La Quincena Judicial / José Mariano Benítez de Lugo Tiempos de hoy

-

 
   

Nº 1224. 1  de diciembre de 2017

- - --





La Quincena Judicial / José Mariano Benítez de Lugo

Corrupción, divino tesoro


F. MORENO

El corruptómetro  internacional sitúa a nuestro país en un lugar tristemente ubicado entre los peores del Tercer Mundo, muy alejado del que deberíamos ocupar

Efectivamente, merced a la corrupción se obtienen divinos tesoros, espurias fuentes de ingresos o financiación de actividades o trabajos, que sin ella no se obtendrían. Y de ello precisamente se está tratando esta semana en unas interesantes jornadas organizadas por la Asociación Corruptil, de lucha contra la corrupción, que se están celebrando en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, con participación de diversos periodistas y juristas, entre los que me honro estar.

Se trata de debatir y poner el dedo en la llaga a quien corresponde (a los que luego mencionaré), primero sobre la gravedad del problema de la corrupción en España, efectuando el correspondiente diagnóstico, y después, ofrecerles vías de atacar ese endémico mal, habida cuenta de que el corruptómetro  internacional sitúa a nuestro país en un lugar tristemente ubicado entre los peores del Tercer Mundo, muy alejado del que deberíamos ocupar; y también debe recordarse que en lo que se refiere a los índices de percepción y preocupación ciudadana, nos encontramos con que la corrupción ocupa un  lugar tristemente privilegiado en el top de ellas.

¿Y qué remedios puede haber para enmendar o al menos aminorar tal situación? Partiendo de la base de la fragilidad moral de nuestra sociedad, hecho constatado y dolorosamente asumido por ella, existen dos agentes que son los que habitualmente tienen la responsabilidad de hacer caso al clamor popular y atacar dicho endémico mal de la corrupción: los legisladores y los jueces. Los legisladores, en primer lugar, porque bien puede decirse que la promulgación de leyes para atacar y sancionar la corrupción van como la canción de moda del pasado verano: “despacito”. Si las leyes deben acomodarse a la realidad social en que vivimos, como es de sobra normado, conocido y aceptado, nuestros padres de la patria van avanzando poquito a poquito en la detección y sanción de las conductas corruptas, mediante normas que (reconocemos que es un objetivo difícil) no llegan a contemplar todas las situaciones que la ingeniería corruptiva abarca.

Y respecto de los aplicadores de la Ley, los jueces, aun compartiendo lo arduo de la investigación de las conductas corruptas, no resulta infrecuente que en casos en que las leyes y el clamor popular (ambos) demandan actuaciones enérgicas por su parte, no las producen por muy diversas causas, bien de índole subjetivo, bien por causas objetivas.

En todo caso, hay que recordar lo que dejó dicho el gran Martin Luther King: “No me preocupa el grito de los corruptos, sino el silencio de los honestos”. Tomemos nota y actuemos.

Firma

Es miembro del Colegio de Abogados de Madrid desde 1963 y Medalla de Honor de dicha institución concedida en 2016. Está en posesión de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort por méritos a la Justicia y es presidente honorario de la Asociación de Abogados Demócratas por Europa y patrono de la Fundación Justicia y Paz.

-