Tribuna / Hassan Arabi Tiempos de hoy

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                Nº 1213. 15  de septiembre de 2017

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Tribuna / Hassan Arabi

Esquizofrenia cultural


Las culturas esquizofrénicas son culturas suicidas, llenas de odio y de frustración. En las sociedades musárabes existe una tensión cultural donde abundan las personas aptas para atentar contra cualquier elemento diferente, contra cualquier proyecto que ama la vida y valora al ser humano.

No hay duda de que la historia de los pueblos es el reflejo de sus propias culturas. La larga presencia humana en este planeta ha ido tejiendo infinidad de formas de vivir diferentes y distinguidas unas de otras por su capacidad de aportación al desarrollo humano. Y en cada una de estas formas va tatuada la categoría, el grado de desarrollo y el equilibrio de dicho pueblo.

La humanidad pudo avanzar gracias al esfuerzo aunado de muchas culturas que han permitido a sus pueblos desarrollar su imaginario colectivo, ofreciendo lo mejor de sí para presentarlo a las demás naciones y pueblos sembrados a lo ancho y lo largo del planeta. Es así como iba avanzando la civilización humana hasta llegar a lo que es hoy el homo digitalis. Son culturas equlibradas, cuyas identidades fueron construidas sobre el aprecio a sus valores y sin ningún tipo de complejos frente al resto. Son culturas que valoran su pasado, aprecian su presente y miran, con mucho entusiasmo, hacia su futuro. Sobre esta base de valorar su potencial y respetar al otro, se han ido edificando y construyendo modos de vivir positivos y abiertos, capaces de convivir en un mundo de misterios y de rarezas de todo tipo.

Nuestra civilización no necesita culturas románticas, insatisfechas e inseguras de sí mismas, culturas desequilibradas que tienen anclada la mirada en un pasado dudosamente glorioso de sus antepasados, sin conexión ninguna con la realidad presente y sin prospección hacia el futuro. Son culturas esquizofrénicas que no saben combinar su presente con su pasado, ni la modernidad con la tradición. Una situación un tanto enfermiza que genera un conflicto a nivel de la psicología social de los pueblos, llevándolos a extremos de suma negatividad en cuanto a su relación con sus semejantes de culturas distintas.
 
Muchos pueblos y culturas han sido víctimas de su exagerado romanticismo pero lo han ido subsanando, con la creación de generaciones aptas para competir y defender su presencia con mucho trabajo y sacrificio y sin acudir al lloriqueo del victivismo. Otras, sin embargo, siguen sin darse cuenta de que Al Andalus, fue agua pasada y una página más en la historia de las relaciones humanas. Las culturas musárabes1, tienen la mirada puesta en un pasado algo mitificado, despreciando las oportrunidades que les ofrece el presente; una ecuación que hace que las personas se encuentren perdidas entre la lucidez de la razón y la locura de la sinrazón. La esquizofrenia cultural provoca una sociedad triste e insatisfecha, una cutura de parámetros raros que fijan toda su frustración en el otro, considerándolo como elemento perturbador, despreciable y digno de ser odiado. Es casi imposible entender el fenómeno del terrorismo yihadista que ha ido creciendo desde Afganistán hasta Marruecos si no indagamos en su esencia, que no es nada más y nada menos que su fondo sociocultural. Lo que falla esencialmente es la felicidad del grupo. Generaciones tras generaciones, han heredado anomalías cuturales que fueron acumuladas  e inculcadas a lo largo de siglos para crear una cultura esquizofrénica incapaz de ofrecer soluciones a su deficiencia a la hora de competir frente al otro. Y como respuesta a esta frustración, llega el suicidio bajo forma de hombres-bomba para dejarnos todos aturdidos y estupefactos ante la dimensión del odio a la diferencia y el desprecio a la vida.

Las culturas esquizofrénicas son culturas suicidas, llenas de odio y de frustración. En las sociedades musárabes existe una tensión cultural donde abundan las personas aptas para atentar contra cualquier elemento diferente, contra cualquier proyecto que ama la vida y valora al ser humano. Toda una locura colectiva cuyas consecuencias son imprevisibles y, sobre todo, muy difíciles de curar a corto y medio plazo.

1. Término que uso para denominar a los países que tienen una cultura basada en la religión musulmana y la tradición arabe.

Profesor titular del Departamento de Estudios Hispánicos, Facultad Pluridisciplinar de la Universidad Mohamed I (Nador, Marruecos) y vicepresidente de la Fundación Centro de Estudios para la Nueva Civilización Ricardo Campa. Autor de varias publicaciones, libros, ensayos, artículos académicos y publicaciones periodísticas. Miembro del Centro de Investigación CEMIRA (Universidad Complutense de Madrid), vicepresidente del Centro de Estudios para la Nueva Civilización de Cáceres, presidente de la ONG ASISI durante más de 12 años (2000-13) y vocal del Foro del Ayuntamiento de Madrid para las Migraciones. También es miembro del Observatorio Contra el Racismo y la Intolerancia de la Comunidad de Madrid.

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