor y director italiano Pippo Delbono ha dicho recientemente que el teatro debe desestabilizar. ¿Está de acuerdo?
Sí, yo creo que el teatro te debe mover, te debe desplazar emocionalmente, ideológicamente, de alguna manera, en alguna medida. Es decir, si te sientas en una butaca del teatro y cuando te levantas nada se ha movido en ti, más valdría que hubieras hecho otra cosa. El teatro te tiene que mover en algún sentido. Aunque sea para indignarte. Pero te tiene que emocionar, te tiene que provocar pensamientos. Te tiene que afectar. Y coincido con Pippo Delbono, está bien que el teatro desestabilice tu estructura normal. Si te hace dudar de lo que creías tener claro, eso está muy bien. Porque, en ese caso, el teatro me hará ver más de lo que veía antes. El teatro es una mentira o una ficción o un cuento para intentar aproximarse a la verdad. Si se construye una ficción con honestidad, siempre tiene que ver con acercarse a la realidad y a ser posible desde un punto de vista distinto al que estamos acostumbrados: para ampliar nuestra capacidad de ver.

Autor y ciudadano

Usted es conocido, sobre todo, por su faceta como actor, y también ha dirigido varias obras de teatro, pero en los últimos años está destacando también como autor, con piezas como ‘Autorretrato de un joven capitalista español’, ‘El Rey’ o ‘Masacre’. Algunos de sus compañeros también destacan que escribía muy bien durante sus inicios en la profesión.

Sí, la verdad es que desde hace algunos unos años me gano la vida básicamente escribiendo, dirigiendo y actuando. Y se han juntado afortunadamente para mí dos intereses: mi interés personal, y mi interés cívico de participar activamente en el momento social en el que vivo. Nos encontramos en un momento de transición hacia otro ciclo político que todavía no sabemos cómo va a ser. Pero el ciclo político que empezó en el 78 ha llegado a un punto de inflexión importante. Y está empezando otra cosa que no sabemos si va a ser mejor o incluso peor. Pero a mí me gustaría vivirla, al menos, conscientemente. Y por eso tengo la intención de seguir escribiendo y disfrutando de esta conjunción de mis intereses profesionales y de mis intereses como ciudadano.