Entrevista Julieta Serrano Tiempos de hoy

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      Nº 1220. 3  de noviembre de 2017

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Julieta Serrano, actriz

“El nacionalismo me parece una enfermedad”

En ‘Dentro de la tierra’, de Paco Bezerra, que se representa en el Teatro Valle-Inclán, de Madrid, despliega una interpretación llena de veteranía, talento y verdad. Julieta Serrano tiene 84 años y estos días cumple 60 sobre las tablas. ‘Dentro de la tierra’ es una obra compleja, punzante y de un extraordinario fondo poético. Sobre el devenir político, ella, catalana, afirma: “Yo me siento catalana, y española, me siento de muchos sitios, porque he viajado mucho y he vivido mucho”.


“Me siento catalana, española, de muchos sitios, porque he viajado y vivido mucho”

Su personaje, la curandera ‘La Quinta’, entra en escena como en una procesión de Semana Santa. ‘La Quinta’ no es una farsante, dice la verdad.
Yo creo que ‘La Quinta’ es una persona absolutamente del pueblo, que está muy solicitada y muy considerada. La gente cree mucho en ella. Ya lo cuenta además Mercedes, cuyo personaje encarna Pepa Rus, cuando dice que ‘La Quinta’ curó a su hermana de un problema que tuvo. Y la familia del protagonista, Indalecio, recurre a esta mujer, que es una curandera como la que hay en todos los pueblos, pero más famosa, porque ella explica que en su familia fueron siete hermanos y ella es la quinta. Y se dice que, cuando se trata de una familia numerosa, la quinta tiene un don. Que tiene conexión con el Más Allá, con la magia, con las posibilidades del curanderismo. Al personaje yo lo veo muy inocente, muy elemental, pero, al mismo tiempo, muy sabio. Tiene la sabiduría de las viejas de los pueblos. De repente dice una sentencia y de repente se le va la cabeza. Habla a veces de cosas que ha escuchado y parece una persona sabia. Posee esa sabiduría popular que ronda por los campos. A ‘La Quinta’ le cae muy bien el chico éste que se enamora, y los otros, en cambio, tienen una actitud muy rígida ante las cosas. ‘La Quinta’ es muy pobre, porque no cobra, porque parece ser que quienes tienen poderes, si cobran por ejercerlos, pierden esos poderes.

En la obra se tratan temas como la xenofobia, el padre y el hijo mediano no quieren que Indalecio tenga relaciones sentimentales con una chica árabe, Florida: “Los moros no sirven más que para recoger tomates”, llegan a decir. Y surge también la homofobia. Indalecio le explica a ‘La Quinta’ los sufrimientos de su hermano mayor: “Le atan las manos para que no se note que es amanerado”.
Sí, toda la obra transita a través de una especie de fábula, porque está entre la realidad, el sueño y la fantasía. Ante esta historia te puedes preguntar: ¿Está pasando en la realidad o es una imaginación de Indalecio, el protagonista? Que de repente quiere convertirse en escritor y se esconde en ese invernadero al que está prohibido entrar y no se sabe bien por qué. Es todo misterioso. Y él se queda ahí para escribir. Y quizás lo que está escribiendo sea esta misma obra a la que después nosotros le damos forma.

