Tribuna / Julio Rodríguez Tiempos de hoy

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Nº 1224. 1  de diciembre de 2017

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Tribuna / Julio Rodríguez Fernández

Las noticias falsas (antes llamadas bulos)


Puede que hasta esté bien que tengamos en consideración lo que dicen las noticias falsas, pero es importante que sepamos y que tengamos muy presente quién las piensa, quién las dice o quiénes son los que cantan entusiasmados sus excelencias o maldades

Dicen los científicos que se acercan malos tiempos ya que, en menos de cinco años, la mitad de las noticias que circulen por las redes serán falsas. Y lo peor, vuelven a insistir en lo de los malos tiempos, es que no habrá medios técnicos para detectarlas.

El problema se plantea como “nuevo”, sobre todo por el efecto multiplicador que produce su difusión a través de las redes sociales (y por el protagonismo de los afectados –Donald Trump, Brexit, Cataluña, ministra Cospedal…, los rusos–), pero no lo es tanto.

Si acudimos a los viejos “tratados de bulos”, encontraremos comportamientos similares. Y estos “tratados” nos recomiendan para su análisis, paciencia y sentido común. Porque, en muchos casos, podremos comprobar cómo el paso de las horas/días hace a estas noticias/bulos tan ridículas que hasta parece inimaginable que en algún momento hayan podido tener visos de realidad y/o credibilidad. Todos tenemos en mente algún ejemplo ilustrativo de los problemas que ciertas noticias/bulos mal intencionados han originado. Y es que lo malo de esta "pseudo-información" no es lo que le cuentan a uno o el modo en que se lo cuentan, sino la asombrosa capacidad que ha desarrollado la gente para creerse cualquier cosa.

Los grandes gurús de la política y la información nos hablan, ahora, de sus males, pero también es cierto que todos suelen prestar mucha atención para enterarse de los últimos, y hasta son capaces de extraer, de todos ellos, el máximo posible de lo que puedan tener de información útil.

Y bulos (como noticias falsas) los hay de todos los tipos.

Unos, que llamaremos "técnicos", son esa especie de "globos-sonda" que son lanzados desde los altos niveles para conocer estados de opinión o los posibles efectos de alguna medida conflictiva en proyecto. Si no se abusa, podríamos llegar a encontrar alguna justificación, para sus “lanzadores”, en virtud de su "utilidad práctica".

Otros, no tienen un origen tan claro, y suelen ser (pensando bien) frases sacadas de su contexto que con las deformaciones añadidas que la transmisión de información "boca a boca" produce, llegan a originar confusionismos tales como aquel que hablaba de la película Al Este del Edén, y luego fue acusado de malhablado por decir "a éste que le den".

Existen también bulos que sólo pretenden crear equívocos y hay, sin querer cerrar la lista, otros muchos que basan su credibilidad en la solvencia de la fuente de origen. Y para ello nada mejor que originarlos uno mismo. Son los que buscan la auto-promoción personal y lanzan la propia candidatura a un puesto o a la obtención de alguna prebenda. "Oye, quién va diciendo por ahí que me van a nombrar...". Esto, dicho a las personas adecuadas y en los lugares idóneos, produce efectos piramidales insospechados.

La única pega es que a veces se vuelven contra el originador porque tienen el riesgo que los expertos en publicidad asocian con la tendencia a agrandar la calidad del producto hasta tal volumen que, al final, éste resulta increíble. Se cantan tanto las alabanzas de las galletas María que al final hasta el fabricante se avergüenza de la publicidad. “¡Pero si sólo son galletas!”.

Así contado, ¿qué tienen de malo los bulos/noticias falsas? Pues... Depende. Puede que hasta esté bien que tengamos en consideración lo que dicen, pero es importante que sepamos y que tengamos muy presente quién las piensa, quién las dice o quiénes son los que cantan entusiasmados sus excelencias o maldades.

Porque como reza uno de los axiomas más indiscutibles de la lingüística moderna, el significado de los mensajes se halla subordinado a la naturaleza del emisor. Es decir, lo primero y principal es fijarse en el mensajero y luego en lo que emite.

Así sabremos a qué atenernos.

 

Firma

Julio Rodríguez nació en Orense en 1948, pero es de muchos sitios. Hijo de militar, siguió los pasos de su padre hasta llegar a General del Aire y JEMAD. Demócrata de corazón, participó en asociaciones militares pro democracia en los años setenta. Fue candidato al Congreso de los Diputados en 2015 y 2016 con Podemos, y está al frente del Área de Paz y Seguridad de su Consejo Ciudadano.

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