Tribuna / Miguel Ángel Aguilar Tiempos de hoy

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                          Nº 1217. 13  de octubre de 2017

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Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

Puigdemont y la NASA


Como testigo participante en la manifestación del domingo 8 de octubre en Barcelona puedo
dar fe del descubrimiento que muchos barceloneses y de otros lugares de Cataluña hicieron al encontrarse con otros vecinos que ondeaban las mismas banderas después de años de entregarse a la simulación meritocrática     
                                                                                                                               

El president de la Generalitat, Carles Puigdemont; el vicepresidente, Oriol Junqueras; la presidenta del Parlament y tuti quanti de los comprometidos en el procés están convencidos de que todo puede hacerse de modo indoloro, que todo puede cumplirse sin consecuencias, que todo puede llevarse a cabo en la ingravidez ambiente. Pero la ingravidez sólo puede lograrse en los laboratorios de la NASA donde se recrean las condiciones de los vuelos espaciales. Fuera de esos laboratorios nadie puede abrogar la Ley de la Gravitación Universal. Es decir, que de los hechos y de las decisiones se derivan necesariamente consecuencias.

Todo el procés es un intento de infantilizar a la población con cuentos de hadas y cuentas del gato con botas. La Cataluña independiente sería el paraíso terrenal, la suma de todos los bienes sin mezcla de mal alguno. Sus propagandistas incansables se han apropiado todas las virtudes para asignárselas a los conjurados, que operan siempre cívicamente, a la catalana, como gusta decir el diputado de Esquerra, Joan Tardà, infatigable narrador de las opresiones padecidas por el pueblo catalán, víctima de los perversos españoles, siempre aguantadas de modo ejemplar con admirable resistencia pacífica. De modo que los episodios de violencia que aparecen en la historia de Cataluña como en cualquier otra se evaporan sin dejar rastro. Un amigo periodista que dudaba que pudiera ser verdad tanta belleza preguntó a nuestro Tardà si la semana trágica de Barcelona había sido también a la catalana pero el interpelado se manifestó ofendido sin ofrecer respuesta alguna.

No hay prenda como la vista y nada sustituye la presencia en los acontecimientos. El periodista que se sitúa en el lugar de los hechos renuncia a las visiones panorámicas y a las multiperspectivas que puede tener quien prefiera la narración televisiva. Desde luego, sus capacidades de percepción se circunscriben a un radio limitado, el que permite que los estímulos visuales o auditivos puedan ser captados por sus órganos sensoriales pero, a cambio, el baño de inmersión en el ambiente le proporciona una impregnación que de ninguna otra manera puede obtenerse, además de que le permite la interacción de respuesta rompiendo la asepsia inhabilitadora de la distancia.

Como testigo participante en la manifestación del domingo 8 de octubre en Barcelona puedo dar fe del descubrimiento que muchos barceloneses y de otros lugares de Cataluña hicieron al encontrarse con otros vecinos que ondeaban las mismas banderas después de años de entregarse a la simulación meritocrática. Los discursos de Mario Vargas Llosa y de Josep Borrell son para leer subrayándolos pero además deben ser escuchados como modelo de oratoria sin papeles. En el extremo contrario, la sesión del Parlament del martes día 10 sigue la línea de la vergüenza y la falsificación. Apertura con una hora de retraso, suma de ambigüedades, victimismos y simulaciones. Breves intervenciones de los portavoces de los grupos parlamentarios y al concluir el último la presidenta, señora Forcadell, proclama que se levanta la sesión. ¡Viva el debate!. ¡Viva la república Catalana independiente!, proclamada, suspendida en sus efectos, firmada por los incondicionales fuera del salón de sesiones, pero imposible de desencadenarse porque faltaba el balcón. Otra vez será.

Firma

Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).

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