De hecho en ‘Dentro de la tierra’ hay algunas reflexiones sobre el hecho de escribir. Dice Indalecio a Florida: “Más que un tema para escribir lo que tengo es un pensamiento”. ¿En qué medida esa frase se puede aplicar al contexto general de la obra?
Sí, sí, en la medida en que la obra puede ser una imaginación de Indalecio. Por eso la obra tiene un perfil muy abierto. El espectador percibe que el padre y el hijo mediano se aprovechan de los inmigrantes, de las personas indefensas. ¿Pero están cometiendo crímenes hasta el punto de convertir los cadáveres en abono para los tomates, o eso es una fantasía de Indalecio, que es quien lo denuncia? ¿Es todo una fantasía del protagonista, que siente una sensación de rechazo hacia su familia, y se inventa cosas al tiempo que busca la libertad para poder expresarse él de una manera creativa? La obra, insisto, se queda con un final muy abierto. Y claro, el padre dice a Indalecio: “Sí, tú protesta, pero realmente aquí los que estamos trabajando y ganando dinero somos nosotros. Y tú puedes vivir gracias a que nosotros estamos ahí explotando, si quieres decirlo así, a los indefensos, pero tú vives también de eso. ¿Por qué no trabajas, no te aplicas en nada?  ¿Por qué sólo haces soñar?”. La obra se plantea hasta qué punto soñar ha de tener una medida de tocar con los pies el suelo. O que se está viviendo de un sueño sin tener en cuenta a todas las demás personas, a toda la problemática social que existe entre todos los que están trabajando en ese invernadero. Y luego, por ejemplo, con el hermano mayor, que es homosexual, y lo tienen allí martirizado y encerrado por el qué dirán. Yo creo que la obra, a través de la poética, porque ‘Dentro de la tierra’ tiene un lenguaje poético, va transmitiendo cosas muy duras, y muy reales, como la explotación o el rechazo al diferente, al que no es como ellos, al que tiene otra manera de vivir y de estar en el mundo.

La obra empieza diciendo: “Cuando uno mira hacia atrás y ve su vida, ésta siempre parece un sueño o un cuento”. Cuándo usted mira hacia atrás y ve su vida como actriz, ¿qué piensa?
Que he tenido mucha suerte. Fue un sueño que se realizó. Yo vivía en Barcelona, y en aquella época todo estaba muy centralizado y allí no había teatro. Yo hacía teatro de aficionados. Y me ganaba la vida dibujando, porque yo era dibujante, tenía facultades para el dibujo. Pero interpretaba todo el teatro de aficionados que podía, me quitaba de dormir, de vivir, porque mi gran sueño era ser actriz, aunque eso resultaba totalmente imposible en la época en la que yo vivía en Barcelona. Yo trabajé con mucha gente en Barcelona, pero todos éramos amateurs. Y empecé en teatro profesionalmente con Miguel Narros, al que conocí en Barcelona, él quería afincarse allí, porque le gustaba mucho Barcelona. Tenía un grupo teatral y yo participé con ellos. Pero Miguel Narros regresó a Madrid porque, insisto, en Barcelona la cosa estaba imposible. Yo siempre digo que mis padrinos fueron Miguel Narros y José Luis Alonso. Porque José Luis Alonso me vio haciendo una obra en Barcelona y me llamó para que trabajara en Madrid. Y también trabajé mucho con José Tamayo.

“Dentro de la tierra’ transmite cosas muy duras como la explotación o el rechazo al diferente”

¿Qué recuerdos conserva de aquella colosal función que se estrenó en 1981 en el teatro Lara, en la que Amparo Rivelles, Irene Gutiérrez Caba y usted interpretaba cada una un monólogo. El de usted era ‘Antes del desayuno’, de O’Neill.
Sí, sí, yo recuerdo aquella función como algo muy especial en mi vida. Me ofreció hacerla José Carlos Plaza. Y yo intervenía también en el monólogo de Irene Gutiérrez Caba. Ahí había dos personajes, uno de ellos no hablaba, el que hacía yo. Y deprisa y corriendo me cambiaba después de ropa, porque el siguiente monólogo era el mío, ‘Antes del desayuno’, y luego entraba Amparo Rivelles con ‘La voz humana’, de Jean Cocteau. La verdad es que nos juntamos un gran trío de actrices y yo recuerdo aquel montaje con enorme agrado porque disfruté muchísimo haciéndolo. Aparte de que ocurrió que estábamos ensayando la obra la tarde del 23 de febrero de 1981 en la casa de José Carlos Plaza y un amigo suyo llamó por teléfono para avisarnos de que estaba escuchando la radio y habían dado un golpe de Estado. Y con aquella democracia que teníamos, tan frágil y tan tierna, sentimos un miedo espantoso. Y nos fuimos de allí. Yo salí disparada hacia el teatro María Guerrero para ver si me encontraba con otros compañeros, porque ese día era lunes, no había función, y aprovechaban para proyectar unos vídeos en el teatro. Pero allí no encontré a nadie. Subí al despacho y encontré a Alicia Moreno Espert. Me dejó el teléfono y llamé a mi madre, que estaba en Barcelona, para decirle “no te preocupes, que yo estoy bien”. Y me fui andando desde el teatro María Guerrero a mi casa, que entonces yo vivía en la zona de Chamberí, y las calles estaban completamente vacías. Y ya en mi casa, durante toda aquella noche, los amigos nos íbamos llamando por teléfono para contarnos lo que pasaba, a ver qué pasaba, y ya sabe usted lo que pasó.

