Los Dossieres Tiempos de hoy

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                         Nº 1216. 6  de octubre de 2017

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Los Dossieres / Pedro Antonio Navarro

Fría celebración en Rusia del centenario de la revolución

Un siglo de la Revolución rusa

Se cumplen 100 años de la toma del poder por parte de los comunistas en una Rusia que inmediatamente se convertiría en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Un ‘experimento’ político que duró 74 años vigente en la nación más extensa del planeta, y que ‘exportó’ un sistema contrario al capitalismo a un buen número de países en cuatro continentes. Aunque prácticamente ya ningún Estado aplica esta doctrina, tal y como fue interpretada por Lenin, el ‘Octubre Rojo’ cambió para siempre la historia.


Lenin en  la Conferencia de Zimmerwald, germen de la Revolución rusa y de la Tercera Internacional.

La Revolución rusa constituye un hito histórico de primera magnitud. En primer lugar, por su inesperado triunfo en sí mismo, pero también por su posterior extensión a enormes territorios y poblaciones de cuatro continentes. Generó, desde su momento inicial, un temor generalizado al ‘contagio’ en otros países donde no llegó a implantarse un sistema semejante.

El triunfo y asentamiento de los bolcheviques en el país más extenso de la tierra proporcionó al mundo un modelo alternativo e inédito de organización política, social y económica. El sistema económico socialista sin propiedad privada de los medios de producción duró 74 años.

El ascenso del movimiento socialista en la Europa de la segunda mitad del Siglo XIX estuvo influido por la dura realidad del capitalismo en su primera etapa de acumulación originaria, caracterizado por la explotación de los trabajadores, y el pensamiento socialista de Marx y Engels como guía para organización de la lucha contra el capital.

Esas ideas se plasmaron en partidos socialistas que fueron ganando la voluntad de acción de amplias capas del nuevo proletariado industrial en el continente europeo.

Las terribles consecuencias de la Primera Guerra Mundial sobre la atrasada Rusia hicieron crecer las perspectivas revolucionarias.

Los sufrimientos del pueblo ruso durante la I Guerra Mundial provocaron, en febrero de 1917, el estallido de una insurrección que terminó con el gobierno de los zares, pero fue comandada por partidos burgueses o socialistas sin una clara idea de los pasos a seguir. Esa revolución tomó por sorpresa a los partidos más radicales, en especial a los bolcheviques de Lenin y a fracciones de otros movimientos.

Los meses que separan febrero de octubre fueron los del ascenso del bolchevismo en los soviets de Moscú y San Petersburgo, que concluyó con la toma del poder, en alianza con el Socialismo Revolucionario de Izquierda, partido con alto predicamento entre los soldados-campesinos.

El estallido revolucionario en Rusia estuvo condenado al aislamiento. En lugar de conseguir el apoyo del proletariado europeo, sufrió la agresión externa de todas las potencias capitalistas. A pesar de esa ‘soledad’ y de las terribles condiciones que afrontó, obtuvo espectaculares avances. Un país agrario que se transformó en industrial, con logros extraordinarios en muchos campos, desde la educación a la ciencia y la técnica -como el primer satélite, el primer vuelo orbital tripulado- o en la defensa nacional, después de haber repelido la invasión nazi con el mayor costo de entre todos los aliados, con más de 23 millones de muertos en la contienda.

Tras superar estos períodos muy duros los aumentos de la productividad acortaron diferencias con Occidente y el nivel de vida mejoró ostensiblemente. Hasta que se produjo un proceso de estancamiento desde finales de los años sesenta.
La primera etapa de la Revolución Rusa llevó a la abdicación del Zar Nicolás II en marzo de 1917 y el establecimiento de una República Rusa liderada por Alejandro Kerenski.

En octubre del mismo año se producía la Revolución Bolchevique liderada por Vladímir Ilich Uliánov (Lenin) y bajo el lema “ todo el poder para los Soviets”, lo que condujo al fin de la breve República Rusa, con la promesa de” paz, tierra y pan”.
A pesar de haberse gestado en octubre, fue el 07 de noviembre de 1917 que se inauguró el “Segundo Congreso de Sóviets de Representantes de Trabajadores y Soldados de todas las Rusias”, instaurando así la fecha oficial de esta revolución.


