Entrevista Secun de la Rosa Tiempos de hoy

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                Nº 1215. 29  de septiembre de 2017

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Secun de la Rosa, dramaturgo, director y autor

“Soy animal de escenario, estoy sorprendido de ser autor”

Es conocido, sobre todo, por su faceta de actor. Ha hecho mucho cine. Y teatro. Pero Secun de la Rosa escribe obras teatrales desde los 20 años. Acaba de estrenar en el Teatro del Barrio, de Madrid, su obra Los años rápidos, que pronto emprenderá una gira, una pieza emocionante, poética y reivindicativa. Y a partir del 12 de octubre subirá a las tablas como intérprete con la versión teatral de la película Smoking room. Nació en Barcelona. “Si hubiera un referéndum desde un sitio sensato saldría un o un no y a todo el mundo nos parecería bien”, asegura.  


“En el asunto de Cataluña estoy en tierra de nadie. Yo me crié con Espriu y con la rumba”

  “No creo en el teatro cuando se dice ‘teatro político’, por político. Para mí, todo es político”

¿Prefiere el oficio de actor o el de dramaturgo?
Pues mire, yo prefería el de actor, porque como no tenía herramientas para nada más, tenía que actuar. Es decir, mi herramienta era yo. Y yo quería dedicarme al mundo del teatro y mi única herramienta eran mis brazos y mis piernas. De modo que tenía que ser actor. Y pasados los años me encanta seguir actuando, me parece maravilloso, y la energía que conlleva forma parte de un viaje extraordinario y yo soy animal de escenario, a veces me reprimo un poco para ser un actor como más serio. Pero yo disfruto mucho sobre un escenario, una barbaridad. Y estoy sorprendido de haberme convertido en un autor. Porque para mí ser autor era un reducto para probar, para experimentar, para jugar. Porque los actores tenemos que buscarnos la vida, y aceptar trabajos, y es una carrera muy difícil y de fondo, muchas veces tienes que hacer para que la gente te llame, y yo me considero un afortunado. Y, sin embargo, en mi faceta de autor, podía expresarme libremente, y podía esperar, e investigar, porque no quería vivir de ser autor. Pero esa faceta ha cogido tal dimensión que ya viene la gente al teatro a ver al autor. De modo que ya no me puedo permitir tanto probar, tanta licencia. Pero no quiero perder todo eso. Quiero seguir manteniendo esa llama de experimentar, pero claro, cada vez se hace más difícil.

A usted se le considera como un pionero del teatro alternativo de Madrid. ¿Qué opinión le merece la evolución que han tenido las salas off en los últimos años?
Tengo una opinión bastante desastrosa al respecto. Lo siento mucho. Ya son 25 años en el teatro indi. Mucha gente dice que yo me inventé el término. Porque hice una obra que se llamaba Radio Rara en El Rincón de la Borracha y me dio por llamarlo el off-Madrid. Y entonces no existía esa palabra. Existía el off-Broadway, pero no el off-Madrid. Y yo luchaba porque no se llame teatro alternativo. Porque a la Sala Triángulo, actualmente denominada Teatro del Barrio, donde hemos vuelto ahora con Los años rápidos, yo trabajé ahí hace 25 años con una obra, que vendí la obra, la promoción y todo, antes de tenerla escrita. Me dio espacio Alfonso Pindado en la Sala Triángulo para hacer la obra, y yo dije inmediatamente que sí. Tenía 20 años. Y le aseguré que tenía una obra, aunque no la tenía. Me preguntó: “¿Y cómo se titula?”. Y yo tenía entonces un hambre voraz porque acababa de llegar a Madrid desde Barcelona, y le respondí: “Se llama Voraz”. Y me fui a casa y estuve ocho días escribiendo la obra y llamé a unas compañeras para interpretarla. Y el hombre me llamaba por teléfono y me decía: “Vete a promocionarla al suplemento del ABC”. Y yo, conforme íbamos ensayando y diciéndolo a la prensa, iba escribiendo por la noche Voraz. Sólo estuvo una semana en cartel. Pero nos reímos mucho. Estoy encantado de que exista el teatro alternativo, salas pequeñas, porque yo me nutro de ellas. Pero me parece que la aspiración de mucha gente que actualmente hace teatro indi es la de llegar a hacer teatro comercial, o la que hace teatro alternativo es conseguir llegar al teatro público. Pero no sale del teatro indi, o alternativo, como se quiera, gente que cree industria. No se generan compañías, ni grupos, no se genera autogestión, no se genera algo que haga que esas compañías crezcan y se conviertan en otra cosa. Parece que ese autor, o a ese actor, o a ese director, cuando alguien lo ficha, se va enseguida o al teatro público o al comercial. Me gusta mucho lo que está haciendo el Teatro del Barrio. Me gusta mucho lo que están haciendo algunas personas. Hay pequeños héroes. Pero nada más.

