Entrevista Rafael Álvares, "El Brujo" Tiempos de hoy

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                         Nº 1216. 6  de octubre de 2017

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Entrevista / Juana Vera (Santiago de Compostela)

Rafael Alvarez, El Brujo, actor y dramaturgo

“La palabra es la libertad en sí misma”

Recorre España con sus espectáculos Misterios del Quijote, San Francisco, juglar de Dios, El Evangelio según San Juan, Mujeres y Shakespeare, La Odisea, El Lazarillo y acaba de estrenar, en el Teatro Abadía de Madrid, su nueva producción, Autobiografía de un yogui, basada en la vida y obra de Yohananda Paramahansa. Rafael Alvarez, El Brujo (Lucena, Córdoba), actor y dramaturgo, piensa “que el fin del teatro es la transmisión de los sentidos más puros y también de los más innobles“. Sobre una posible regeneración política en España expresa: “No veo que lo logre ningún partido”. Acerca de la posible causa observa: “Cada vez estamos más sordos”.

“Sin amor no puede haber conocimiento”

  “Entrega es la palabra que resume mi trabajo, paz es la que resume mi corazón”

¿Cuál es la palabra que resume su trabajo?       
Entrega.    

¿Cuál es la palabra que resume su corazón?
Paz.

¿Quién era Yogananda Paramahansa? ¿Por qué decidió hacer una obra basada en su autobiografía?
¡Era un hombre grande! Un gran maestro. Mi maestro. Trajo el yoga a Occidente, no solo el yoga físico, también el rija yoga, que así se conoce en la India lo que nosotros llamamos meditación, la ciencia de la realización del ser. ¿Qué significa esto? El lo explica de manera sencilla y clara con su poderosa palabra, aún más con su vida. De ahí la fascinación que ejerció en mí esta autobiografía. He hecho este espectáculo para que las personas lo conozcan. Mi esperanza es que la sabiduría, el encanto, la magia, la luz y el amor del relato que he construido inspire y acompañe.

En Autobiografía de un yogui habla usted del viaje vital de Yogananda Paramahansa. ¿Cómo ha sido el suyo?
Mi viaje por la vida ha sido enormemente productivo, satisfactorio y luminoso.

¿Qué le mueve en la vida, qué le mueve a actuar?
Mi deseo de comunicar y el amor por la palabra son los que me otorgan la necesidad de salir al escenario.

Un día, contempló usted a Darío Fo y sintió que quería hacer lo mismo, ser un actor solista, tradición europea que se remonta a los juglares antiguos. ¿Qué le sucedió en el instante, en el que sintió que quería ser juglar?
Lo que sucedió cuando vi a Darío Fo fue transformador. Quería ser Darío Fo. Vi la forma idónea, la mejor, la que más me gustaba y la que más se identificaba conmigo respecto a cómo hacer teatro. Fue una revelación.

Un actor solista lleva en sí muchos personajes, nunca esta solo, es un alma compleja. ¿Le sucede a usted algo similar o se siente solo en el escenario?
No me siento solo porque nunca estoy solo. Estoy con el público.

¿Cuánto tiempo dedica a la elaboración de un espectáculo?
Dedico años a preparar una obra, sobre todo textos como El Evangelio de San Juan o La Odisea. Leo las obras y estudio sobre ellas, me empapo de todo lo escrito sobre las mismas y hasta ese momento no comienzo la adaptación, que es un proceso largo y costoso, sobre todo tratándose de textos que no han sido escritos para teatro. Pueden pasar años hasta que comienzo el trabajo en el escenario.

¿Cuánto presupuesto necesita, como mínimo, un actor solista para poner en marcha estos espectáculos?
Mucho, ¡porque no me dan subvenciones!

¿El factor económico fue algo determinante en su decisión de ser actor solista?
Rotundamente, no. Pero reconozco que en estos tiempos, una compañía, por ejemplo con quince actores no puede ir a trabajar a La Solana. Yo sí puedo.

La libertad es uno de los ejes alrededor de los que gira su obra. ¿Qué es la libertad para usted?
La libertad es una facultad natural del hombre. Es el respeto a nuestra propia conciencia. El que es libre, elige. El que es libre, realiza. El que es libre, respeta.

¿Es la palabra el camino hacia la libertad o es la libertad misma?
La palabra es la libertad en sí misma.

“Busco la poesía para que dé alas a mis risas y las haga más transparentes”, expresa usted al inicio de su nuevo espectáculo Autobiografía de un yogui. ¿La halla a menudo, a la poesía? De hallarla, ¿qué es para usted?
La poesía es para mí parte de la vida cotidiana.

¿Qué es ser actor?
Eso me pregunto todos los días.