Los personajes clave

Además de Lenin, muchas otras figuras relevantes jugaron un papel decisivo en aquellos ‘diez días que estremecieron a mundo’.

Vladimir Ilich Ullianov ‘Lenin’ (1870-1924)
Más conocido como Lenin. Revolucionario y político marxista, fue el líder del sector bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Tuvo noticia del triunfo de la Revolución de Febrero estando exiliado en Suiza. Ya que se oponía a la guerra, los alemanes le dieron la oportunidad de atravesar su territorio en un tren ‘sellado’ que llegó a Petrogrado (San Petersburgo) en abril de 1917. Después de derrocar al Gobierno Provisional de Kérenski, fue nombrado en noviembre presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom); cinco años después se convirtió en el primer dirigente de la Unión Soviética tras su creación como Estado.

Nikolai Bjuarin (1877-1926)
Como político, defendió la Nueva Política Económica (NEP) que permitió temporalmente la propiedad privada de pequeñas empresas; como miembro del Politburó, se opuso a la colectivización agraria forzada. Como intelectual, fue director del diario Pravda. Terminó represaliado por Stalin.

Félix Dzerzhinski (1877-1926)
Procedente de una familia polaca, en diciembre de 1917 creó la policía secreta bolchevique, más conocida como Cheka, siguiendo patrones de la Ojrana, su predecesora zarista. Implacable e infatigable en su lucha contrarrevolucionaria, especialmente durante la guerra civil. Impulsor del denominado ‘terror rojo’, tuvo diferencias con Lenin. Murió de un infarto.

Lev Kamenev (1883-1936)
Histórico bolchevique, integrante de la redacción de ‘Iskra’, periódico revolucionario marxista, se convirtió en jefe del Partido Comunista en Moscú y llegó a ser vicepresidente del Gobierno de Lenin. Tras la muerte de éste, y en colaboración con Stalin y Grigori Zinoviev, orquestó la caída en desgracia de Trotski, de quien era cuñado. Fue ejecutado en 1936 durante las purgas estalinistas al igual que sus dos hijos varones.

Alexander Kerenski (1881-1970)
Abogado y líder del partido socialrevolucionario o ‘eserista’, fue ministro de Justicia y Guerra y primer ministro del Gobierno Provisional resultante de la Revolución de Febrero de 1917. Aunque neutralizó un golpe de Estado contrarrevolucionario del comandante en jefe del Ejército, el general Lavr Kornílov, su Ejecutivo sucumbió ante el empuje de los bolcheviques.

Alexander Kolchak (1874-1920)
Almirante y caudillo del movimiento anticomunista ‘Los Blancos’, combatió a los bolcheviques durante parte de la guerra civil rusa (1917-1923). Dirigió desde Omsk (Siberia) un Gobierno dictatorial durante casi dos años, entre 1918 y 1920. Traicionado por los suyos, fue entregado a los partidarios de Lenin y luego ejecutado.

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Nicolás II abdicó en marzo de 1917. Fue fusilado junto a toda su familia en Ekaterimburgo en julio de 1918.


Nicolás II (1868-1918).
Zar de Rusia, rey de Polonia y gran duque de Finlandia. Último representante de la dinastía Romanov. Inmovilista y defensor del poder autócrata heredado, se resistió a acometer reformas liberales. Sólo la Revolución de 1905 le obligó a ceder prerrogativas a favor de un Parlamento electo (Duma). Se puso al mando de las tropas que combatían a alemanes y austriacos durante la I Guerra Mundial. Aconsejado por sus generales y en medio de la sublevación general, abdicó en marzo de 1917. También renunció a los derechos al trono de su hijo. Bajo arresto domiciliario, fue fusilado por un pelotón junto a toda su familia en Ekaterimburgo en julio de 1918.

Grigori Rasputín (1869-1916).
Monje, campesino, consejero. Tras un suceso curativo con el zarevich Alexéi, enfermo de hemofilia, Rasputín se ganó la confianza de la zarina y se hizo un personaje muy influyente en San Petersburgo, especialmente en 1915, cuando Nicolás II se encontraba en el frente de batalla. Fue asesinado por un grupo de monárquicos al considerarle una influencia dañina.

