Tribuna / Carles Campuzano Tiempos de hoy

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Nº 1224. 1  de diciembre de 2017

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Tribuna / Carles Campuzano

Con Europa


La crisis de los refugiados ha puesto de manifiesto la debilidad de las instituciones europeas para promover una verdadera política común de asilo e inmigración y el debilitamiento de los valores éticos de los Gobiernos ante el drama de la muerte de miles de personas frente a nuestras costas

El proyecto europeísta necesita un relanzamiento si quiere garantizar con éxito  la prosperidad y  el progreso de las próximas generaciones de europeos. Como apunta el ex premier italiano Enrico Letta, el proyecto europeo debe hacer frente a cuatro crisis: la del euro, la de los refugiados, la del terrorismo internacional y la del Breixt. Visto desde Catalunya, además, es evidente que necesitamos también una Europa más audaz y comprometida en la solución de los conflictos internos de los Estados, como el que vive la sociedad catalana con las instituciones de España. Son muchos los catalanes los que esperábamos más y mejor  de los líderes europeos en las graves jornadas que hemos vivido durante este otoño, y al mismo tiempo somos sumamente conscientes de la trascendencia y la importancia del discurso del presidente Tusk, cuando apeló a la imperiosa necesidad de resolver el conflicto sin recurrir en ningun caso a la violencia, después de las brutales imágenes de las cargas policiales durante las primeras hora del 1 de octubre que recorrieron todo el Viejo Continente. Toda una advertencia de los límites de la acción represiva del Estado.

La respuesta europea a estas crisis está directamente vinculada a una idea muy simple, pero tremendamente útil y necesaria en política, que es la de la utilidad. Si el euro fue un instrumento decisivo para avanzar y profundizar de manera poderosa en el proyecto del mercado único que debía permitir un mayor crecimiento y prosperidad, el euro sin una mayor integración de la política económica de los Estados miembros que tenga en cuenta las distintas realidades económicas y los desequilibrios existentes, tal y como se demostró durante los años  de la crisis, se convierte en un corsé que limita y empobrece a una parte de la sociedades europeas. Propuestas como la creación de un FMI europeo para evitar crisis como la griega, un seguro de desempleo de escala comunitaria como instrumento de protección social anticíclico, una armonización del impuesto de sociedades para evitar el dumping entre los Estados miembros  o un incremento del presupuesto de la Unión para articular políticas más sólidas en infraestructuras y en I+D+i, claves en términos de prosperidad, junto con la integración del sistema financiero, aparecen como retos y necesidades ineludibles en los próximos tiempos. Más que retroceder respecto del euro, debe completarse la Unión Económica, que quedó pendiente durante los primeros años 2000, para volver a demostrar a los ciudadanos europeos la utilidad de la integración europea en términos económicos.

Del mismo modo que el reto del terrorismo internacional exige mayor integración en materia de seguridad, especialmente en todo aquello que tiene que ver con la inteligencia necesaria en la prevención de los atentados terroristas; la demanda de la creación de un FBI europeo está allí. De hecho, hoy los Estados europeos son celosos cuando se trata de compartir información sensible y delicada en materia de lucha contra el terrorismo y eso es un problema cuando la tragedia  del terrorismo no conoce fronteras.  Lo vivimos en Catalunya en relación  al líder de la célula terrorista que atacó en Barcelona y Cambrils el pasado mes de agosto.  El personaje en cuestión fue confidente del CNI, con antecedentes peligrosos, que viajó y vivió en Bélgica una temporada… Más integración policial para garantizar mejor seguridad es imprescindible. Con ello, la Unión volvería a mostrar su utilidad.

O en relación a la crisis de los refugiados, que ha puesto de manifiesto tanto la debilidad de las instituciones europeas para promover una verdadera política común en materia de asilo e inmigración como el debilitamiento de los valores éticos de los Gobiernos europeos ante el drama de la muerte de miles de personas frente a nuestras costas. Se necesita esa política común para gestionar de manera eficaz y justa los flujos migratorios que se van a incrementar en los próximos tiempos, que además son una magnífica oportunidad para una Europa que debe de afrontar el envejecimiento de sus países. Ahí también se necesita la utilidad que los europeos hoy no perciben.

Hoy debemos ser críticos y propositivos con el proyecto europeo para alcanzar una mejor Unión Europae. Y es que, sin más Europa, el futuro de las próximas generaciones en paz, libertad, democracia, progreso, prosperidad e igualdad está en riesgo.

 

 

Firma

Actual portavoz del PDeCAT en el Congreso de los Diputados. Licenciado en Derecho, trabajó entre 1986 y 1992 en el Departament de la Presidencia de la Generalitat de Catalunya. Ha sido secretario general (1989-1994) y presidente (1994-1996) de la Joventut Nacionalista de Catalunya, concejal del Ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú (1987-1991), diputado en el Parlament de Catalunya (1992-1995) y diputado en el Congreso desde 1996, además de miembro del Consell Nacional de Convergència Democrática de Catalunya hasta que se refundó en el Partit Demòcrata Europeu Català (PdeCat).

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