Tiempos de Hoy Tiempos de hoy

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Nº 1224. 1  de diciembre de 2017

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Tiempos de Hoy / Verónica Gayá

La pregunta que a diario recibe Google se multiplica en fechas navideñas

¿Cómo ser feliz?

Desde el año 2004 los españoles le preguntamos a diario a Google “¿Cómo ser feliz?”. Esta búsqueda es, según los datos del propio buscador, una de las más frecuentes,  especialmente, en esta época, cerca de las Navidades y del final de año.


El estudio de Harvard sobre la felicidad se ha realizado durante 75 años. Su conclusión es clara: las buenas relaciones nos hacen más felices y más saludables.

Una sociedad que tiene cubiertas sus necesidades básicas, la más acomodada de la historia, intuye que la felicidad está al alcance de sus manos, pero no logra alcanzarla. Le faltan herramientas, recapacitar, corregir hábitos y acallar algunos sentimientos.

En torno a ella se va desarrollando una incansable ciencia que busca sus claves y un negocio imparable con las fórmulas mágicas. Gobiernos, empresas, psicólogos, filósofos y médicos trabajan a diario en medirla, estudiarla y provocarla. Todos quieren ser felices, y que los demás lo sean.

El estudio más largo conocido sobre la felicidad se ha realizado en la Universidad de Harvard. Sus conclusiones se hicieron públicas el pasado año. Durante 75 años acompañó a más de 700 hombres, algunos miembros  de la universidad y otros elegidos entre los vecinos de los barrios pobres de Boston, familias que vivían hacinadas, en muchos casos sin luz ni agua corriente. Durante este tiempo varias generaciones de investigadores los han encuestado, entrevistado, han conocido a sus familias, han tenido acceso a sus datos médicos…, con un objetivo: saber qué produce la felicidad. Robert Waldinger, el cuarto director del estudio, concluye con una simple frase: “Las buenas relaciones nos hacen más felices y más saludables. Punto.”

Por supuesto, son muchos más los aprendizajes y las conclusiones de este largo estudio, pero está claro que a partir de él se confirma algo que ya se intuía, que estar conectado, no sólo socialmente, sino además con nuestro cuerpo y nuestra mente es el estado ideal para comenzar un verdadero y longevo camino a la felicidad, un estado que además ayuda a nuestro cuerpo a encontrarse mejor.

“Hemos aprendido tres cosas sobre las relaciones sociales: la primera es que las relaciones sociales nos hacen bien, y que la soledad mata; la segunda es que no tiene que ver con la cantidad de amigos que tengamos, ni siquiera si estamos con una pareja, lo que importa es la calidad de las relaciones: una relación de buena calidad es una relación en la que te sientes seguro, en la que puedes ser tú mismo. Claro que ninguna relación es ideal, pero esas son cualidades que hacen que la gente florezca; la tercera lección que aprendimos es que las buenas relaciones no sólo protegen nuestro cuerpo, sino también nuestro cerebro”, cuenta Waldinger en su charla TED que ya acumula casi ocho millones de visitas.

La depresión es una plaga. 300 millones de personas en el mundo viven afectadas. La ONU lleva años midiendo la felicidad y en su último estudio reafirma que, en contra de la creencia popular, el dinero no da la  felicidad, y no necesariamente los países más ricos son los más felices. Según Tim Jackson, economista, en los países en los que el salario medio supera los 15.000 dólares, las relación entre mayor nivel de ingresos y felicidad es inexistente. Es decir, una vez cubiertas las necesidades básicas, la felicidad no es cuestión de cuenta bancaria. De hecho, Latinoamérica, a pesar de su bajo nivel económico, tiene buenos niveles de felicidad, y sin embargo Estados Unidos, donde el IPC se ha triplicado desde los años 50 apenas ha hecho que se moderen los índices de felicidad, que  no son muy altos.

Eso sí, son países ricos: Noruega, Dinamarca, Islandia y Suiza, los que encabezan esta lista, que si bien es muy válida para muchos, para otros es poco fiable por los parámetros que tiene para hacerla. Se mide el PIB, el apoyo social, la esperanza de vida (cuánto dinero se da a las ONGs), la percepción de la corrupción,  actitud en positivo (cuánto se ríe la gente) y efecto negativo (cuánta tristeza y cuánto enfado perciben). España ocupa el puesto 34.