Iossif Vissarionovich Zhugasvilli ‘Stalin’ (1878-1953).
Georgiano de nacimiento. Su afición revolucionaria se inició en el seminario. Muy activo en diferentes movimientos clandestinos hasta la llegada de la Revolución, que le sorprendió siendo editor de ‘Pravda’, el diario oficial del Partido Bolchevique. Nombrado por Lenin comisario del pueblo para Asuntos Nacionales, escaló posiciones hasta afianzarse en el poder absoluto. Junto con Kaménev y Zinoviev, formó un triunvirato que se situó entre la derecha (Bujarin) y la izquierda (Trotski). Se desprendió violentamente de todos sus adversarios y purgó a miles de ciudadanos durante los años 30.


Stalin se desprendió violentamente de todos sus adversarios tras la muerte de Lenin  y purgó a miles
de ciudadanos durante los años 30.


Piotr Stolypin (1862-1911). Primer ministro de Nicolás II entre 1906 y 1911. De familia noble, se encargó de mantener a raya a los grupos revolucionarios. Más de 3.000 sospechosos fueron condenados y ahorcados bajo su mandato. Murió asesinado en Kiev a consecuencia de los disparos de un ‘eserista’.

Yakob Sverdlov (1885-1919).
Uno de los autores intelectuales del asesinato del zar. Pasó gran parte de los 33 años de su vida encarcelado o deportado. Estrecho colaborador de Lenin, se convirtió en uno de los principales dirigentes bolcheviques tras el triunfo de la Revolución de Octubre.

Lev Trotsky (1879-1940).
Nacido como Lev Bronstein en el seno de familia ucraniana judía. Detenido y desterrado en la época zarista. Como comisario de Asuntos Exteriores participó en las negociaciones de paz con los alemanes que acabaron en el Tratado de Brest-Litovsk de marzo de 1918. Creador del Ejército Rojo, era considerado el sucesor natural de Lenin. Partidario de la ‘revolución permanente’, se enfrentó a Stalin, quien entonces pasaba por moderado. Exiliado en México, fue asesinado en 1940 por un agente soviético de origen español, Ramón Mercader, que le clavó un piolet en el cráneo.


Trotsky era considerado el sucesor natural de Lenin. Se exilió en México donde fue asesinado.


Serguei Witte (1849-1915).
Ministro de Hacienda con Alejandro III y primer ministro interino de Nicolás II. Redactó un memorándum a petición del zar como solución de emergencia a la Revolución de 1905. Le propuso una dictadura militar o la concesión de una Constitución. El soberano aceptó la segunda idea.

 

Las películas que narraron la revolución

Los acontecimientos de 1917, la Guerra Civil que les siguió y la instauración del nuevo poder soviético inspiraron al mundo del arte, desde pintores y escritores hasta arquitectos y compositores. Y, por supuesto, también los cineastas. Aquí glosamos una breve lista de algunas de las películas que recogierno esos momentos históricos desde diferentes perspectivas:

Octubre (Diez días que estremecieron al mundo), 1927
Se trata de la última parte de una trilogía del director Serguéi Eisenstein, al que, según él mismo reconocía, la revolución “le dio lo más valioso: lo convirtió en artista”. La trilogía revolucionaria comienza con su película de debut La huelga y continúa con su afamado film El acorazado Portemkin, sobre el levantamiento de los marineros en 1905. Octubre es la quintaesencia de la expresión cinematográfica de los acontecimientos de la revolución.

Desde el derribo de la estatua al emperador Nicolás II hasta el discurso de Lenin proclamando el triunfo de la revolución. El plano más importante y reconocido de la película es el asalto escenificado de los marineros al Palacio de Invierno, que se incluye en casi todos los documentales sobre los eventos de 1917.


Fotograma de la película ‘El acorazado Potemkin’.


