Entrevista Ernesto Alterio Tiempos de hoy

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Nº 1224. 1  de diciembre de 2017

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Ernesto Alterio, actor

“Usemos el cine, la cultura, no balas ni cañones”

Es un personaje en sí mismo, actor, pintor y músico, detrás de unas gafas de sol en un día sin sol, abrigadísimo, recordando mientras apura una Coca-Cola a un tío abuelo suyo, un travesti apreciado por todos al que llamaban ‘La Sirena del Chacarita’, que considera que fue el que introdujo la pasión por la interpretación en su familia. Ernesto Alterio (Buenos Aires, Argentina, 1970) ha hecho unas 130 películas y acaba de encarnar al atormentado y fascinante personaje de Taltibio en la colosal versión de ‘Las Troyanas’, de Eurípides, que continúa representándose en el Teatro Español de Madrid hasta el 17 de diciembre con Aitana Sánchez-Gijón como protagonista.

En alguna ocasión ha dicho usted que si su padre, Héctor Alterio, no hubiera sido actor, usted tampoco lo sería.
Seguramente. Porque ser hijo de un hombre como mi padre me ha influido mucho en las decisiones que he adoptado en mi vida. Desde pequeño he estado metido en el mundo del teatro, y vinculado con el mundo del arte, de la música y de todo esto. Desde niño voy a teatros. Y crecer al lado de mi padre me ha marcado mucho. Porque si mi padre hubiera sido fontanero, por ejemplo, a mí tal vez ni se me hubiera ocurrido ser actor. Pero yo no procedo de una familia de actores. Habría que remontarse a un tío abuelo mío, es decir, un tío de mi padre, que fue el primer travesti que hubo en el barrio de Chacarita, en Buenos Aires, en los años 20. Quizás no fue el primero, pero sí un travesti muy importante, al que llamaban ‘La Sirena del Chacarita’. Y hacía sus performances, se buscaba la vida como podía, y mi padre lo ayudaba con los trajes. Yo creo que la estirpe viene de ‘La Sirena del Chacarita’.

 

“Ser hijo de Héctor Alterio me ha influido mucho en las decisiones que he adoptado en mi vida”

“El teatro es una herramienta que te permite ponerte en la piel del otro”

 

Hablemos de ‘Las Troyanas’. Su personaje, Taltibio, tiene un monólogo, como prólogo de la obra, que ha introducido el adaptador Alberto Conejero, en el que insiste en que todos nos sintamos copartícipes de lo que ocurre en nuestro mundo.
Sí, es una de las cosas interesantes acerca de lo que significa el personaje de Taltibio en la versión de ‘Las Troyanas’ que han hecho Alberto Conejero y Carme Portacelli, en la que sitúan a Taltibio como alguien que tiene algo de vampiro, en el sentido de que no ha terminado de morir, no puede morir nunca. Y es condenado noche tras noche a tener que contar esta historia, una y otra vez. Resulta muy interesante hablar directamente con el público, ubicándolo en la terrible paradoja de que todos estamos involucrados en todo. Somos copartícipes de todo lo que ocurre de una u otra manera. Es muy interesante ese lugar en el que esta función ubica al espectador. Yo creo que es algo que potencia que la obra te atrape y que la experiencia resulte aún más interesante.

¿Qué aporta, en su opinión, esta versión de ‘Las Troyanas’ a otras que se habían visto antes?
Me interesa mucho la puesta en escena que ha hecho Carme Portacelli. Tiene algo para alcanzar la dimensión poética y también la profundidad que tienen estos textos, que para mí es algo interesante y fundamental, algo a lo que quiero volver y necesito volver constantemente: A revisar estos textos clásicos porque hay dentro un germen de una sabiduría muy primordial, que no se encuentra en lo cotidiano. Esta versión ha encontrado un lenguaje que puede expresar esa profundidad, la dimensión que tuvieron aquellos acontecimientos en Troya. Da voz a quien antes no la había tenido: Las mujeres.  

