Tribuna / Miguel Ángel Aguilar Tiempos de hoy

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 Nº 1223. 24  de noviembre de 2017

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Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

El 155 y el espacio público


F. MORENO

Los medios de comunicación social, como la energía atómica, son de doble uso: medicinal o exterminador; promueven la convivencia o el antagonismo; la concordia o el enfrentamiento

Nos recuerda José Vidal-Beneyto en su libro póstumo Celebración de París que el espacio público mediático deriva del advenimiento de la sociedad de masas y de las tecnologías de la información. Su implantación viene a modificar profundamente la naturaleza y el funcionamiento del espacio público clásico del zoon politikon que se articula en torno al ágora griega y del espacio público moderno creado por la Ilustración que hunde sus raíces en el pensamiento de Kant reelaborado después por Habermas y Koselleck.

Reelaboración que se enmarca en la preeminencia de la conciencia individual, incondicionada y autónoma, sin más guía que la razón y la moral. Así emerge un nuevo espacio que apuntaba básicamente a la emancipación del individuo frente al Estado y a su razón omnipotente, de modo que el enemigo era el absolutismo político encarnado por Hobbes.

Para nuestro autor –el celebrante de París–, el espacio público mediático es un metaespacio cuya transformación más relevante es la del abandono de la crítica racional y su sustitución por una opinión difusa, resultado de la mera agregación de datos, comentarios y juicios de estatus discutible. De modo que su entrega a la espectacularidad convierte, por ejemplo, a los intelectuales en difusores de lo mostrenco, en recitadores de insignificancias, en saltimbanquis del pensamiento. Y a los periodistas los hace desertar de la averiguación de la verdad y de la defensa incesante de las libertades para cerrar filas con los promotores de emociones, convertibles en multiplicadores de audiencias, que generan beneficios para la cuenta de resultados o desencadenan comportamientos electorales.

Por eso, en la aplicación del artículo 155 de la Constitución debería tenerse  muy en cuenta la concordancia con el artículo 20 que en su apartado 3 dispone que “la ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público (como la Generalitat) y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España”. Así como también con el artículo 149 a tenor del cual entre las competencias exclusivas del Estado figura la de las “normas básicas del régimen de prensa, radio y televisión y, en general, de todos los medios de comunicación social, sin perjuicio de las facultades que en su desarrollo y ejecución correspondan a las Comunidades Autónomas”.

Más aún cuando tenemos aprendido que a los medios de comunicación compete la permanente e indeclinable defensa de las libertades públicas y la abominación y destierro del sectarismo que incita y alienta la discordia cainita preparatoria del conflicto civil o bélico. Los medios de comunicación social como la energía atómica son de doble uso: medicinal o exterminador; promueven la convivencia o el antagonismo; la concordia o el enfrentamiento. Atentos.

Firma

Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).

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