Chapáyev, 1934
Película de aventuras de los hermanos Vasíliev sobre el soldado del Ejército Rojo Vasili Chapáyev, que junto con sus camaradas Petka y Anka se enfrentan al Ejército Blanco. El filme de los Vasíliev relata la Guerra Civil en Rusia e ilustra el mito de los héroes de los tiempos antiguos trasladados de las pantallas de cine a los chistes y las fábulas que siguen gozando de gran popularidad incluso hoy. El relato heroico sobre Chapáyev fue todo un éxito entre espectadores y críticos, fue premiado en el Primer Festival de Cine de Moscú y recibió grandes alabanzas de Stalin. La película sigue siendo muy apreciada actualmente. Por ejemplo, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha declarado en alguna ocasión que es su película rusa favorita.

Lenin en Octubre, 1937
Rodada 20 años después de la revolución, este filme de Mijail Romm se concentra en la personalidad de Vladímir Lenin, que primero se muestra como un neurótico algo cómico, pero sin duda un genio de la revolución.

Según recuerdan algunos testigos de la época, el actor Borís Schukin interpretó al líder de la revolución de un modo tan brillante que los primeros espectadores, cuando aparecía el protagonista en la pantalla, se levantaban y aplaudían, como si estuvieran viendo a Lenin vivo. La película se estrenó en Estados Unidos y otros países de América y los críticos extranjeros señalaron que el Lenin interpretado por Schukin “era un personaje curioso y brillante que causaba simpatía entre los espectadores”.

La huida, 1970.
Esta es una adaptación en dos partes de las obras de Mijaíl Bulgákov (principalmente de su obra La huida’ y de su novela La guardia blanca, con un elenco encabezado por Liudmila Savélieva (Natasha Rostova en Guerra y paz’ de Serguéi Bondarchuk, película ganadora del Oscar en 1969) y Alexéi Batálov (Gosha en Moscú no cree en las lágrimas’, ganadora del Oscar en 1980). Esta película de Alexander Álov y Vladímir Naúmov, que participó en el Festival de Cannes en 1971, alude a la fractura en la ideología moral que se produjo durante la revolución, así como a la dificultad para emigrar y a la pérdida del papel de la clase intelectual en la historia soviética.

Insolación, 2014.
Película reciente del oscarizado director Nikita Mijalkov, rodada a partir de motivos del relato homónimo de Iván Bunin y de sus diarios ‘Días malditos’, en los que el escritor define la revolución como una catástrofe que dividió el país. La acción de la película de Mijalkov se sitúa en el otoño de 1920, cuando un capitán anónimo de los restos del ejército zarista va a parar a un campo de filtración de los bolcheviques, recuerda una historia de amor vivida, su vida en tiempos de paz y se pregunta cómo ha sucedido todo esto. A través de escenas románticas y referencias directas a las películas de Serguéi Eisenstein, Mijalkov intenta reflejar los acontecimientos del siglo pasado, que cambiaron para siempre el país y su gente.

Ángeles de la revolución, 2014.
Una historia inusual sobre las consecuencias de la revolución rodada por el ganador del Festival de Cine de Venecia Alexéi Fedorchenko (‘Los primeros en la Luna’, ‘Almas silenciosas’). La película trata sobre un grupo de revolucionarios del mundo del arte que viajan a la taiga para culturizar a sus habitantes. Los protagonistas de Fedorchenko hacen referencia a los vanguardistas de la década de los 20,  pintores, arquitectos, músicos, etc. Este mosaico de antecedentes históricos acompañado de la fantasía del director muestra la confrontación entre los nuevos ciudadanos soviéticos y los pequeños pueblos de Siberia y el Norte de Rusia, todavía ajenos a los eslóganes revolucionarios.

 

‘Octubre’ en los libros

Numerosa y variada es la literatura histórica que analiza el proceso revolucionario bolchevique en toda su extensión, u ocupándose de aspectos parciales del mismo. Algunos volúmenes se han publicado al hilo de este primer centenario, mientras que otros ya llevan tiempo en circulación, aunque todos, con el denominador común de una aproximación a tan trascendental suceso histórico. Desde estas páginas hacemos referencia a algunos de los más interesantes:

¿Cuándo amanecerá, camarada?, de Jean-Paul Ollivier ( Clave Intelectual) Se remonta décadas atrás –a 1876- y finaliza el primer día después del triunfo revolucionario, trazando un relato excepcional del paisaje ruso que abonó la necesidad de cambiar una sociedad anquilosada y una dinastía que monopolizó el poder durante más de tres siglos. 
Atrapados en la Revolución Rusa, de Helen Rappaport (ed. Palabra) nos ofrece una perspectiva del fenómeno desde la particular visión de los ciudadanos extranjeros residentes en Rusia en el momento del proceso revolucionario.