En este contexto de sobresaltos políticos, ¿qué piensa de lo que está ocurriendo en Cataluña?
A mí me resulta doloroso, muy desconcertante, y al mismo tiempo espero que la gente, bueno, siempre acabamos diciendo lo mismo, pero que se dialogue, porque a mí me resulta inconcebible que Cataluña se separe de España. Yo me siento catalana, española, me siento de muchos sitios, porque he viajado mucho y he vivido mucho. El nacionalismo me parece una enfermedad. Yo entiendo que cada cual quiera a su país. Yo quiero a mi país que, repito, es España, es Cataluña  y es muchos sitios más. Porque yo he estado en América con Nuria Espert y he vivido allí un año entero haciendo una gira. Tengo grandes amigos, por ejemplo, en Buenos Aires. Y en México vive una sobrina nieta mía. Y considero que el nacionalismo tiene una actitud de rechazo hacia los demás. Hacia el otro. Y es una actitud que veo muy egoísta, muy mezquina. Que no entiendo. El nacionalismo, para mí, es una actitud enfermiza.

Usted formó compañía para interpretar ‘Largo viaje del día a la noche’ dada la admiración que siempre ha sentido hacia O’Neill, ¿no?
Desde que era muy joven me ha gustado mucho O’Neill. En agosto estuve en la Universidad Menéndez y Pelayo, que tienen una sección en la que organizan lecturas dramatizadas, y este año me propusieron hacer algo. Me ayudó María Ruiz, directora teatral. Porque había que encontrar una narración, pero que al mismo tiempo se pudiera teatralizar. Y todo ello me dio más trabajo del que pensaba. Tanto trabajo que al final a María Ruiz se le ocurrió decirme: “¿Por qué no haces aquello que en su día interpretaste con José Carlos Plaza, ‘Antes del desayuno’? Y creamos un pequeño espectáculo en el que yo contaba el motivo por el cual me gustaba O’Neill y por el cual formé en su día compañía para hacer ‘Largo viaje del día a la noche’. Porque cuando yo era joven en España casi no se editaba teatro. Yo tengo muchísimos libros de teatro en mi casa, pero gran parte de ellos publicados en Argentina, muchos por la editorial Losada. Y yo tenía todas las obras de O’Neill, que me entusiasmaban. En Barcelona, el médico de Salvador Dalí, que era un hombre muy aficionado al teatro, nos dejaba una casa que tenía para hacer los ensayos, y luego representábamos alguna obra en una habitación muy grande de esa casa en la que cabía público. Allí hice ‘Todos los hijos de Dios tienen alas’, de O’Neill. Y cuando formé compañía fue con el único y exclusivo afán y ganas de montar ‘Largo viaje del día a la noche’. Resulta durísimo formar compañía, pero yo lo hice por capricho, por un amor tremendo hacia aquella obra, que es muy autobiográfica. Porque los personajes que salen son O’Neill y su familia. Y había conocido a John Strasberg a través de José Luis Alonso, y él dirigió la obra. Busqué el dinero. Y finalmente conseguí un reparto magnífico, con Héctor Alterio, Ramón Malauda, Jaume Valls, Carmen Balagué, y yo. 

 

Y el cine

Hay críticos cinematográficos que la consideran una musa del cine español de los años 70 y 80. Hizo usted películas inolvidables.
Mariano Ozores fue el primero con el que hice cine. Y luego llegó ‘Mi querida señorita’, película con la que Jaime de Armiñán me abrió la puerta grande del cine, con la que tuve un éxito importante y una cantidad de premios enorme. Y la segunda que me ofreció fue ‘El amor del Capitán Brando’. Yo le debo a Jaime de Armiñán muchísimo. Porque también me abrió la puerta de la televisión. Y claro, mis trabajos con Pedro Almodóvar.