El estudio de la felicidad y sus fórmulas para conseguirla son sin duda los bestsellers del momento. En España el 10 por ciento de los libros de no ficción que se venden son de autoayuda. La gente quiere ser feliz.

Matthieu Ricard fue hace unos años considerado el hombre más feliz del mundo. Su cerebro fue conectado a una serie de sensores que medían la actividad cerebral y mostró una actividad inusual en su corteza prefrontal izquierda, asociada a las emociones positivas. Es un monje budista que un día fue biólogo molecular y que poco después de acabar su exitosa tesis doctoral abandonó la carrera y puso rumbo a las montañas del Tíbet.  Ricard ha traído a escena una felicidad no jovial, no explosiva, sin derroches. Él ha encontrado la felicidad en la calma, la meditación, en la observación, el altruismo y la generosidad, y le ha explicado al mundo la importancia de poner el foco en la fuerza de la mente.

La idea de meditar y de compartir, de preocuparse por el otro y no sólo encerrarnos en el “yo-yo-yo” está calando en una sociedad estresada, preocupada y necesitada de herramientas para frenar, para conectarse con el presente y encontrar otro punto de vista.

Meditar, tomar conciencia de uno mismo, se ha convertido en base indispensable para muchos de los que buscan la felicidad. El propio Robert Wallinger lo considera una de las claves para encontrar la calma. Ya sea meditación, practicando yoga o tocando el piano, este psiquiatra anima a la gente a buscar sus formas de relajación, de conexión con su interior.

Pero hay algo más. La genética no se queda fuera en este juego de la felicidad. Diversos estudios concluyen que de la misma manera que hay una genética predispuesta a la depresión, la hay para la felicidad. La felicidad se alberga con gusto en aquellos con una variante genética responsable del aumento de la sensación de placer y descenso de la de dolor.

Muchos psicólogos y científicos coinciden en la siguiente teoría: el 50 por ciento de nuestra felicidad depende de nuestra genética, el 10 por ciento de nuestras circunstancias, y el 40 por ciento de nuestra actitud. Así pues, nuestro camino a la felicidad puede tener mejores y peores caminos de partida, pero de nosotros, de nuestras decisiones, de nuestra forma de estar, de tratar y de conectarnos con nosotros mismos depende en gran parte el mayor de nuestros éxitos: la felicidad.

 

Al Día


La meditación, el contacto más estrecho con nuestro yo, es una buena ruta hacia la felicidad. / EUROPA PRESS

Las claves

La teoría está muy bien, pero para nuestro día a día necesitamos claves más concretas que no nos despisten. Toma buena nota de algunas prácticas muy enriquecedoras para alcanzar mejores niveles de felicidad.

Mindfulness. Es una de las opciones que mejores resultados está cosechando. Una versión occidentalizada de la meditación que pretende que nos paremos y nos escuchemos. Tomar conciencia de nosotros, del aquí y ahora. Probablemente el mejor punto de partida para cualquier camino. El yoga, la meditación… Cualquier actividad que te haga frenar y tomar conciencia es también buena idea.

Da las gracias.  Cada día se nos pasan por alto la enorme mayoría de cosas que nos pasan a nuestro favor: nos levantamos en una casa confortable, desayunamos lo que queremos, trabajamos, tenemos familia, amigos… y sin embargo un grifo roto nos puede amargar el día. Debemos dar las gracias, recordar todo lo bueno que tenemos alrededor. Tener tan presentes las cosas negativas, nuestros miedos y preocupaciones es natural, pero es un instinto que ya no nos hace tanta falta.

Ayuda. Numerosos estudios han demostrado que la gente que ayuda a otros, voluntarios, cuidadores, activistas del medio ambiente..., se sienten mejor consigo mismos, son más felices. No se puede dar la espalda al mundo para ser feliz.

Muévete. Haz un ejercicio moderado y a diario, aunque sea andar a paso rápido media hora. Tu cerebro segrega endocrinas relacionadas con el placer.
Emprende y aprende: no dejes para mañana esas clases de guitarra que desde siempre has querido hacer, las de tango, cómprate la máquina de coser o entrénate para una carrera.