Adoptando un punto de vista más didáctico y una cronología más amplia que la que abarcó estrictamente la revolución, Mira Milosevich analiza en Breve Historia de la Revolución Rusa (ed. Galaxia-Gutenberg) las causas, el desarrollo, las consecuencias que degeneraron en un sistema totalitario y el fracaso final del régimen alumbrado en 1917, después de 74 años de supervivencia. La investigadora del Real Instituto Elcano mantiene que “el Estado bolchevique se sostuvo sobre el terror, la autocracia ideológica del partido único, una administración ultracentralizada, el nihilismo legal, la ausencia de libertades individuales y de propiedad privada; pero también que el totalitarismo comunista no fue un sistema basado sólo en el terror, sino que gozó de un alto grado de colaboración y aceptación por parte de los ciudadanos soviéticos, y que el ciclo revolucionario todavía no ha concluido”.

Un enfoque temático muy original es el aportado por Carlos Taibo en Anarquismo y Revolución en Rusia (1917-1921) (ed. Los Libros de la Catarata) en el que los protagonistas son los actores y protagonistas que, desde un enfoque fundamentalmente libertario, quedaron inicialmente arrinconados del proceso revolucionario para pasar, con posterioridad a ser represaliados, perseguidos y aniquilados por los bolcheviques en el poder.

Pablo Martín en Entre dos Octubres. Revoluciones y Contrarrevoluciones en Rusia (1905-1917) y Guerra en Eurasi(Alianza Editorial) aporta una visión global sobre la gestación del clima revolucionario en Europa y su extensión más allá de la propia Rusia, además de conectar los diversos episodios revolucionarios.

Julián Casanova en La venganza de los siervos (ed. Crítica) elabora una síntesis de los múltiples factores causales y sus consecuencias, que se reunieron en un episodio que influyó decisivamente en el discurrir de la Historia del siglo XX. El catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza escribe desde Budapest un libro que sintetiza lo ocurrido hace un siglo y  divulgativo que revisa la historia y la interpretación que se ha hecho de la revolución.  Sostiene que los acontecimientos en Rusia formaron parte de un  proceso de crisis constante: “En realidad lo que ocurrió entonces fue un proceso revolucionario a nivel continental; sucesivas revoluciones salpicadas de guerras civiles”.

Una defensa de los valores sociales que acompañaron a la revolución, entendibles como un proceso liberalizador, se recoge en el ensayo de Neil Faukner, La Revolución Rusa (ed. Pasado&Presente) y aporta una visión ideológica del proceso.

Faulkner se define a sí mismo como un marxista y un activista socialista revolucionario. Arqueólogo de formación, es también historiador, escritor y editor, el libro pone foco en el componente social de la revolución. En la editorial aseguran que se trata de “Una visión distinta. Directa. Implicada. Progresista. Que defiende los valores democráticos que llevaron a la revolución y su vigencia en nuestros días”. 

Se han reeditado clásicos como La Revolución Rusa de Christopher Hill (ed. Ariel) y obras bastante desconocidas y de gran interés, como La Revolución Rusa de 1917 de Vicente Blasco Ibañez (Silex Ediciones). Esta última nos permite reconocer la obra periodística de un escritor perseguido por el franquismo y cuyo interés investigador sobre este tema se ha plasmado en el presente trabajo.

Continuando con la perspectiva hispana está el trabajo coordinado por Eduardo González, Anatomía de una crisis. 1917 y los Españoles (ed. Alianza Editorial), que investiga la particular crisis española coincidente con los acontecimientos en Rusia. También la experiencia soviética concitó el interés de intelectuales y escritores españoles; así encontramos la obre de Ramón J. Sender, Madrid-Moscú. Notas de Viaje, 1933-1934 (ed. Fórcola), que relata su experiencia como invitado por la Internacional Comunista .
La editorial Akal celebra el centenario con esta edición.

