Tiempos de Hoy Tiempos de hoy

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                Nº 1213. 15  de septiembre de 2017

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Tiempos de Hoy / Verónica Gayá

En España nueve escuelas aplican esta pedagogía, alabada y cuestionada a partes iguales

‘Método Waldorf’: respeto al ñiño y a su creatividad

Ese runrún cada vez  más ruidoso que quiere romper barreras y normas en la escuela, que quiere hablar de naturalidad, personalización, creatividad y respeto es un excelente caldo de cultivo para viejas metodologías que hace tiempo propusieron un atrevido modelo de aprendizaje. La metodología Waldorf ya tiene 9 escuelas en España y más de mil en el mundo. ¿Hippies?, ¿locos?, ¿o genios de la educación?


El contacto con la naturaleza es uno de los pilares de la formación de los niños en la pedagogía Waldorf.

Casi 100 años tiene esta pedagogía que parece ahora estar creando adeptos. Maestros y padres que se atreven a darle a sus hijos una educación en la que su felicidad, el contacto con la naturaleza y su desarrollo individual se alzan como banderas indiscutibles de un método que, por otro lado, no deja de recibir críticas, acusado de ser una excentricidad, un método esotérico que pretende sostener a los niños en un mundo que no es el real.

El fundador de la pedagogía Waldorf fue Rudolf Steiner, filósofo, literario y creador de la ‘antroposofía’, una filosofía que busca elaborar la comprensión del hombre y del mundo. Aunque con un enorme bagaje en muy diversas áreas de estudio, ya que además de doctorarse en filosofía, estudió física y matemáticas, y entre algunos de sus trabajos más destacados los hay en el campo de la agricultura (la agricultura biodinámica), la medicina (antroposófica) y el arte (euritmia),  su formación no es pedagógica. A pesar de ello, siempre se mantuvo atento a la importancia de la educación, y de ella reclamó su independencia del control gubernamental y el respeto al desarrollo y la libertad del niño.

Terminada la Primera Guerra Mundial, Steiner recibió el encargo de diseñar una escuela para los empleados de la fábrica de cigarrillos Waldorf. Lo aceptó, formó a sus maestros y dirigió la escuela cinco años.

Para Steiner la escuela es un espacio de renovación social en el que dos generaciones aprenden mutuamente, un espacio de creación artística, un ambiente libre y creador.

El entorno es precisamente una de las características más llamativas de los colegios y escuelas infantiles Waldorf, ya que en ellos la naturaleza es protagonista (en la medida que pueda cada centro): patios en un bosque, arena, cuerdas, salidas al campo... El contacto con la naturaleza es uno de los pilares de la formación de los niños. También hay naturaleza en lo que tocan y con lo que aprenden: muñecas de madera, alfombras de algodón, piedras, pizarras, acuarelas, lanas... Los juguetes nunca son de plástico, las ceras con las que pintan son naturales y los materiales de las muñecas, hechas a mano, también (es muy importante que los muñecos no tengan rasgos faciales, o que sean mínimos, con el fin de potenciar su imaginación hasta el límite).

Los niños juegan libremente, hacen ejercicios de relajación, moldean cera, chapotean los días de lluvia, amasan pan, tejen, tocan instrumentos y realizan actividades espirituales.

Es habitual que los colegios fomenten la comida ecológica, tengan un huerto e incluso animales a los que dan de comer y con los que conviven. En algunos les enseñan los tipos de cereales y les transmiten sentimientos de gratitud a la tierra que se los ofrece.

No hay exámenes, no hay notas y se evita la competitividad.  

La metodología Waldorf también fomenta la espiritualidad, no entendida en el término religioso, sino como una conexión de los niños con su yo espiritual. Espiritualidad como herramienta para “esculpir el pensar”, “que nos permita saber quiénes somos y buscar nuestra libertad”. 

Esta pedagogía se divide por septenios, por lo que el periodo escolar comprende tres etapas: hasta los seis años, de los siete a los 14 y de ahí en adelante. Durante los primeros años se entiende que el niño aprende principalmente por los sentidos. Aquí el objetivo es conducir el aprendizaje por la estimulación física y el juego, con una premisa muy rígida: la de respetar sus tiempos. Reza la pedagogía Waldorf que el niño aprende por imitación, absorbe e integra lo que está a su alrededor sin un filtro racional, y por tanto se le va a ofrecer “un mundo bueno”, en el que se pueda explorar, jugar y vivir de manera positiva. El niño gradualmente va despertando las energías del pensamiento, así que durante este septenio se trabaja la fantasía como preámbulo del pensamiento. Al niño no se le presiona (ni anima) en el control de esfínteres, ni se le enseña a leer, ni siquiera se le muestran las letras, ni los números; la mayor parte del tiempo se invierte en llevar a cabo juegos manuales, leerle cuentos y acompañarle en el juego libre.

Durante el segundo septenio el niño forja su temperamento, que puede ser colérico (fuego), sanguíneo (aire), melancólico (tierra), o flemático (agua). En esta edad, el niño se interesa más por su entorno, al que conoce por la imaginación. Surge en él un genuino interés por experimentar a través de las diferentes materias y actividades, la tarea del educador es traducir todo lo que el niño necesita conocer sobre el mundo al idioma de la imaginación, y el profesor se convierte en referencia. Por último, durante el septenio con el que abandonarán la escuela, encontrarán sus propios desafíos y, en último término, su propia identidad.

Amado y odiado.
Aunque para muchos padres y educadores el método sea la panacea de la educación, que hará crecer a los niños libres, amantes de la naturaleza y creativos, para otros muchos esta pedagogía acaba siendo en su libertad, tan radical como cualquier otra. ¿Qué pasa si el niño quiere aprender a leer antes de los seis años?. Según este sistema, no puede. Otros critican su alto contenido esotérico, demasiadas fábulas y explicaciones dadas a través de cuentos, incluso hay escuelas en las que les hablan de reencarnación. Los niños crecen de espaldas a la tecnología. No hay que olvidar que esta metodología fue concebida hace un siglo y por tanto puede que requiera de una actualización.

Al día


El método no está amparado como tal por el sistema educativo español.

¿Esto es legal?

Sí, pero con truco. Si te lo estás pensando, quizás te interese saber que autoeducación, libertad de tiempos, creatividad, naturaleza, espiritualidad... no son el mejor calzador para la educación obligatoria. La mayoría de las escuelas que se abrazan a Waldorf, o a otras pedagogías alternativas, son infantiles, y lo son porque homologar las escuelas en los cursos de educación obligatoria no es nada fácil. Muchas de ellas lo consiguen homologándose en otros países como Panamá, Estados Unidos y Canadá, que tienen mucha más flexibilidad educativa, para después registrarse en España como colegios internacionales. Los más atrevidos simplemente son alegales. Los padres forman una asociación y los niños son considerados homeschoolers (educación en casa), algo que no es legal en España, al menos por el momento, exceptuando enfermedad, vida itinerante o residencia en el extranjero. La mayoría de familias que han elegido esta opción pasan desapercibidas a la Administración, pero el riesgo de que los padres acaben sentados en el banquillo existe.