¿Qué es ser cómico?
Es un arte que me inspira, que me llena.

En La Odisea, otra de sus producciones, construye usted la obra desde la perspectiva de la diosa Palas Atenea. “Transformar el instinto primario hacia la violencia en una fuerza positiva y civilizadora que conduce a la paz”, ha explicado usted al referirse a la fuerza de esta obra. ¿Es ese el fin del teatro en sí mismo?
El  fin del teatro es la transmisión de los sentidos más puros y también de los más innobles.

La invención de lo humano, de Harald Bloom, ha influido en el proceso de creación de Mujeres y Shakespeare, obra que escenifica usted. Al hacer referencia a esta obra de teatro, menciona usted “el cambio de paradigma que viene, pero que no acaba de llegar”. ¿A qué cambio de paradigma se refiere?
El cambio vendrá. Es inevitable. Siempre ha ocurrido. El mundo se ve abocado a una transformación espiritual.

Rosalinda (Como gustéis), Catalina (La fiera domada), Beatriz (Mucho ruído y pocas nueces), Julieta, La Dama de los sonetos son las mujeres de Shakespeare. De ellas Julieta parece ser su preferida, ¿por qué?
Para mí Julieta es Amor con mayúsculas.

“No es difícil amarlas, si se las conoce”, escribe usted. ¿Es el amor conocimiento para usted?
Sin duda. Sin amor no puede haber conocimiento. Sin amor no existiríamos.

En Galicia ha interpretado usted la obra Los misterios del Quijote, que forma parte de la trilogía El Evangelio según San Juan y San Francisco, juglar de Dios. ¿Qué lo enamora del Quijote?
El Quijote es una obra grabada en mi memoria desde niño. El caballero es amor, sabiduría. Por la experiencia de la aventura accede al conocimiento de aquello que por la fe ya ha sido hallado. Es el camino elegido.

San Francisco, juglar de Dios se basa en la investigación que sobre el personaje realizó Darío Fo. ¿Cómo ha sentido usted la fe de San Francisco, desde que perspectiva se ha acercado a ella para hacérnosla llegar?
Hice San Francisco juglar de Dios tal y como se lo vi interpretar a Darío Fo. Fue un momento de descubrimiento para mí. Quería hacer lo que él hacía.

Respecto a El Evangelio según San Juan, otro de sus espectáculos, reflexiona usted: “La palabra viene al mundo pero su luz ciega, confunde al mundo. Y finalmente el poder crucifica la palabra”. ¿No ha cambiado nada desde la crucifixión de Cristo?
Creo que sí. Él vino para provocar un cambio y el cambio se hizo real.

“Entregar mi voz y mi cuerpo a esta joya de la literatura”, dice usted acerca El Lazarillo de Tormes y añade: “Hace del hambre y de la necesidad un arte. Los recicla en sabiduría. (...) Frente al dolor tenemos dos caminos, la queja o el arte”. ¿Le ha dicho usted esto a un niño hambriento, a un niño que podría protagonizar la película Los olvidados, de Luis Buñuel?
Lázaro de Tormes es un texto sobre la picaresca. El pícaro aprende de sus desdichas. La realidad hay que observarla con los ojos interiores. Sólo así podemos intentar entenderla.

¿Dónde sitúa usted la dignidad en su obra, dónde se halla el límite para que lo digno deje de serlo?
No me planteo nada indigno en mi hacer. Si alguna vez lo hubiera, lo corregiría.

“Falta conciencia ante el valor de la vida”, reflexiona usted al hacer referencia a su Lazarillo. Mueren miles de  niños, algunos muy cerca de nuestras costas, en el Mediterráneo. ¿Le redime a usted su  trabajo de esta indignidad?
Hay imágenes que no pueden redimirse de ninguna forma.

“Si queréis cambiar las convenciones caducas, las instituciones podridas, tenéis que dejar de idolatrar y sacralizar a los líderes”, escribe usted en su página web a los seguidores de Pablo Iglesias. ¿Logrará este partido regenerar la política y la sociedad españolas?
No veo que lo logre ninguno.

Hablar, declamar, decir, sentir. Hoy no se aprende en España a leer en alta voz, algo que sucede en países de nuestro entorno. ¿Piensa que esta asignatura: Leer en alta voz, debería formar parte del currículum escolar?
Creo que en España se habla (al menos en la calle) alto y claro. Otra cosa es que se escuche o se entienda.

¿Qué está fallando en España?
Cada vez somos más sordos.

¿Se difiniría usted a sí mismo como una caja de resonancia, donde todo vibra, suena, une?
Tengo que serlo...

¿Cuáles son sus proyectos?
—En unos meses comenzaré a preparar un texto griego.