Los griegos ordenan matar al nieto de Hécuba, un niño, simplemente porque es hijo de un hombre valiente. No trataban sólo de ganar una guerra, sino de negar al vencido el futuro. En cierta medida recuerda lo que ocurrió en la Guerra Civil española, ¿no?
Absolutamente. Todos estos manejos como el que usted apunta están directamente relacionados con lo que es cualquier guerra y, por su puesto, en la contienda civil española se dieron este tipo de cosas. Pero considero que  la obra va más allá. Ellos, al matar a ese niño, lo que persiguen es aniquilar una estirpe. Pensaban: “De lo contrario este niño puede crecer y desear vengarse de nosotros algún día”. Por tanto, hay que aniquilarlo. Y es ahí donde las guerras muestran su lado más horroroso. Porque atacan el germen. Los soldados vencedores violaban a las mujeres para introducirles su semilla y que saliera la raza de ellos. Es un tipo de manejos que se han venido dando en el hombre desde aquella época y que se siguen dando actualmente. Todavía hoy es el cuerpo de una mujer el que se usa como trofeo o como símbolo de querer machacar algo. Eso se da desde hace muchísimos años. Y se sigue dando hoy. Y hay miles de millones de voces de mujeres que se alzan actualmente para hablar de todo esto.

Aquella guerra siempre se dijo que se desata por Helena, “la mujer más bella del mundo”. En la función hay un diálogo muy duro entre Helena y Hécuba. Aunque a Helena ya la había redimido antes Miguel del Arco en ‘Juicio a una zorra’, ¿no?
Ya, claro, sí, la verdad es que sí. Ese diálogo entre Helena y Hécuba que usted apunta constituye para mí uno de los momentos centrales de la pieza. Y tiene algo, sí, de ese lado que introduce Miguel del Arco en ‘Juicio a una zorra’, tiene algo de esa lectura sobre Helena, donde yo siento que a Helena la ponen en el lugar de lo que fueron las armas de destrucción masiva en la guerra de Irak. Es decir, la excusa para invadir un lugar, arrasarlo, y después quedarse con la plata, el oro, y con las ricas minas. Helena fue la excusa que el Ejército griego necesitaba para invadir Troya y quedarse con todo.

¿Lo esencial en el teatro es la palabra y el actor, como se ha escrito?
Sí, y también el teatro es silencio, y es escuchar, y compartir. Yo siento que lo que hace única la experiencia en el teatro es que nosotros, ahí, podemos ver al mismo tiempo dos actitudes encontradas, o un conflicto, y podemos entender a las dos partes a la vez, cosa que en la vida no nos pasa porque vamos demasiado deprisa y enseguida tomamos partido por uno u otro. La vida no te permite la capacidad de análisis y de poder ver en un mismo momento y de entender a dos partes en conflicto. Pero eso sí sucede en el teatro. Y por eso yo creo que el teatro es una experiencia trascendente humanista, porque nos hace mejores personas, más abiertos, más receptivos, con mayor capacidad de ponernos en el lugar del otro. Y si me dejo ir un poco más allá digo que está muy bien que se estudie teatro en las escuelas. Porque yo percibo que el teatro es una herramienta que te permite ponerte en la piel del otro. Y si todos nos pusiéramos más en la piel del otro, estoy convencido de que podríamos vivir en el mundo de una manera mucho más armónica.

Una frase suya: “El cine es un arma de transmisión cultural poderosísima. Esto lo saben en países como Francia o Estados Unidos, donde lo “megaapoyan”.
Yo creo que habría que reivindicar profundamente en España todo lo que tiene que ver con la política cultural. Siento que es como una lucha eterna. Igual todos los sectores están pidiendo algo. Pero en este caso considero que se trata de un bien cultural importante, y veo que no se le da el lugar que corresponde a la cultura en un país. Entonces yo siento que a la cultura se le puede apoyar más. Y en el caso del cine, no sé, de repente hace poco veía por televisión ‘Ocho apellidos catalanes’… Me hizo mucha gracia ver esa película después de todo lo que ha pasado. Los americanos imprimen su cultura a saco a través del cine. Y ellos lo tienen clarísimo. Creo que el cine es un arma muy poderosa que tenemos ahí y que no la cuidamos. Más cine y menos cañones. Creo que es el arma más fuerte que hay si la sabemos usar. Usemos esa arma, usemos el cine, usemos la cultura. No usemos balas ni cañones.

Hablaba de ‘Ocho apellidos catalanes’. ¿Qué piensa de la situación existente en Cataluña?

Pues no lo sé, no lo sé (Silencio) Me quedo supercallado… Porque estoy demasiado metido como para poder salirme. Yo lo vivo con preocupación… No sé qué decir…Me cuesta expresarme en este terreno… No sé qué decirle.