Carlos Canales y Miguel del Rey han trazado una clásica historia del proceso revolucionario y de constitución de la Unión Soviética en Tormenta Roja. La Revolución Rusa (1917-1922) (ed. Edaf) con un gran despliegue fotográfico y cartográfico.

Catherine Merridale rastrea en El Tren de Lenin (ed. Crítica) los orígenes de la revolución y los meses previos a principios de 1917, con la aportación de la ayuda del gobierno alemán a los revolucionarios exiliados en Suiza que, con Lenin a la cabeza, atravesaron en un tren sellado Alemania, Suecia y Finlandia hasta llegar a Petrogrado para liderar la explosión revolucionaria.

La proyección posterior del régimen comunista implantado en una buena parte de la comunidad internacional y en toda Europa Oriental es recogida en el trabajo de Javier Fernández, Camaradas. De Lenin a Hoy (ed. LID).
Stalin, el depositario de la herencia leninista, también es objeto temático de algunas aportaciones bibliográficas recientes: Ramón Espanyol traza una biografía en Stalin (Silex Ediciones).

Por su parte, Rosemary Sullivan escribe una biografía de Svetlana Allilúieva en La Hija de Stalin (ed. Debate). En torno a las purgas y el despliegue de la represión estalinista en la década de los 30 está el libro de James Harris, El Gran Miedo (ed. Crítica).

Josep Fontana recoge en un grandioso volumen, El Siglo de la Revolución (ed. Crítica) la historia del mundo desde 1914, destacando por su impacto posterior el proceso revolucionario ruso. Con motivo del centenario, la editorial Akal acaba de publicar un volumen titulado 1917. La revolución rusa cien años después, en el que el mismo Fontana, junto a Juan Andrade, han coordinado una selección de textos de más de una decena de profesores y politógos cercanos a la izquierda ideológica, que dan su actual visión sobre lo que significó aquel octubre del 17.

En el género epistolar tenemos el libro de Jacques Sadoul, Cartas desde la Revolución Bolchevique (Turner Publicaciones), con personajes como Trotski, Lenin o Kollontai.

Son numerosas también las aportaciones teóricas del pensamiento ideológico que sustentó la necesidad de la revolución como medio de implantación de un nuevo régimen. Se puede destacar el conjunto de trabajos, discursos, escritos e intervenciones reunidos en Entre Dos Revoluciones de Vladimir Ilich Lenin (ed. S. XXI) Además de las reediciones de clásicos sobre el tema de Trotski, Rosa Luxemburgo, Victor Serge.

El triunfo del artista, de Tzvetan Todorov (Galaxia Gutenberg) es el ensayo póstumo del pensador recientemente fallecido en el que se analiza la posición de una serie de creadores frente a la revolución. Escritores como Pasternak, Bábel, Bulgákov, Maiakovski, Tsvietáieva o Mandelstam; cineastas como Eisenstein; músicos como Shostakóvich; y pintores como Malévich son analizados por Todorov desde el conocimiento profundo de su obra y la compasión por la tragedia de su vida. Para proclamar finalmente el poder del arte sobre aquellos que quieren su muerte.

De la tempestad surgieron... Relatos de la Revolución rusa (Editorial Hiru) en el que se condensa el trabajo de varios autores como Anatoli Lunacharski, Alexandra Kollontái, Maxim Gorki, Yuri Guerman o Vera Pánova.

El año I de la Revolución rusa, de Víctor Serge (Traficantes de Sueños), es el testimonio de un apasionado militante bolchevique que escribió el relato diez años después de los acontecimientos revolucionarios. En sus páginas se analiza el golpe de octubre, las primeras decisiones del poder bolchevique, el comienzo de la guerra civil, del terror blanco y el terror rojo, los episodios iniciales del comunismo de guerra, hasta enlazar con la Revolución alemana de noviembre de 1918. Víctor Serge fue dirigente del partido bolchevique pero tras la muerte de Lenin sufrió el estalinismo. Tras ser detenido y deportado consiguió llegar a México donde murió en 1947. 