Usted es de Barcelona. ¿Qué opinión le merece lo que está ocurriendo en Cataluña?
Nefasta. Yo me quedo en un sitio donde estoy en tierra de nadie. Mi madre es catalana y mi padre es andaluz. Y yo me he criado con Espriu, y con Sisa, pero también me he criado con Lole y Manuel, y con la rumba, con Antonio Gades, y con Los Tarantos. Me he criado con todo eso. Y me produce mucha pena que se reivindique tanto la desunión y no se reivindique la unión. Yo nunca me he sentido ni muy catalanista ni muy españolista ni nada. Pero me parece una pena que no exista la unión. Y me parece también que se ha dejado que creciera una especie de nacionalismo raro. Porque yo estoy a favor de la cultura catalana, del idioma catalán, mis padres son los primeros que han ido a Montjuic o al Tibidabo a luchar por las libertades, pero eso era cultural. Lo de ahora me suena a político en el sentido de económico raro, de que está tapando algo extraño, que no entiendo. Ojalá hubiera un referéndum. Si hubiera un referéndum desde un sitio sensato, sin las atrocidades que hace el Gobierno central y sin las tonterías que hace el Gobierno catalán, estoy seguro de que saldría un o un no y a todo el mundo nos parecería bien. Pero me parece que se está jugando con cosas tan sensibles como las emociones de un pueblo para tapar otras cosas. Y yo me siento en tierra de nadie.

En Los años rápidos se da la descripción por la que atraviesa el personaje transexual, Martina, los insultos y las palizas que recibe cuando era niño. En el colegio. De su propio padre. Y la frase que en la función le lanza su hermana: “Tu padre nunca te quiso porque eres un monstruo: maricón”.
Oigo en su boca la frase y pienso: La obra es más fuerte de lo que uno se cree. Porque yo tengo la sensación de que se trata de una historia humanista y casi tierna, y de hecho la gente sale del teatro muy emocionada, pero es cierto que tiene esas frases y esa dureza en la palabra. Yo creo que, aunque parece muy fuerte, lo de “eres un monstruo: maricón” está sacado de la realidad. Está sacado de ese tipo de padre y de ese tipo de familia. La obra está envuelta en una atmósfera poética, pero sí tiene esas frases y esa dureza. Mi padre no decía cosas así. Pero yo vengo de un barrio de Barcelona, un barrio de proletariado, un barrio normal y corriente como hay muchos en el extrarradio de una gran ciudad, y esas frases están en mi memoria. Martina, en un momento de la función, dice: “Nos creemos todos que estamos muy evolucionados, pero no estamos tan evolucionados”. En la ficción de la obra ese personaje vuelve a su barrio después de 25 años. Y es verdad, no estamos tan evolucionados.

La obra tiene una importante carga dramática, pero también pasajes de humor. Como cuando el padre dice que lo han llamado “resentido” y su mujer le responde: “No han querido decir que eres mala persona, sino que sientes lo mismo una y otra vez”
Eso es graciosísimo… Pero tampoco teníamos la sensación, cuando estábamos preparando la obra, de qué parte era más trágica, qué parte era más cómica, o qué parte era más dramática. Lo vivimos como un todo. Y lo hemos ensayado desde un criterio de realidad y desde la verdad. Yo siempre pienso: “Vamos a vivirlo desde lo normal”. Las partes dulces, no las edulcoremos. Las partes duras, no carguemos las tintas. Vamos a intentar que todo salga desde un sitio normal. Porque la gente, cuando dice las cosas, las dice desde la mayor normalidad, y es ahí cuando casi más nos impacta.