Cartas desde la revolución bolchevique, de Jacques Sadoul (Turner) es otro libro de testimonios. Jacques Sadoul, diplomático francés se encontraba en Petrogrado y fue testigo de los acontecimientos revolucionarios. En sus cartas da cuenta de lo que ocurría en las calles aquellos días. Tras los sucesos de octubre se convirtió en un defensor de los bolcheviques y fue uno de los fundadores del Partido Comunista Francés. 
La Revolución rusa, de Rosa Luxemburgo (Ed. Página Indómita, 2017). Rosa Luxemburgo fue una teórica marxista que fue muy crítica con las prácticas bolcheviques, sobre todo porque consideraba que habían atropellado la libertad.  “La eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad. (…) La libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido -por muy numerosos que estos sean-, no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien piensa de manera diferente”afirma en el libro.

Además, la reedición del texto está prologado por la pensadora Hannah Arendt. 

Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa, de Julián Vadillo Muñoz  (Volapük Ediciones). Este libro divulgativo trata de estudiar el protagonismo del anarquismo en la revolución rusa. Además de repasar el pensamiento de grandes figuras como Bakunin o Kropotkin, se explican también los procesos revolucionarios que hubo lugar en Rusia y la experiencia de comunismo libertario que tuvo lugar en Ucrania.

Por último, para este mes de octubre, la editorial Nórdica prepara una edición ilustrada por Fernando Vicente del clásico de John Reed Diez días que estremecieron al mundo. El premiado ilustrador español ya puso imágenes al Manifiesto Comunista, mientras que la editorial Capitán Swing volverá a editar La historia de la Revolución rusa de Trotski.


El presidente ruso, Vladimir Putin, abandera ahora la restitución de la memoria de los Romanov.

Y Putin ‘celebra’ el centenario

El presidente ruso, Vladimir Putin, creaba en diciembre pasado un comité organizador de los actos conmemorativos de la revolución de 1917. Su composición refleja la prudencia y la voluntad de distanciamiento del Kremlin con el proceso. Incluye figuras independientes y críticos del poder, ministros y responsables de la Iglesia ortodoxa, pero ni un solo miembro del Partido Comunista actual o de los partidos monárquicos.

Durante un año de celebraciones –muchas ya se han llevado a cabo- están previstas más de 500 manifestaciones, conferencias, mesas redondas, exposiciones o festivales de cine que pondrán en relieve los acontecimientos “contradictorios” de 1917, según el copresidente del comité, el historiador Anatoli Torkunov.

“Las lecciones de historia sirven ante todo para la reconciliación y el fortalecimiento de la armonía política, social y civil”, declaraba Putin en la presentación de los fastos, llamando a dejar atrás “las divisiones, la cólera y las ofensas” del pasado.

A lo largo de su trayectoria pública, el presidente se ha expresado abundantemente sobre el legado soviético y ha llegado a decir que “quien no lamente la caída de la URSS no tiene corazón y el que desee su restauración carece de razón”.

Además, Putin lleva años continuando con el movimiento iniciado en los años 90 por el presidente Boris Yeltsin (1991-1999) para la rehabilitación de los Romanov.

Durante la era soviética, la Revolución de Octubre era evidentemente la única que se celebraba y cada 7 de noviembre (25 de octubre según el calendario juliano vigente en aquel entonces) se organizaba un inmenso desfile militar en la Plaza Roja.

Como en la época soviética, hoy la revolución de febrero está en un lejano segundo plano. Pero la relación con octubre ha cambiado desde finales de los años 80 con la Perestroika y la apertura de archivos que dieron un punto de vista diferente sobre la guerra civil y la llegada al poder de los bolcheviques.

En los manuales de historia la revolución ya no es la “locomotora de la Historia”. Para algunos, ya no es ni siquiera más que un “golpe de Estado” o una “tragedia nacional”.

El discurso de investidura de Putin en mayo de 2000 ya ilustró este cambio de paradigma. Por aquel entonces el nuevo jefe de Estado se felicitó del primer cambio de dirección al frente del país “sin golpe de Estado, sin revolución”.

Aun así, el inquilino del Kremlin firmaba un decreto en el que encarga al Ministerio de Cultura, a través de la Sociedad Histórica Rusa, de organizar y coordinar una serie de actos conmemorativos para analizar tanto los motivos como la misma naturaleza de la Revolución.

Putin ha criticado duramente a los líderes soviéticos Lenin y Stalin por la represión masiva y el advenimiento de un sistema totalitario comunista”.