Una frase suya: “Quiero creer que si indagas y buscas tu propio estilo habrá momentos mejores y peores, pero conseguirás definirte como autor”. Su estilo es decididamente realista, ¿no?
No lo sé. Porque también la gente me dice que esa manera de escribir o de pensar es muy personal y sólo lo podía hacer yo. Y yo eso lo siento como un halago. La gente me dice que construyo diálogos muy peculiares. Yo no creo en el teatro cuando se dice teatro político por político, porque yo creo que en los genes de todos nosotros ya está la política. Para mí, todo es político. Porque todo tiene un punto de vista. Incluso cuando no aportas ese punto de vista estás aportando el contrario. Por ejemplo, en Casa de muñecas, de Ibsen, cuando tú ves la obra, decides si Nora es una muñeca, si Nora es una emancipada, si Nora es una mujer valiente que deja a sus hijos, o Nora es una mala madre que se va. Pero hagas lo que hagas con esa obra y con ese final estás aportando tu ideología, porque es tu manera de ver el mundo. Yo lo vivo así.

Los años rápidos tiene dos finales. Cada espectador puede elegir el suyo.
Pero lo hacemos de una manera muy realista. Yo tengo las voces de mis padres en mi cabeza. Y las voces de mis abuelos. Y tengo las voces de la gente que me ha querido. Y me acuerdo perfectamente. Quizás no le podría decir un monólogo de cómo hablaba mi abuela, que fue la que me crió. Pero sí tengo su voz en mi cabeza y me sé sus cosas y tengo asimilado lo que en teatro se llama la línea de pensamiento de un personaje. Si un personaje tiene línea de pensamiento y un personaje se da cuenta de algo durante la obra, ahí hay un personaje y ahí hay una historia. Porque tiene una línea de pensamiento y algo le pasa.    

¿En qué va a consistir Smoking room?
Es la versión de la película del mismo título llevada al teatro. Roger Gual la dirigió en cine y ahora también la va a llevar a las tablas. Es una oficina donde uno de los personajes decide que haya una sala para fumadores porque ya está harto de que la gente salga a la calle a fumar. Mi personaje, Rubio, es entrañable pero patético, porque se niega a firmar, pero actúa así porque necesita por fin decir no a algo. Además se encuentra en un proceso de ascenso en la empresa. Tiene la posibilidad de pasar de ayudante de gerente a gerente de Recursos Humanos y no quiere líos. No quiere firmar. Pero se enfrenta a lo que tiene callado y tapado durante mucho tiempo.

 

Y el cine

En la película El negociador interpretó usted un personaje esporádico pero contundente: aquel camarero que acaba involuntariamente con la paciencia del detestable negociador de ETA.
Hay un punto mío en el que me gusta disfrutar del trabajo, no tengo alrededores, como digo yo. Y muchas veces me ha pasado que he trabajado con un director como Borja Cobeaga en la película No controles, y luego me llamó para una cosa muy pequeñita en El negociador, que yo agradecí porque me gusta él como director, pero fue para ese momento, para esa escena, creo que sólo fueron dos días de rodaje. Una cosa muy pequeña, ya digo. Y me ha pasado también con Miguel Bardem o David Serrano, que he trabajado con ellos dando lo mejor y luego me han llamado en su siguiente película para un papel pequeño. Y yo les digo: “Es el mundo al revés, primero me dais un papel grande y luego el pequeño”. Pero hay justicia poética. Porque en El negociador era un papel pequeño y al servicio de, pero se ha comentado mucho esa secuencia del camarero, mi personaje. A veces hay papeles pequeños que están al servicio de la obra o al servicio del personaje principal, pero ya se encarga la vida o se encarga la propia película de que esos personajes queden grabados a fuego. Y la historia del cine español está llena de grandes/pequeños papeles.